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martes, 4 octubre, 2022

Síndrome de Ulises, un diagnóstico que podría afectar a la inmigración venezolana

Estrés postraumático, depresión y ansiedad, tres trastornos que van ligados a este síndrome que afecta a quienes viven una migración forzada

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Caracas.- Durante la primera década de este siglo, España atravesó una de las mayores crisis migratorias en su historia, en su mayoría, personas que llegaron al territorio español a través de fronteras terrestres entre Marruecos y las ciudades de Ceuta y Melilla. Un gran porcentaje de esos ciudadanos, que para 2021 era el 11,5 % de la población española, experimentó cambios psíquicos conocidos como el “Síndrome de Ulises”.

Joseba Achotegui, director del Servicio de Atención Psicopatológica y Psicosocial a Inmigrantes Refugiados, fue el encargado de estudiar el fenómeno que se caracteriza “porque la persona padece unos determinados estresores o duelos y, por otro lado, porque aparece un amplio conjunto de síntomas psíquicos y somáticos que se enmarcan en el área de la salud mental”.

En la actualidad, este síndrome podría estar afectando a un gran porcentaje de los migrantes venezolanos. Meury José Rivero, licenciada en psicología clínica con una década trabajando la inteligencia migratoria y duelo migratorio, explicó a El Pitazo que el Síndrome de Ulises no es un trastorno contemplado dentro del manual DSM-5 de los trastornos mentales, pero sí un fenómeno acompañado de estrés postraumático, ansiedad y depresión, tres diagnósticos que sí están contemplados dentro del Manual de Psiquiatría y que suponen un “fenómeno complejo”.

El Síndrome de Ulises no afecta a cualquier migrante, sino a un grupo muy particular: aquellas personas que tienen una migración forzada, es decir, quienes se sienten desterrados o “que no tienen un lugar al cual volver”, explicó Rivero. Es importante tomar en cuenta que todas las vivencias traumáticas propias de travesías como la selva del Darién, el paso por el río Bravo o la ruta de San Andrés, en Colombia, pueden ser detonantes.

“Por un lado, hay un gran temor al fracaso. Indicadores de estrés postraumático por todo lo que vive la persona al trasladarse del país de origen al de llegada o destino. Más la ansiedad por un tema del plan migratorio o el propósito de la migración, angustia por la supervivencia o no tener los recursos para vivir en el país destino. Por otro lado, también hay indicadores que corresponden a cuadros depresivos, episodios de llanto (conocido como incontinencia afectiva). Muchas veces entran en procesos de aislamiento o depresión funcional (del trabajo a la casa y de la casa al trabajo) la persona se siente como una máquina de producir recursos para garantizar su supervivencia, pero, además, tienen que enviar dinero a las personas que dejaron en el país de origen”, detalló Rivero.

Este síndrome debe ser tratado por un profesional de la salud mental, y en caso de que exista estrés crónico o depresión moderada a severa, se requiere de la participación de un psiquiatra, pues haría falta medicación para tratar los síntomas.

“Las personas que han sido acogidas por un país receptor no quieren acudir a los servicios de salud mental para evitar que quede registrado y no sentirse una carga para el país receptor. Es muy difícil que una persona con este cuadro busque ayuda. Tiene miedo a que se registre como persona con afecciones de salud mental. Por esa razón, hay grupos de apoyo para migrantes y personas con ansiedad”, indicó Meury Rivero, quien además es creadora de un grupo de apoyo para los afectados por migraciones.

Cuándo estar alerta

Aparecen síntomas relacionados con estrés, ansiedad o depresión, posterior a la vivencia del proceso migratorio forzado o cuando la persona haya colapsado y sentido que la única sensación era irse. Las afecciones son:

  • Dolores de cabeza
  • Anhedonia o incapacidad para experimentar placer, la pérdida de interés o satisfacción en casi todas las actividades
  • Incontinencia afectiva (llantos frecuentes)
  • Ideas de fracaso
  • Pensamientos de que la vida no vale la pena
  • Ataques de pánico
  • Ideas de hacerse daño a sí mismo
  • Cambios en los hábitos alimentarios, de aseo y sueño “sobre todo el sueño, que es indicador de cómo está la calidad de vida”

“Es como un círculo vicioso”, explica la especialista Meury Rivero. “Aunque parte de lo que detona es la ansiedad al no lograr los objetivos con la migración, los síntomas de estrés no permiten que avance porque incapacita a la persona. Se vuelve menos funcional en el trabajo. Empieza a darse la visión de túnel o sentir que no tiene salida y por eso se ve alterado el desenvolvimiento en el país receptor”.

Aunque lo ideal es recibir atención por un médico especialista de la salud mental, una persona, sin tener conocimiento científico, podría ayudar a que alguien con Síndrome de Ulises pudiera sentirse mejor y la palabra clave es: empatía. “La migración es un cambio de 180 grados y dejar a un lado parte de nuestra identidad”.

Una llamada a tiempo, un buen mensaje o mantener la conexión emocional resulta de vital importante para algún inmigrante. “Más afecta la distancia emocional que la física. Los seres humanos necesitamos la conexión con el otro, sonrisas, abrazos y recreación, que contribuye con nuestra salud mental”, dice Rivero.

Diferencias entre el duelo migratorio y el Síndrome de Ulises

El duelo migratorio es toda la experiencia emocional que vive la persona tras la migración. A veces hay pérdida de lenguaje o estrés y deben ser atendidos, pero son procesos que se esperan en un cambio como este.

El Síndrome de Ulises tiene indicadores de tres cuadros psiquiátricos. Existe una herida de añoranza permanente mucho más fuerte, e incluso, melancólica. El migrante tiene la sensación de destierro o “no tener esa raíz a la cual volver, al menos emocionalmente hablando”.

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