«Era la única manera»: venezolana cruza el río Bravo para reunirse con su mamá

Un vuelo desde Caracas a México, cruzar el río Bravo hacia Texas, Estados Unidos, y pasar más de dos semanas en un centro de detención para menores. Ese fue el recorrido al que tuvo que someterse una venezolana de 15 años, sin compañía de sus padres, y sin visa, para poder reunirse finalmente con su familia en el país norteamericano

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Cientos de venezolanos cruzan a diario el Río Bravo o Río Grande para llegar a Estados Unidos por la frontera mexicana. | Foto: referencial

Caracas.- Ante la crisis humanitaria a la que se enfrentan millones de venezolanos día a día, muchos de ellos optan por migrar, incluso en tiempos de pandemia y con fronteras cerradas. Algunos buscan reunirse con sus familiares en otros países, tras años de vivir con la desesperación de estar separados. Fue el caso de una quinceañera que decidió cruzar el río Bravo en México para reunirse con su madre en Estados Unidos.

Estefanía, nombre ficticio para proteger la identidad de la madre de la joven, contó a El Pitazo que llevó a cabo labores como activista política en su comunidad, en Caracas, durante 2017, cuando se realizó el plebiscito convocado por la Asamblea Nacional. «Tres días después de la consulta, me avisaron que la policía quería buscarnos, por lo que tuvimos que irnos de casa. Mi madre y mis hijos se fueron a casa de un familiar y yo me fui a casa de mi novio», narra.

Al volverse perseguida política, Estefania decide ir a Estados Unidos por seis meses, y en 2018 regresa a Venezuela. Sin embargo, debido a la crisis económica y ante las dificultades para seguir manteniendo a su familia, decide regresar al país norteamericano en enero de 2019 y solicitar asilo.

La venezolana dejó a sus tres hijos en Venezuela a cargo de su madre, con la idea de que la niña mayor, que actualmente tiene 15 años, renovara la visa para que pudieran reunirse en Estados Unidos. Sin embargo, se la negaron dos veces. «A mi hija le negaron la renovación de visa la primera vez porque no fue acompañada por ninguno de sus padres, porque yo ya estaba en Estados Unidos; en el segundo intento le preguntaron dónde se encontraba su mamá y en vista de que yo estaba trabajando acá, se la negaron».

Única vía de entrada

Los planes de que sus hijos pudieran llegar a Estados Unidos se vieron retrasados con la llegada de la pandemia por el COVID-19. Ante este panorama, Estefanía tuvo que posponer sus planes de continuar buscando alternativas para reunirse con su familia.

Ante el nuevo fenómeno migratorio de venezolanos cruzando de manera irregular la frontera terrestre de México con Estados Unidos, Estefania comienza a considerarlo como la única manera de lograr que su hija finalmente pudiera reunirse con ella en Texas. «Hablé con mi hija y le expliqué que era la única manera, así que decidimos intentar».

Estefanía comenzó a contactar coyotes para que ayudaran a su hija a cruzar el río Bravo. «Hay muchísimos que son maracuchos, pero la mayoría solo quieren aprovecharse de las personas (…) Conseguí uno que no cobraba tanto, porque también tenía que pagar los pasajes de Venezuela a México, y los de Estados Unidos que usarían mis dos hijos pequeños con mi mamá, que si tenían visa«, explicó.

Estando en México, la adolescente fue recibida por un familiar que reside en el país, y se quedó con él un mes mientras se coordinaba su viaje hacia la frontera. Estefania se puso de acuerdo con unos amigos de confianza que también intentarían cruzar para que fueran junto a su hija.

Cruce por el río Bravo

El día del viaje llegó y el coyote que contrataron pasó a buscar al grupo, en el que se encontraba la menor, en un taxi que los llevó desde Monterrey hasta Acuña. Una vez allí, los dejaron en una casa hasta la 1:00 am. «A esa hora, los coyotes les dijeron que revisarían la zona para ver si habían policías (…) Al rato los llevaron hacia el río».

Según narra la hija de Estefanía, para llegar hacia el río Bravo tuvo que movilizarse agachada entre los matorrales, expuesta ante los animales de la zona. Posterior a eso cruzaron el rió caminando, cuando el nivel del agua se los permitía, y llegaron a Estados Unidos.

«El agua le llegaba hasta la barriga (…) Tras cruzar, se cambiaron la ropa entre los matorrales y metieron la ropa húmeda en una bolsa. Esperaron una hora y comenzaron a caminar para encontrarse con las autoridades migratorias norteamericanas (…) Se los llevaron a todos, pero separaron a mi hija por se una menor sin compañía de familiares».

La menor fue trasladada a un refugio de menores migrantes en California, donde estuvo aproximadamente quince días mientras se revisaba su caso. Tras haber constatado sus datos, y que su madre se encontraba en proceso de asilo en Estados Unidos, las autoridades permiten que se reúnan; un momento que Estefania ansiaba desde hace tres años.

«La ansiedad era demasiada (…) Cualquiera que quiera intentar cruzar debe pensarlo bien, tener en cuenta las condiciones, porque no es sencillo. Mi hija es una muchacha muy valiente por todo lo que tuvo que pasar», expuso la venezolana.

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