El venezolano que saborea las mieles del éxito en la cocina peruana

Omar Enrique Pérez, venezolano radicado en la ciudad del Callao, en Perú, deleita los paladares de los comensales con comida peruana. El joven de 23 años nunca imaginó que su trabajo inicial de mesero en un camión de comida lo impulsaría a convertirse en cocinero reconocido de su localidad

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La constancia ha sido clave en el éxito de Omar Pérez dentro del área gastronómica. Foto Omar Enrique Pérez

Por Andrea V. González G.

Caracas. La constancia es una virtud para el éxito. Y es el secreto de Omar Enrique Pérez (@omaaarp), chef venezolano de 23 años reconocido en la ciudad del Callao, Perú. Salió del país en 2017 con la idea de retornar; sin embargo, nunca imaginó que tras verse en la necesidad de conseguir empleo para costear su estancia, descubriría la pasión por la gastronomía peruana.

Pérez asegura que antes de emigrar nunca pensó en ser chef. “Me veía como bombero, policía, ingeniero (…) como cocinero jamás”, expresa. A pesar de contar con cuatro años en la cocina, considera que la gastronomía es un campo novedoso para él y se pregunta por qué no lo atrapó antes. “Yo hacía una arepa y se me quemaba”, dice sonriendo.

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En Venezuela, Omar trabajó en el área de planes vacacionales mientras estudiaba la carrera de Ingeniería Ferroviaria en la Universidad Nacional Experimental Politécnica Antonio José de Sucre (Unexpo), en Charallave. En diciembre de 2017, tomó la decisión de emigrar a Perú, gracias a un familiar cercano que le propuso ir a probar suerte.

El venezolano partió vía terrestre y se enfrentó a una travesía que duró siete días. Al pisar suelo peruano, vio un anuncio en la red social Instagram en el que se solicitaba camarero para un camión de comida. El trabajo consistía en dos turnos, de día y de noche. El joven aceptó ambas jornadas y comenzó a laborar en un horario en el que solo podía dormir cuatro horas diarias. “Yo era el primero en llegar y el último en irse”, explica Pérez.

En su primer trabajo, el joven se percató de los beneficios adicionales que obtenía el chef al ser el encargado de la cocina. “El cocinero llegaba de último y tenía más mérito. Yo debía tenerlo todo listo para él”, relata. En búsqueda de mejorar su situación como migrante, surge el interés de Omar por la gastronomía. “¡Ahí se me prendió el bombillo! Dije, voy a empezar a cocinar a ver qué tal”, cuenta.

“Mi mente se enfocaba en un plato cada día. Yo le preguntaba al chef sobre cosas distintas”, explica. Pérez comenzó a memorizar las recetas que encontraba en Internet durante la noche, para observar cómo el chef las llevaba a la práctica durante el día. Lo primero que aprendió a realizar fue el chaufa, un plato de arroz frito con vegetales que fue perfeccionando a diario.

“Luego aprendí a hacer la causa, una palabra nueva porque en Venezuela se utiliza para decir amigo. Era difícil ofrecer a los clientes una causa”, dice riendo. La causa a la limeña es un plato típico de la gastronomía peruana con origen precolombino que originalmente es elaborado con base en papa amarilla, ají, limón, huevo cocido y aceitunas negras.

Pronto, el ayudante de cocina decidió abandonar su puesto y Omar se postuló para la vacante. El gerente advirtió al venezolano que no iba a aumentar su sueldo; no obstante, Pérez accedió con la idea de aprender más en la cocina. Durante tres meses, trabajó junto al chef mano a mano. Finalmente, el cocinero encargado eligió dejar su cargo y otorgar al venezolano la labor que tanto había anhelado.

Crecimiento sostenido

“Ese día me fue a visitar hasta la familia que no tenía. (…) Me sentí muy cómodo y dije: esto es lo mío”, afirma satisfecho. Para Omar, la oportunidad de conseguir un nuevo empleo llegó gracias al chaufa, su primer platillo. “Un cliente me llamó y me preguntó si era chalaco, así llaman a las personas de aquí. Yo le dije que era venezolano”, comenta. Al instante, el comensal lo felicitó por su preparación y le ofreció un nuevo puesto con mejor salario y horario.

La ciudad del Callao, Perú, comenzó a reconocer el trabajo de Pérez. Su popularidad, lo posicionó en el restaurante donde desempeña labores hoy en día. “Cambian muchas cosas. Ahora vienen hacia mí, yo no voy hacia ellos”, relata. Remarca que una de las ventajas que le otorgó el renombre fue el mérito de establecer sus propias condiciones de trabajo.

Entre las metas de Omar está obtener una mejor preparación en el área gastronómica. Coloca al fallecido chef Ciro Watanabe, de ascendencia peruana-japonés, como influencia en su comida. “Decía que no era necesario un estudio, sino que cualquiera podía cocinar y eso me sirvió demasiado”, cuenta.

Se define como especialista en comida marina y criolla. Señala que la gastronomía peruana lo enganchó por su gran variedad culinaria. El cocinero abrió un canal de Youtube llamado Cocinalo Tú, con el fin de inspirar a los espectadores y enseñar a preparar sus platillos. Hasta el momento, cuenta con más de 700 suscriptores que esperan el lanzamiento de su primer video.

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“Ahora me estoy enfocando en servir de impulso a muchos compatriotas. (…) Yo tenía muchas razones para devolverme, pero mi objetivo era llegar a donde estoy ahora”, asevera el joven cocinero. La motivación del chef está en sus familiares y amigos. “Hay muchas personas que confían en mí y que me escriben a diario”, dice. El sueño de Omar Enrique es abrir un restaurante de comida internacional en Venezuela, donde los comensales asistan a probar el plato que deseen sin importar su procedencia.

¿Qué extrañas de Venezuela y por qué?

– Extraño viajar, porque viajé mucho con los planes vacacionales. Mis amigos, más que todo a mi familia lejana, porque no vivía con ellos. Yo vivía con mi hermana y a ellos más que todo los visitaba. Pasábamos ratos agradables. Bueno, mi papá es un señor mayor de edad que se hizo cargo de ellos. Yo los visitaba también.

Omar anhela también volver a ver un Caracas – Magallanes. Evoca la emoción de reunirse con amigos para disfrutar del juego en el estadio Universitario de Caracas. “Era muy fanático de los Leones del Caracas, iba los estadios. (…) Eso para mí era vida”, recuerda.

«Tenía un súper amigo allá que me ayudaba en todo, me ayudó en mis estudios e íbamos a los juegos de béisbol. Era muy fanático de los Leones del Caracas, iba los estadios. Veía Caracas-Magallanes, típico rivalidades y eso para mí era vida. Cuando jugaba Caracas-Magallanes era la emoción porque nos reuníamos todos», sentencia.

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