Más de 28.000 venezolanos solicitaron asilo en España en 2020

Casi 45.000 venezolanos la recibieron en 2020 en España, mientras que en el caso de los colombianos fueron 152, según la Oficina de Asilo y Refugio del Ministerio del Interior español

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Venezolanos y colombianos son los principales solicitantes de protección internacional en España. Foto cortesía ABC

Madrid.- Venezolanos y colombianos, con 28.375 y 27.586 peticiones, respectivamente, encabezaron las solicitudes de asilo en España en 2020, seguidos de Honduras (5.536), Perú (5.160) y Nicaragua (3.749), según la Oficina de Asilo y Refugio.

Estas cinco nacionalidades suman casi el 80 por ciento de los solicitantes. España es el destino de más del 90% de venezolanos y colombianos que solicitan protección en Europa.

Elena Múñoz, portavoz de Cear, explica a Efe que muchos solicitantes deberían recibir el estatuto de refugiado o una protección subsidiaria, pero se quedan en la residencia temporal por razones humanitarias.

La Oficina de Asilo y Refugio se esfuerza en resolver la cantidad de expedientes en el plazo establecido de seis meses, evitando que los solicitantes queden en la incertidumbre durante largo tiempo, pero a veces sin un estudio detallado de cada caso, apunta esta abogada.

Esta oficina del Ministerio del Interior destaca por su parte que casi el 41% recibe algún tipo de protección y recalca que se valora en cada expediente todas las circunstancias individuales, sin que “en absoluto” la nacionalidad determine que obtengan un tipo u otro de protección.

El 25,19 por ciento de nicaragüenses, el 11,35 de hondureños, un 10,72 de guatemaltecos y un 8,79 de salvadoreños obtuvieron el estatuto de refugiado en 2020 en España, según esta entidad.

“España me salvó la vida”, confiesa Diana, una colombiana que sueña con ayudar a otros solicitantes de asilo como ella cuando lleguen a Madrid.

Venezolanos y colombianos son los principales solicitantes de protección internacional en España, pero mientras los primeros suelen recibir permiso temporal de residencia por razones humanitarias, quienes llegan de Colombia y otros países de América Latina dependen más de que les den o no otros tipos de protección como el estatuto de refugiado.

El apoyo de la Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR) salvó a Diana Sarmiento tras llegar a España después de temer por su vida en su país a causa de la violencia de género y ahora quiere devolver esa ayuda.

Del miedo a la solidaridad

Diana, de 43 años, llegó sola a Madrid en 2019 huyendo del maltrato de su pareja, frente al que no encontraba protección, pues cuando Policía y Fiscalía reaccionan en su país “es porque están recogiendo el cadáver de la mujer», relata a Efe.

Tenía que cambiar de casa en Bogotá regularmente y la última amenaza fue echarle ácido en el cara. Hasta que en España encontró la tranquilidad que buscaba, con el apoyo de Cear para tramitar su solicitud e incluso acceder al tratamiento médico que necesita, a sus estudios de secretariado y a un techo.

“Muero por estar en Bogotá, pero el miedo de que la persona que fue mi pareja y me lastimó tanto esté merodeando por ahí me aterra», revela, además de que la situación política «está muy mal, no es viable volver a Colombia».

«He estado en ayuda psicológica, a veces tengo pesadillas de que regreso a Colombia y me atacan», estuvo incluso «hospitalizada por ataques ansiedad”, asevera, convencida de que «en Colombia no lo hubiera logrado, estaría muerta hace como un año», por falta del tratamiento médico que recibe en España.

Los venezolanos suelen recibir esa protección humanitaria, que el Alto Comisionado de las Nacional Unidas para los Refugiados (ACNUR) insta a los Estados a dársela ante la situación en su país, pero para otras nacionalidades es más complicado.

Casi 45.000 venezolanos la recibieron en 2020 en España, mientras que en el caso de los colombianos fueron 152, según la Oficina de Asilo y Refugio del Ministerio del Interior español.

El estatuto de refugiado es más factible cuando alguien es perseguido por un Estado, pero no si la persecución es por cuestión de género, paramilitares, narcos o bandas como las maras, aunque en esos casos puede darse una protección subsidiaria o por razones humanitarias.

Diana espera conseguirla pronto, tras haber superado el temor inicial a ser deportada cuando tuvo que ir a un hospital ya con el pasaporte vencido, y quiere trabajar con personas como ella cuando “lleguen aquí perdidas, desorientadas, que sienten ese miedo y ese vacío que llegué a experimentar».

“Sé qué sienten, siento su desorientación, su tristeza, toda esa incertidumbre», y quiere que aprendan “a valorar, a respetar y a agradecer lo que España brinda, porque te están salvando la vida».

Prefiere «no mirar hacia atrás», aunque extraña mucho a sus padres y a su hijo de 23 años.

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