Portuguesa | El Centro de Deficiencias Visuales cumple 45 años en medio de carencias

El Centro de Atención Integral de Deficiencias Visuales de Guanare se sostiene del empeño de sus docentes y de la colaboración de la comunidad. Durante el cierre por la pandemia ha sido objeto de hurtos y vandalismo

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En medio de carencias, los docentes y alumnos Centro de Atención Integral de Deficiencias Visuales de Guanare celebraron los 65 años de la institución | Foto Fanny García

Guanare.- A los centros de atención de deficiencias visuales nos les fue muy bien en pandemia. Muchos de ellos, como el de Guanare, poco pudieron hacer con las clases por WhatsApp, ordenadas por las autoridades educativas. La mayoría de sus alumnos no tiene teléfono inteligente y otros no han terminado su aprendizaje de tecnología adaptativa.

Ahora que se anuncia el retorno a clases, sus docentes repiensan las actividades a cumplir. Fanny García, una maestra que lleva 15 años allí, de los 64 que cumplió el Centro de Atención Integral de Deficiencias Visuales, tiene la esperanza cifrada en la colaboración de la comunidad y en un retorno presencial más continuo, fijado a partir de este mes de octubre. “Queremos volver a sentir el calor humano y devolverle al centro su rostro de casa de apoyo pedagógico, aunque ello signifique lidiar con carencias y dificultades”, contó a El Pitazo.

Aunque el centro no es una escuela, todos sus miembros la quieren como tal. Su estancia en él no tiene límite de edad. Allí participan desde niños hasta personas con edad infinita: hasta que el participante decida recibir apoyo pedagógico de orientación y movilidad, alfabeto Braille y actividades de la vida diaria. También en inserción laboral, que es la materia de la que se ocupa Fanny García.    

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La escuelita, como la llama Fanny, es muy pequeña y luce deteriorada. Necesita, al menos, dos aulas más: en los dos únicos salones trabajan cuatro maestros. El techo requiere de reposición porque ha sido desvalijado por delincuentes ante la mirada indolente de vecinos y policías. La institución está ubicada, justamente al lado de la comisaria de Los Próceres y pese a ello, el salón donde funciona la oficina de la Asociación de Ciegos fue vandalizado: rompieron las ventanas y se llevaron el aire acondicionado y parte de las instalaciones eléctricas. No quedaron ni ventiladores.

Carece de servicio de agua potable y de un tanque de almacenamiento. El comedor es una necesidad no cubierta. No cuenta con una cocinera. Antes de la pandemia, cuando llegaban los víveres, la comida se repartía cruda. A cada alumna se le entregaba un kilo de pasta, arroz o de lo que entregara el servicio de alimentación escolar. “No hay licuadora, ollas, vasos, bandejas. Ni lo indispensable, agua”, advierte Fanny.

Docentes aliados

Lo más valioso con que cuenta el centro de apoyo es su gente: sus docentes y sus alumnos. “Aquí todos somos una familia y trabajamos sin distingo de cargo, aunque las limitaciones y el abandono agobien.


Y es así. ElCentro de Atención Integral de Deficiencias Visuales de Guanare se sostiene por el empeño de 10 empleados:  ocho docentes graduados, un administrativo y un obrero. Cada uno logra atender entre 8 y 10 y alumnos.  Las directoras, Paula de López y Edelmira Peralta, se destacan por andar siempre activas gestionando colaboraciones para que la escuela se mantenga viva, para que la matricula no decaiga.

Liliana Rosario y Wilmer Rodríguez son instructores de tecnología adaptativa y método Braille, aunque tienen cargos de administrativo y obrero, respectivamente. Liliana combina su tiempo en el centro de apoyo con su ejercicio de  fisioterapeuta en la fundación para el deporte de Portuguesa, mientras que
 Wilmer se centra en la experiencia que le da ser una persona con discapacidad visual con un excelente conocimiento  de  las computadoras y  del alfabeto Braille.

Los alumnos también reciben clases de matemática. Van de la mano Rodger Castillo, un docente con discapacidad visual egresado de la especialidad en la Universidad de los Llanos, Unellez.


La rutina de aprendizaje se cumple, en jornada normal, entre siete y media de la mañana y doce y media de la tarde. Desde el 16 de septiembre, los docentes estuvieron de vacaciones, pero iniciaron labores itinerantes desde esa fecha, durante los lunes martes y miércoles de la semana flexible. “Queremos que vuelva la normalidad”, dicen.

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