Joven del caso Río Bravo: me dijo que necesitaba conocer a su nieta

César Padrón, de 24 años, cuenta cómo fue su detención en Estados Unidos tras entrar ilegalmente a ese país por la frontera con México. “Estábamos todos como en una lata de sardina, unos arribas de otro, yo casi no dormía, casi no comía”, contó

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El joven César Padrón relató a la periodista venezolana Carolina Pereira en un live de Instagram su experiencia al cruzar Río Bravo. Foto: Archivo.

La fotografía de un joven alto, moreno, musculoso cargando a una anciana en el Río Bravo para que llegara a Estados Unidos por la frontera con México le dio la vuelta al mundo el 27 de mayo. Los protagonistas fueron los zulianos César Padrón, de 24 años, y la señora Irma, de 72 años.

Padrón, quien recuperó su libertad el 17 de julio luego de pagar un afianza de 10.000 dólares, contó a la periodista venezolana Carolina Pereira en un live de Instagram lo que lo motivó a ayudar a la anciana. “Me dice: ‘Mijo necesito cruzar, necesito conocer a mi nieta, pero no puedo’”.

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¿Qué fue lo que te llevo a cargar a la señora Irma en vez de irte solo?

— Creo que siempre fue Dios. Es algo que no lo pensé. Había muchas personas, la situación era desesperante. Yo veo a la señora casi que desvanecida, con un bastoncito, me le acerco y ella me dice: ‘Mijo necesito cruzar, necesito conocer a mi nieta, pero no puedo’. Le pregunté que si la podía ayudar y me dijo que sí. Lo primero que hice fue que solté los bolsos, y cargarla.

¿Cómo describes esa situación cuando cruzaste el río?

— Desesperante. Yo podía ver en la gente como en mí la expectativa, todos estábamos a la expectativa de que cualquier cosa podía pasar. Ahí nadie sabe con qué te puedes encontrar en el camino. Tú no sabes si va a salir alguien, un animal, el río, la corriente. Nadie sabe lo que puede pasar.

¿Algún momento pensaste que no lo lograrías?

— Cuando tomé la decisión y la cargo -estaba pesadita, la ven así pero estaba pesadita- de verdad que nunca pensé que no lo iba a lograr. Por mi mente solo pasaba: Dios ayúdame, por mi mente no pasaba otro tipo de pensamiento. Estaba súper cansado, no aguantaba los brazos, no aguantaba la espalda. Yo sabía que de alguna u otra forma yo iba a llegar.

¿Cómo es estar detenido en Estados Unidos?

— No es lo que nadie se imagina y no es como algunas personas te lo cuenta, y como algunos saben, para todos es diferente. Algunos caen con la buena suerte de caer en un buen lugar, de que a lo mejor lo suelten rápido, de que se puedan tardar el tiempo que yo me tardé. Pero, eso no es un lobby, no es una sala de espera. Es algo que no se lo deseo a nadie, pero tampoco le digo que no lo hagan o que sí lo hagan, cada quien tiene un mundo en la cabeza y cada quien toma su decisión, pero es difícil.

¿Cuántos venezolanos conociste? ¿Cómo dormías en el centro de detención?

— Venezolanos como arroz, era lo que más había. Yo pasé por dos centros de detenciones. El primero fue difícil, estábamos todos como en una lata de sardina, unos arribas de otro, yo casi no dormía, casi no comía, las luces nunca las apagan. No me bañé como por casi cinco días, feo. Luego de ahí nos trasladan a lo que todo el mundo le llama refugio, pero pienso que es como un centro de detención. Fue un poco mejor, ahí habíamos como 40 personas, cada quien tiene su cama, las tres comidas variadas, pero igual compartes con personas de otros países, de otras costumbres, que no es como nosotros los venezolanos, de sociales

Tu fianza de 10.000 dólares.

— Nunca en la vida pensé que iba a llegar a pasar.

Cuando escuchas esa cantidad de dinero, ¿qué piensas?

— Yo casi me caigo de la silla esa. Pensé: yo me quedo aquí, a que mi proceso siguiera aquí. Estaba muy confiado por mi abogado, pero yo sabía que iba a ser difícil pasar mi proceso adentro. Pensé lo peor pero me mantuve firme.

¿Estás consciente de lo que genera esa acción que tú hiciste de ayudar a la abuela?

— Luego de estar adentro, como el quinto o sexto día a mi me hacen seña y me preguntan que si yo era el de la señora. No sabía qué decirle porque yo no sabía lo que estaba pasando afuera. Nunca me imaginé nada. Jamás me hubiera imaginado lo que en verdad fue cuando revisé el teléfono y me metí en Instagram. Todavía sigo leyendo y respondiendo mensajes.

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