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domingo, 18 abril, 2021

Cuatro venezolanos emigran a Colombia en bicicleta desde el estado Trujillo

Los venezolanos Nelson Cabrera, junto a su hijo y dos amigos, emigraron a Colombia en bicicleta. Salieron desde el estado Trujillo, el 24 de febrero, recorrieron 616 kilómetros, y llegaron a Bucaramanga el 28 de febrero. En el camino los indignó ver a tantos caminantes

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ValeraNelson Cabrera (41), Nelson Alejandro Cabrera (18), Sergio Camacho (40) y José Caracas (44), procedentes del municipio Valera, estado Trujillo, se embarcaron en una travesía en bicicleta, de 616 kilómetros en cinco días, para llegar a Colombia.

Su motivación surgió de la necesidad de buscar un futuro mejor. Nelson Cabrera, quien conversó con El Pitazo vía telefónica este martes 9 de marzo, confesó que ninguno tenía dólares suficientes para costear los pasajes, apenas para alimentarse.

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Sin embargo, se las ingeniaron para emigrar y, en sus palabras, demostrar el coraje del que están hechos los venezolanos.

Cabrera, quien es hijo de un afamado ciclista trujillano del mismo nombre, ganador de una etapa de la Vuelta Táchira en 1982 y Gloria Deportiva regional, manifestó que modificaron unas bicicletas de carrera, les añadieron una parrilla artesanal para el equipaje y se fueron, luego de recibir el abrazo de sus familiares.

La travesía en dos ruedas

Según su relato, el recorrido comenzó en el sector El Turagual, del municipio San Rafael de Carvajal, el miércoles 24 de febrero, y culminó en Bucaramanga el domingo 28 de febrero.

En ese trayecto, el grupo de trujillanos, cada uno con 25 kilogramos de equipaje, pasó desde fallas técnicas a revisiones exhaustivas en la Alcabala de Ureña, pero lo que nunca podrán olvidar es el paso por la trocha de San Antonio a Cúcuta.

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“Al tocar territorio colombiano nos tocó lavar las bicis para quitarles el barro, porque no las dejaban rodar”, contó Cabrera sobre la experiencia de este tramo, en el cual les tocó caminar y rodar sus bicicletas por caminos de tierra y piedras, durante 20 minutos.

Aunque cambiaron a vías en mejor estado, los vehículos sufrieron daños, que los incomodaron hasta el fin de la travesía. “Las bicicletas sufrieron mucho el paso de la trocha. Dos cauchos explotados y tuvimos que zapatearlos; la base de la parrilla de una de las bici quedó partida. Se tuvo que resolver en el camino”, dijo Cabrera.

En esos momentos, el ciclista e ingeniero en construcción civil recordaba a sus hijos, su esposa y sus padres. Especialmente en su papá, quien desde los siete años le inculcó el amor a la disciplina y le despertó el sueño de un día recorrer el país en dos ruedas.

Cabrera cumplió su sueño, esta vez en el extranjero, y al lado del mayor de sus tres hijos, quien practica el deporte desde su infancia.

La ayuda humanitaria

Una experiencia que conmovió a los viajeros hasta las lágrimas fue encontrarse con la ayuda humanitaria en el tramo de Cúcuta a Pamplona y, especialmente, de Pamplona a Bucaramanga.

“Un tramo muy fuerte, mucha ayuda humanitaria en el camino, la gente nos paraba para darnos de comer y sacarse fotos, hasta en una parada cantamos el Himno Nacional que nos aguarapó los ojos”, expresó el viajero, quien además tuvo que medicarse por un cólico nefrítico.

A Cabrera lo indignó ver a los caminantes, quienes como él huyen de la escasez y el hambre. “Me partió el corazón ver por el camino venezolanos caminando. Familias completas con bebés en coches” relató.

El final de la travesía, para Nelson y su hijo Nelson Alejandro fue en el páramo de Berlín, donde sus familiares los recibieron en moto y los ayudaron con el equipaje. Se repitieron los abrazos, las lágrimas, pero esa vez era por el reencuentro anhelado desde hace cuatro años.

Sus amigos, Sergio Camacho y José Caracas, también ciclistas aficionados, prosiguieron su viaje hasta Bogotá y Medellín, respectivamente. Solo Camacho se atrevió a seguir en la bicicleta.

Tristeza al dejar su tierra

El pedalista valerano expresó su tristeza al dejar su tierra, luego de haber intentado, en múltiples trabajos, mantener a su familia. Abrió un local de comida rápida, se encargó de una licorería, pero ambos negocios sufrieron pérdidas por la pandemia del COVID-19.

“Triste en dejar mi tierra, pero las condiciones no estaban dadas para seguir allá. Intenté infinidad de trabajos, pero nada se me dio», dijo el pedalista, quien también se ha destacado como organizador de carreras en Trujillo, especialmente en la categoría Máster.

Actualmente, vive con su hermana y labora en una carpintería, pero asegura estar preparado para la albañilería, plomería y reparaciones eléctricas, entre otras cosas, hasta conseguir un espacio en su profesión.

Espera pacientemente por esa oportunidad, que significaría poder trasladar a su esposa e hijos, de 12 y 5 años, desde Valera a Bucaramanga. “Aquí estamos con las ilusiones intactas y centradas en demostrar de qué estamos hechos los venezolanos”, concluyó con optimismo.

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