Coronavirus pone en jaque a venezolanos en Chile

Si ya venían castigados por el estallido social de octubre de 2019 y las manifestaciones que le siguieron, ahora un grupo de venezolanos en Chile teme que sus pequeños negocios o empresas donde trabajan se vengan a pique por las medidas adoptadas para contener el coronavirus. A ello se suma el temor a enfermarse sin contar con el estatus migratorio necesario para acceder a la oferta institucional en materia de salud

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Veneozlanos tienen incertidumbre con lo que pueda suceder en el corto plazo en Chile. Foto cortesia Tal Cual

Caracas. La enfermedad por coronavirus en Chile ha obligado a un grupo de venezolanos a trabajar desde sus casas. Son los más afortunados, si cabe el término, pues otro grupo, en el que se cuentan propietarios de pequeños negocios, está viendo caer estrepitosamente sus ventas.

Peor aún: algunos de estos emprendedores temen un horizonte sin fuentes de ingreso a corto plazo, lo que amenaza su economía familiar. También la de sus empleados, debido ahora al estado de excepción por catástrofe declarado por el Gobierno chileno este miércoles 18 de marzo, y que se extenderá por 90 días.

Si ya venían castigados por el estallido social del 18 de octubre pasado y las manifestaciones que le siguieron, ahora estos venezolanos temen un golpe mayor a sus finanzas que haga más cuesta arriba el sostenimiento de sus negocios por el coronavirus, que contabiliza ya 238 contagios.

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“Por el momento no hemos despedido a nadie. Esperamos poder cubrir la nómina de este mes, pero el mes siguiente no creo que podamos hacerlo. No queremos despedir a los chicos, y esperamos que la situación mejore”, señala a El Pitazo Jorge Rivera, joven chef venezolano dueño de Aroma Latino, restaurante que abrió hace seis meses en Santiago de Chile.

Con hasta 300 comensales diarios, Rivera se vio obligado, sin embargo, a cerrar las puertas de Aroma Latino hace dos días, debido al riesgo de contagio por coronavirus para su equipo de trabajo y para los comensales. En su lugar, despacha la comida a domicilio. Sin embargo, el decreto de estado de excepción por catástrofe le hace temer por el futuro del negocio.

Actualmente, 12 personas, incluido él, dependen directamente de ese restaurante. De forma indirecta, 10 familias. Afirma que desconoce si el Estado chileno otorgará ayudas económicas a los pequeños comerciantes, pero, por ahora, se propone seguir despachando comida a domicilio.

A Chile llegó hace tres años en busca de mejores oportunidades. Y junto con Aroma Latino abrió hace seis meses streetfood, un patio de comida que debió cerrar hace menos de una semana por la crisis por el coronavirus.

Sin embargo, Rivera confía en el apoyo de sus fieles comensales y llama a los habitantes de Santiago a ir a comprar a los pequeños y medianos comerciantes de la zona, como una acción para apoyarse mutuamente.

INCERTIDUMBRE

La incertidumbre con lo que pueda suceder en el corto plazo en Chile alcanza también a la venezolana Jessicka Bohórquez, dueña Stampop, un pequeño negocio de estampados y diseño de material publicitario en Santiago.

Desde su pequeño taller ubicado en su propia casa, Bohórquez, madre de una niña,afirma que tiene una semana “sin nada de trabajo” por el temor de sus clientes al coronavirus.

Las ventas en Lennoxmall2828 también se han venido a pique en Chile. La cartera de clientes de la compañía del empresario marabino Lennox Roach ha bajado de 34 a siete en tan solo dos años. Y es que tiene un agravante: es una importadora de productos de China.

Comenzó sus operaciones en Venezuela hace ya casi 11 años con 12 trabajadores. Desde hace un año está afincada en Chile y cuenta con dos trabajadores: él es uno de ellos; el otro trabajador está en China, ahora confinado por coronavirus.

«Mi empresa esta 100% afectada porque mi oficina en China todavía está cerrada y aquí atravesamos una difícil situación por las manifestaciones y ahora por el coronavirus«, explica a El Pitazo.

Pero las dificultades, lejos de desanimarlo, lo fortalecen, afirma, pues trabaja en una plataforma digital que permitirá a su compañía seguir realizando los trámites y procesos para importar de China, es decir, desde buscar proveedores y visitar fábricas hasta crear productos e inspeccionarlos antes, durante y después de la producción, para enviarlos al país que soliciten sus clientes.

TEMOR A ENFERMARSE EN MEDIO DE UN LIMBO MIGRATORIO

Para la periodista venezolana Adriana Pérez Gilson este miércoles 18 de marzo fue su primer día de trabajo en casa. A punto de cumplir un año en Chile, se desempeña como coordinadora académica de la Escuela Chilena de Oratoria y ha visto disminuir progresivamente el número de estudiantes en sus cursos, debido al coronavirus.

“Tuvimos que suspender las clases grupales y algunos alumnos aceptaron tomarlas online, pero la mayoría se rehusa por resistencia tecnológica;otros afirman que con niños en casa todo el día no pueden tomar las clases online. El detalle es que el proceso de admisión está abierto de forma permanente, pero con esta contingencia ha bajado, lo que afecta directamente toda la estructura de costos”, explica a El Pitazo.

Pérez Gilson advierte además señales de mayor incertidumbre en las calles de Chille, que se han vaciado progresivamente de personas. “Los colegios acaban de comenzar y a la semana suspendieron las clases. ¿Habrá que pagar la mensualidad completa? Si la empresa no genera ingresos, ¿pagarán los sueldos a sus empleados? Sin contar que en Chile no hay inamovilidad laboral”, manifiesta.

Con todo, afirma que su mayor temor, al igual que el de otros venezolanos, es enfermarse en Chile, más aún en esta crisis por el coronavirus, que ha paralizado también los trámites migratorios hasta nuevo aviso.

“Tengo una visa en trámite, estoy legal, pero su aprobación suele demorar más de seis meses. Sin embargo, ahora demorará más con la cuarentena. Solo cuento con un permiso de trabajo y todavía sin el RUT (Rol Único Tributario), un documento similar a la Cédula de Identidad en Venezuela. Sin ese documento no puedo acceder a la salud ni a trámites bancarios”, explica.

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Madre de dos hijos de ocho y diez años, cuenta que con el RUT podría acceder a una AFP, una suerte de aseguradora con la que tendría precios más accesibles en el sistema de salud. “Por lo general, acudo a médicos venezolanos, que cobran un poco más económico. Con el seguro una consulta puede costar 20.000 pesos; sin seguro, 70.000”, apunta.

Relata que estuvo enferma el año pasado y necesitó antibióticos. “Me apoyé en la esposa de mi exesposo, que es farmacéutico, y ella los compró. Y así voy resolviendo”, agrega.

Patricia Rojas, presidenta de la Asociación Venezolana en Chile (Asoven), afirma que, por ahora, no registran casos de migrantes que no hayan sido atendidos en el sistema de salud.

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