Venezuela ha visto salir de sus fronteras a más de 7 millones de personas desde 2015, según estimaciones de la Plataforma R4V. Estados Unidos, España y Uruguay son algunos de los países que han sido testigos de las risas y lágrimas de tres médicas venezolanas que han ido a parar a sus territorios en busca de mejores oportunidades. La Federación Médica Venezolana registra la migración de más de 42.000 profesionales de la salud desde 2017, algunos de ellos obligados a permanecer alejados de lo que estudiaron y les apasiona

La migración del personal médico afecta en gran medida al sistema de salud en Venezuela, donde se vive una crisis sanitaria por falta de inversión y políticas públicas que garanticen los servicios hospitalarios, de acuerdo con las reiteradas denuncias de profesionales y organizaciones no gubernamentales. 

El país ha perdido a más de 7 millones de personas desde 2015, según estimaciones de la Plataforma R4V. Son venezolanos que deciden irse a países que son testigos de las risas y lágrimas de cada uno de ellos. Es el caso de Ingrid Chacón, de 62 años de edad, especialista en Medicina del Trabajo y Ergonomía, quien forma parte de los profesionales de la salud repartidos por el mundo. Aunque para ella la palabra Venezuela es triste, asegura que es su tierra bella, la que ama tanto. El duro camino de emigrar comenzó para Chacón en 2017, cuando la crisis del país era cada día más dura.

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“Vivimos una experiencia terrible al ver cómo se había transformado un país que era de paz y prosperidad, pese a las circunstancias que teníamos, pero nunca como las que se comenzaron a vivir en ese momento. La crisis de salud era profunda y se incrementaba progresivamente. Teníamos que ver a pacientes morir por falta de insumos y tratamientos”, expresó. 


Vivimos una experiencia terrible al ver cómo se había transformado nuestro país que era de paz y prosperidad

Ingrid Chacón, médico migrante en EE. UU.

En medio de amenazas, persecuciones y hostigamiento por participar en reiteradas manifestaciones sociales de ese año, decidió emprender su rumbo a Estados Unidos de la mano de su hijo con discapacidad. Escogió ese país porque otro de sus hijos se encontraba estudiando allá. Lo convenció de salir de Venezuela para evitar que fuese una víctima más de las protestas, en las que él también participaba.

Fueron muchas las razones que la obligaron a emprender un rumbo que no imaginó, pero una de ellas era el limitado acceso a las medicinas que necesitaba para su hijo menor, quien convulsionaba y requería un tratamiento especial.

Aunque hay pocos datos recientes sobre la migración del personal de salud y su impacto en el funcionamiento hospitalario, la Federación Médica Venezolana (FMV) registra la salida de más de 42.000 de estos profesionales desde 2017. La Encuesta Nacional de Hospitales también ha medido el impacto de esa migración desde el año 2017. 


Trabajo como chofer y es un placer para mí montar a venezolanos en mi carro

Ingrid Chacón, médico migrante en EE. UU.

De médica a chofer

La tierra que recibió a Ingrid Chacón fue Utah, en Estados Unidos, la cual describe como grandiosa y llena de oportunidades para los venezolanos. Aunque se ha podido formar como personal de salud y asistente en áreas de Enfermería y Cirugía, no ejerce como médica y esa es una de las cosas más tristes que ha enfrentado. Actualmente, trabaja como conductora en una organización del Estado. 

En una entrevista con El Pitazo, expresó que el trabajo de chofer es uno de los que más le gusta, especialmente porque debe trasladar a venezolanos. Cuenta que “es un honor montarlos en el vehículo”, orientarlos en su travesía, ayudarlos con información relacionada con el proceso migratorio y ayudas que le otorgan al migrante en ese estado.

Lo más doloroso que le tocó vivir como ser humano fue la muerte de su madre a los 86 años, quien se encontraba en Venezuela junto a su padre. Recuerda con amor a su mamá, pero sigue teniendo una herida en el corazón por no haber podido estar en un momento tan difícil para agradecerle y darle un abrazo de despedida. 

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La madre de Ingrid Chacón no pudo ser trasladada por falta de documentos a Panamá, donde se encontraba su hija menor, ni a Estados Unidos, los destinos a los que tenía deseos de viajar. Otra de sus hijas se encontraba en Italia y tampoco pudo estar cuando falleció hace unos tres años, lo que fue más difícil para todas, según explicó la médica migrante.

Atada de manos por no poder atender a pacientes

Mientras trabajaba en un hospital de Utah, tuvo que vivir uno de los momentos más fuertes en su carrera: no poder examinar ni tocar a los pacientes, pese a querer ayudar. Aseguró que era asistente de Enfermería y en un país como Estados Unidos, donde el sistema de salud es hermético, no se les permite tener contacto con las personas que asisten a consulta.

