Denis Ávila, luego de permanecer cuatro días detenida en la PNB en Tinaco, contó a una juez cómo fue golpeada, quemada con cigarrillos y encerrada en un calabozo lleno de excrementos

HISTORIAS DE LOS LLANOS

Denis Ávila fue detenida el pasado 20 de agosto cuando, luego de una semana en cola, una comisión de funcionarios policiales le impidió echar gasolina en una estación de servicio en Tinaco, estado Cojedes.

Estuvo cuatro días presa; fue golpeada y abusada física y psicológicamente antes de ser presentada ante los tribunales. Pese a que ya ha pasado casi un mes desde que los uniformados de la Policía Nacional Bolivariana la detuvieron, Denis Ávila no olvida la amargura que padeció solo por reclamar gasolina.

Recordar el infierno que vivió durante cuatro noches, desde el momento de su detención hasta que la presentaron en los tribunales, le ha dado fuerzas para gritar a viva voz la injusticia, para dar a conocer su caso y para exigir que sus agresores sean castigados. Confiesa que tiene miedo, pero nada se compara con lo que pasó en manos de quienes, en teoría, deberían proteger a los ciudadanos y garantizar sus derechos.

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Denis tenía una semana en la estación de servicio Bolívar de Tinaco, a la espera de turno para echar algo de gasolina a su carro y poder movilizarse. Surtir gasolina en Venezuela es una odisea. Conductores pasan semanas pernoctando en las adyacencias de las estaciones de servicio: comen, duermen y hasta hacen sus necesidades fisiológicas esperando a ver si tienen suerte de recargar el tanque, porque estar en la cola no es garantía de que les despachen.

La mujer era la vocera de su grupo, pues se organizan de esta manera para hablar con las autoridades y asegurarse de que sea más fluido el diálogo. Pasadas las 12:00 del mediodía del sábado 29 de agosto, más de 500 vehículos esperaban en la cola para poder surtir.

¡Se acabó el despacho por hoy! ¡Ya todos los carros están completos!, gritó uno de los funcionarios de Policojedes que custodia la bomba. Rápidamente comenzó el murmullo entre los conductores. “No puede ser. Apenas han surtido 80 carros”, se oía, entre rabia y sinsabor.

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Aunque el grupo de Denis estaba muy lejos de la estación, minutos antes vieron cómo los funcionarios policiales mantenían una cola paralela de carros. Se rumoraba que era la de los que pagaban en dólares y que por eso tenían preferencia, a pesar de que por el terminal de sus placas no les correspondía. Tritones, camionetas y carros particulares echaron gasolina sin restricciones.

Las personas a la cabeza de Denis, cerca de 100, que se encontraban en la cola, se dirigieron al comando de la PNB en busca de explicaciones acerca del porqué suspendieron el despacho, pero no los dejaron llegar ni mucho menos hablar. En un segundo fueron emboscados por funcionarios de Policojedes, a los que se le sumaron los de la PNB. Nunca hubo una intención de cerrar la vía o de protestar, solo querían respuestas.

«A esta me la meten presa«, gritaba la comandante de Policojedes en Tinaco, María Padrón.

La escena fue al mejor estilo de una película de acción de Hollywood. Los policías llegaron tipo comando agrediendo a todos los que exigían una explicación. Denis recuerda que el profesor Carlos Tavares, quien había comprado una «chiva», y no estaba en el reclamo, la comandante le quitó de manera brusca el caucho y lo lanzó a la calle y al intentar recuperarlo recibió una golpiza de parte de los agentes. Le dieron patadas y lo golpearon hasta dejarlo inconsciente. Así lo detuvieron.

«Un funcionario de Policojedes, llamado Luis Miguel, a quien conocen como el ‘Morocho’, me agarró por detrás y me tumbó al suelo», cuenta Denis. Allí se encontraba su esposo, quien al ver el atropello intentó defenderla, pero fue también golpeado y llevado junto a la mujer al comando de la PNB de Tinaco.

Nos querían sembrar

Al esposo de Denis y al profesor Tavares los metieron en un pequeño calabozo que se encuentra en un depósito de motos, mientras que ella fue esposada a una silla. Había pasado cerca de una hora cuando se acercan unos funcionarios y les dicen que van a tomarle unas fotos.

Los policías prepararon un escenario con bombas molotov, gaveras, gasolina, cauchos y botellas.

«Nos querían sembrar. Me resistí. A mí no me van a tomar una foto con nada de eso. Yo no tenía nada de eso».

