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miércoles, 30 septiembre, 2020

Emilio Molina: joven ecuatoriano que crea chocolates para ayudar a migrantes venezolanos

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Ideas claras, sensibilidad, emprendimiento y perseverancia. Eso muestra Emilio Molina, creador del chocolate ‘Nada es lo que parece’. Tiene 18 años y está enfocado en el emprendimiento con impacto social.

Cuando aún cursaba el último año de bachillerato, Emilio quedó conmocionado al visitar la casa de acogida temporal Un Techo para el Camino, en el norte de Guayaquil, que ofrece refugio y asistencia a migrantes en condiciones de vulnerabilidad extrema.

Emilio Molina pudo conecer a mujeres y niños que salieron de Venezuela por desesperación, ante la falta de alimentos, miedo a la violencia generalizada u otras consecuencias de la crisis venezolana.

Frente la migración forzada por parte de los venezolanos, Molina sintió que debía hacer algo. Contó en entrevista para el diario ecuatoriano El Universo, que creció con el lema ‘Ser más para servir mejor’, impulsado por su colegio y en su hogar. “Quiere decir crecer como persona, aprender, estudiar, agrandar mi corazón, para así entregar eso a las personas que están cerca”, explicó Molina sobre el lema. Conectó su impulso solidario a las personas procedentes de Venezuela, con su amor por el chocolate y su deseo de emprender.

Durante tres meses, Molina investigó cómo fabricar chocolate y luego invirtió sus ahorros en intentar instalar una fábrica artesanal dentro del mismo centro de acogida. Diferentes personas le dijeron: “Olvídalo, no vas a poder con eso, es muy complicado”, entre otras frases desalentadoras, pero Emilio Molina continuó buscando la forma de ejecutar su proyecto. Encontró manos amigas y en mayo nació el chocolate hecho con cacao nacional orgánico fino de aroma ‘Nada es lo que parece’.


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»El nombre es una campaña social», dice Emilio sobre el nombre que le dio a su chocolate, pues busca recordarle a la gente que no deben dejarse llevar por los estigmas y prejuicios, sino tomarse el tiempo de conocer la individualidad de cada ser.

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“Hay personas que tienen muchísima luz. (…) Hay que rehumanizar el concepto de migración, para poder darles un techo, un colchón, devolverles dignidad, esa parte que por un problema externo a ellos ha sido vulnerada”, cuenta este joven, ahora estudiante universitario.

Hace unas semanas, el trabajo de Emilio fue reconocido con el premio Héroe, de la Fundación Resurgere, por el impacto social de su emprendimiento. El 50% de las ganancias de la venta del chocolate se destina a la casa de acogida para la ayuda humanitaria a migrantes venezolanos y el otro 50%, a la reinversión.

Siente el premio como un gran impulso para seguir con su proyecto e invita a la ciudadanía a apoyarlo. Por ahora, el producto se vende en tiendas de Guayaquil y Samborondón, y a través de Instagram @nadaesloqueparece.ec.

Con información del diario ecuatoriano El Universo

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