Pareja venezolana dirige su propia producción avícola en Chile

Kimberly Freites y Danilo Lizardo, un matrimonio de venezolanos, vivió una odisea para construir su propia casa y un galpón que los llevaría a fundar Venhuevo (@produavic), su propio negocio de producción avícola

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Kimberly Freites y Danilo Lizardo en el galpon que construyeron. Foto Crónicas de Chile

Crónicas de Chile

Santiago de Chile.– ¡Esta es una historia realmente increíble! Kimberly Freites tiene 33 años. Es de Valencia. Estudió Contaduría Pública y de la mano de su progenitor en Venezuela se desempeñó en el campo de la Ingeniería Civil y, además, capitaneó, junto con su esposo Danilo Lizardo, una empresa de mantenimiento de silos en La Lucha, Pepsico y Nestlé. Su esposo Danilo tenía, además, una cauchera con código Good Year.

El escenario de ambos se complicó por los impagos de Pdvsa a una importante obra proyectada por el papá de Kimberly en el río Orinoco y por el efecto de la devaluación. Para colmo, la hija de ambos, de siete años, tenía una condición clínica compleja y sufrían para acceder a sus medicamentos.

“Mi nena se encontró entre la vida y la muerte y pensando en su salud decidimos emigrar a Chile. Llegamos el 3 de marzo de 2018 con algo de dinero ahorrado. Nuestra principal idea era abrir un pequeño restaurante de comida rápida, pero se nos complicó por temas de patente”, recuerda.

Fueron tiempos complejos. Douglas Freites, padre de Kimberly, había programado viajar a Santiago de visita desde México y, al llegar, a Danilo se le ocurrió la idea de proponerle que se asociaran para comprar gallinas ponedoras, un mercado que desconocían. Sin embargo, le interesó la propuesta.

“Yo con la ayuda de muchas amistades logré abrir la SpA y mi esposo y mi padre se encargaron de buscar el espacio que necesitaríamos. Duramos mucho buscándolo hasta que por fin dimos con uno en Melipilla, algo económico, sin servicios (luz, agua)”, detalla Freites, quien vivía en Santiago Centro. Una vez hecho el negocio de arriendo con el dueño del terreno, en familia decidieron fabricar una casa y a ese proyecto se sumaría el papá de Danilo, del mismo nombre.

Una odisea

Eran tan pocos expertos en la fabricación que tardaron dos meses. Viajaban a diario, de lunes a lunes. Desde las seis de la madrugada hasta las seis de la tarde. “Llegábamos a las 8:00 pm para tratar de descansar lo más posible, porque al siguiente día había que madrugar. Esa fue nuestra rutina por cuatro meses y lo peor era que habíamos comprado las gallinas y nos quedaba un mes para fabricar el galpón”, cuenta.

El galpón lo fabricaron entre Danilo padre y Kimberly, porque el señor Douglas, con más pericia en la construcción, debía regresar a Venezuela, así que buscaron ayudantes. El 20 de agosto de 2018, a las 7:30 pm, día del cumpleaños de su esposo Danilo, ultimaban detalles en el pabellón porque ese día llegaban 2.500 pollitas. “Recuerdo que tuvimos que cantarle el cumpleaños a mi esposo dentro del pabellón donde teníamos las pollitas y, a la vez, estábamos celebrando nuestro logro”, detalla.

Kimberly asegura que vivieron una odisea.

No fue fácil conseguir clientes. “Las gallinas ponen y comen todos los días. Si no lograba vender los huevos de donde sacaríamos el dinero para comprar el alimento y alimentarlas. No hallábamos cómo captar clientes porque es producto que se vende de boca a boca y probando su calidad. Se nos llegaron acumular 600 cajas de huevos y alcanzamos una deuda de 10.000 dólares en alimento”, refiere.

Tuvieron que organizarse y con allegados salir a vender en las esquinas de la comuna, con mesitas y un carrito de mercado para transportar las bandejas para la venta. Luego consiguieron un espacio en una feria. Caminaban largos kilómetros buscando clientes, visitando cada espacio donde podían ofrecer el producto y entregando flyers en las calles.

Así nació Avícola Venhuevo @produavic.

Gracias al apoyo de familiares y amigos, y a ese trabajo sostenido, se fue regando la voz de que el producto era de excelente calidad y empezaron a captar muchos clientes que hoy tienen con ellos más de dos años.

“Hemos crecido mucho. Tenemos ahora dos galpones donde criamos a nuestras propias gallinas. Hacemos nuestro propio alimento y cuidamos a las pollitas nosotros mismos. Le doy gracias primeramente a Dios, a nuestros padres y a esas personas que nos apoyaron y creyeron en nosotros. Hoy ya no existe deuda, el terreno es nuestro, cuenta con todos sus servicios públicos e incluso tenemos un pozo de agua privado y llegamos a tener 8.000 gallinas”, detalla Kimberly.

Kimberly sostiene que en medio de la pandemia les ha tocado nuevamente difícil, pero si tienen que luchar como lo hicieron al principio lo harán, porque recuerdan, día tras día, el por qué se encuentran en Chile: “No perdemos la esperanza de regresar a Venezuela y usar todo este entusiasmo, este optimismo y estas ganas de superación en nuestro país”.

Por @CronicasDeChile 

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