«Al ver que me opuse, me lanzaron contra una vidriera que se quebró; casi salgo herida».

Los muchachos tuvieron casi la misma reacción, porque no se iban a dejar incriminar con algo que no había. Nunca hubo tranca ni se cerró la vía, solo queríamos explicaciones.

“Ustedes son arrechos. Aquí mandamos nosotros. Ustedes lo que están es presos”, les gritaban los policías, quienes, ante la negativa de los dos hombres de dejarse fotografiar, los metieron nuevamente en la celda y los comenzaron a golpear con una tabla, mientras los tenían esposados.

Denis tuvo que presenciar la vejación y el abuso de los policías hacia su esposo y el profesor. Ante los golpes, les reclamó que dejaran el abuso, pero sus gritos fueron interrumpidos cuando un policía se le acercó y le gritó: “Tú no eres ninguna profesora, eres una malandra guarimbera” y le dio un puñetazo en la boca que fue precedido por un buche de sangre, pues le había partido el labio.

Su esposo, como es militar, fue llevado al comando de zona de la Guardia Nacional en San Carlos. Ella, junto al profesor, se quedó en las instalaciones de la PNB en Tinaco.

“Vamos a ver si eres arrecha”

Al llegar la noche comenzó la verdadera pesadilla. Estaba en un calabozo sin condiciones, en un espacio reducido, sin baño, agua potable y oscuro. A pesar de todo lo que le pasaba, se concentró en su hija y en la manera de salir de esta situación, pues sabía que no había cometido delito.

Su aparente tranquilidad se vio perturbada por tres policías que llegaron a la celda y le gritaban: “Guarimbera, malandra”. Uno de los funcionarios fumaba y dijo, vamos a ver si tú eres arrecha y le quemó el brazo con el cigarrillo. Como no estaba dispuesta a tolerar más abusos, Denis forcejeó con ellos hasta que estos la golpearon en diferentes partes del cuerpo. Denis tenía golpes en los brazos, senos, muslos y arañazos también. Todo su cuerpo tenía morados.

Los moretones y las marcas dejadas por la tortura le valieron varios días de espera para ser llevada a los tribunales. Denis duró cuatro días encerrada, pero los rastros de la tortura no desparecieron; por lo que los policías no tuvieron otra opción de presentarla con moretones y heridas frente al juez.

Denis pensaba que eso que le sucedió solo pasaba en las películas, hasta que lo vivió en carne propia. Los policías la abusaron física, mental y moralmente. No la dejaban ir al baño a asearse ni a orinar y le mantenían las esposas muy apretadas. Estuvo en un calabozo lleno de excrementos donde una de sus esposas era el candado de la puerta y quedaba guindando. Luego de cuatro días, cuando la fiscalía ya conocía del caso, la llevaron al Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas (Cicpc) de la subdelegación San Carlos y luego a los tribunales.

En la audiencia de presentación, el Ministerio Público les imputó el delito de obstrucción de la vía pública, alteración del orden y ultraje a funcionario público. Antes de que se diera por terminado el acto, a Denis se le concedió el derecho de palabra. Allí, en la sala de audiencia, le contó al juez los maltratos que sufrió durante y luego de su detención.

Dennis mostró al tribunal sus glúteos, senos, brazos con quemaduras de cigarrillos y allí sus autoridades observaron la magnitud de las lesiones que nunca aparecieron en el informe forense, porque no fue entregado por los policías. Habían pasado cuatro días y aún sus lesiones estaban visibles. Los jueces y fiscales contrastaron que las lesiones infringidas no se registraron en ninguno de los documentos del expediente.

Denis, su esposo y el profesor pasaron de acusados a acusadores. Al conocer los abusos a los que fueron sometidos se les concedió la libertad plena. El tribunal dio la orden de que el caso se remitiera al Ministerio Público y se abriera una investigación sobre estos hechos.

A Denis, luego del incidente, le tocó recuperarse; se le infectó una de las quemaduras del brazo y se quedó en casa para curarse. Confiesa que tiene miedo porque los funcionarios de Policojedes y de la PNB involucrados en el hecho saben que fueron denunciados y ahora son investigados.

Ella intenta reponerse del miedo. Quiere que se conozcan su historia y el calvario que pasó solo por reclamar un derecho. Denis, como todos los tinaqueros, espera que estos delitos no queden impunes y que los responsables sean castigados.

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