“El primer día que vi un estetoscopio en ese hospital me encerré en el baño a llorar porque tenía mucho tiempo sin verlo. Es fuerte para uno no poder ejercer la Medicina o involucrarse en la ayuda de la sanación de un paciente”, relató Chacón. 

Aunque la especialista en Medicina del Trabajo no tiene planes en este momento de retornar a Venezuela porque ya tiene a su familia establecida en esa sociedad, desea que su país salga adelante. Consideró que las esperanzas son pocas cuando un Estado y especialmente el sistema de salud no están en manos de profesionales y gente responsable. 


Con el tiempo reflexionas y piensas que saliste de un país en caos, pero quedas con el corazón y la mente allá e igual sientes mucha soledad

Médico inmigrante en España

Una inmigrante acompañada por la soledad

La soledad es dura y triste para otra médica especialista en Salud pública, quien pidió resguardar su identidad. Emigró hace cuatro años junto a su esposo, primero a Ecuador y luego a España, gracias a una oportunidad de trabajo que le ofrecieron a su compañero de vida. Salió de su tierra con emociones encontradas y sin la idea de ejercer la Medicina en otro país, porque era consciente de lo engorroso que es realizar un trámite para ejercer su profesión.

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A pesar de tener a sus hijas fuera del país estudiando y con pocos familiares en Venezuela, emigrar no estaba en sus planes, pero las oportunidades de empleo y progreso llegaron a su hogar y se vio en la necesidad de hacerlo.

Homologar sus documentos como profesional era sencillo en Ecuador; sin embargo, sabía que no estaría por mucho tiempo en esa tierra y decidió no hacerlo. Finalmente, se mudó a España y comenzó el proceso de homologación: espera respuesta desde hace dos años y medio. 

“Este proceso es intenso porque hay muchos médicos de Latinoamérica homologando y que buscan formar parte de los profesionales que atiendan a la población. Es un sistema que está congestionado y debemos esperar”, comentó en una entrevista vía telefónica con El Pitazo


Espero que Venezuela salga de la pesadilla en la que se encuentra para que se pueda reconstruir el país y muchos podamos retornar

Médico inmigrante en España

Explicó que si un inmigrante no tiene los recursos para costear su estadía mientras comienza a ejercer como profesional, debe desempeñarse en distintos trabajos. Luego de tener una rutina de constante trabajo como médica, la afectó estar en un país sin realizar ninguna actividad. Aunque su esposo contaba con un empleo y se podían sustentar, en principio ella se sentía en el limbo. 

“Una de las cosas que más me pegó en sus inicios fue perder el quehacer. Con el tiempo reflexionas y piensas que saliste de un país en caos, pero quedas con el corazón y la mente allá e igual sientes mucha soledad”, relató la especialista en Salud pública, quien tiene varios familiares en España, pero en distintas ciudades. 

Aunque Madrid la recibió con los brazos abiertos y casi con “un abrazo y copa de vino”, espera que Venezuela “salga de la pesadilla en la que se encuentra” para que se pueda reconstruir el país y muchos como ella puedan retornar.


No pierdo las esperanzas de regresar y ver una tierra libre y llena de oportunidades, que haya superado la crisis

Bibiana Balestrini, médico inmigrante en Uruguay

Emigrar sin contemplación 

Bibiana Balestrini, médica ecografista y especialista en Gerencia municipal, tomó la decisión, sin contemplación, de emigrar a Uruguay en 2019 junto a su esposo e hijo menor. Escogió ese país porque “el mejor destino es donde tienes a quien te reciba” y, justamente, esa era la nación donde tenía a más familiares.

Desde que sus dos hijos mayores eran menores de edad, hizo los esfuerzos posibles para que conocieran otros países y culturas distintas a la de Venezuela. Lo logró, pero no tuvo la misma suerte con su hijo, que tenía ocho años en 2019, por lo que decidió salir de su tierra y buscar un lugar en el que tuviese más estabilidad.

Indicó que Uruguay recibe a los venezolanos de buena manera, especialmente por ser profesionales y capacitados. Sin embargo, no ejerce por dificultades para tramitar sus documentos venezolanos debido a bloqueos en el sistema de apostilla. 


El mejor destino es donde tienes a quien te reciba

Bibiana Balestrini, médico inmigrante en Uruguay

Con mucha nostalgia extraña la manera del venezolano cuidar a sus enfermos y adultos mayores, a diferencia del país en el que se encuentra, donde “nadie quiere hacerse cargo de personas mayores o con problemas de salud”. 

El servicio de acompañante de pacientes es el más fácil para trabajar, pues no requiere de muchos documentos para ser contratado. Sin embargo, no es bien remunerado para la dedicación que implica, comentó Balestrini. Sostuvo que es un buen empleo para el médico venezolano recién llegado, debido a que le permite conocer el sistema de salud uruguayo. 

Igual que muchos de los médicos venezolanos que decidieron emigrar, espera que Venezuela supere la crisis, porque no pierde la esperanza de regresar y ver una tierra libre y llena de oportunidades.

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