En dos oportunidades, unos antisociales lograron introducirse en la vivienda de la abuela, de 96 años, para robarle los pocos enseres que tenía en su propiedad. Los vecinos de Elvia Rosa, en la Urbanización El Cafetal de Barinitas, municipio Bolívar del estado Barinas, cuentan que a la anciana la golpearon, la maltrataron y, quizás, hasta la ultrajaron para llevarse un viejo televisor y un ventilador. Esa fue la señal para unirse y lograr que la aceptaran en un asilo de ancianos donde ahora se siente segura

HISTORIAS DE LOS LLANOS

El 25 de junio se conoció la triste historia. El director del Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas (Cicpc), Douglas Rico, escribió en su cuenta de twitter sobre la aprehensión de dos hombres por robar y lesionar a una nonagenaria en Barinas.

“Pesquisas de la Delegación Municipal Barinas apresaron a José Luis Rodríguez Camacho (35), apodado “Piltraque”, y a Jesús Anecto Rodríguez (52), apodado “Pito Malaña”, en la parroquia Barinitas, municipio Bolívar del estado Barinas, por robo y violencia”, cita el alto funcionario policial.

El director del Cicpc agregó que la víctima fue una abuela de 96 años, identificada como Elvia Rosa Rondón, a quien además golpearon para robarle un televisor y un ventilador, los únicos objetos de valor que poseía después del primer robo que le hicieron en mayo de este año.

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El hecho ocurrió en la Urbanización El Cafetal, en la parroquia Barinitas, del municipio Bolívar en el estado Barinas, el 24 de junio de 2020, a medianoche, cuando “Piltraque” y “Pito Malaña” aprovecharon la oscuridad del sector y, a sabiendas de que la víctima era una anciana indefensa cuyas condiciones físicas la mantienen atada a una silla de extensión, se introdujeron en la vivienda a cometer el robo.


Cuando la encontramos estaba en condiciones críticas, tenía moretones por todos lados. Golpes en la cara, la cabeza, la cintura, la espalda y los brazos

Vecino de Elvia Rosa

A Elvia Rosa la golpearon, le dejaron hematomas en todo su cuerpo, especialmente en los brazos, y quienes se enteraron de su situación, al día siguiente, fueron sus vecinos.

“Lo que le pasó a la abuela es una historia terrible de maltrato físico. Es muy doloroso para todo el mundo, para toda una nación, un mal ejemplo del porqué personas demoníacas pudieron hacer eso contra de esa abuela. Ya antes la habían golpeado. Ella vivía sola al final de la Calle 2 de la urbanización”, cuenta un vecino que aceptó relatar lo ocurrido, pero no se quiso identificar porque quienes cometieron el delito viven en la urbanización “y aquí todo el mundo se conoce”, argumentó.

“Cuando la encontramos estaba en condiciones críticas, tenía moretones por todos lados. Golpes en la cara, la cabeza, la cintura, la espalda y los brazos”, detalla quien no pudo confirmar los rumores de vecinos acerca de que a la anciana también la habían violado: “de eso no le puedo decir nada, por respeto a su dignidad de mujer no se lo pregunté, y el médico forense del Cicpc que la auscultó en el hospital del pueblo, tampoco nos dijo nada”, precisó.

Ella no tiene familia

Elvia Rosa no tiene familia. Su familia eran sus vecinos más cercanos, que la cuidaban, aseaban y alimentaban todos los días con la asignación de su caja Clap. Vivía sola en una pequeña casa a medio construir al final de la Calle 2 de El Cafetal. Sus victimarios la conocían, en algunas ocasiones la visitaron y, comentan, que fueron ellos mismos los que en mayo cometieron el primer robo y también golpearon a la anciana.

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En junio volvieron para terminar de llevarse lo que quedaba: un viejo televisor y un destartalado ventilador.

Aunque los vecinos no vieron quién o quiénes cometieron el cobarde acto de golpear a la nonagenaria, sí se agruparon para ir a denunciar ante los cuerpos de seguridad lo ocurrido con Elvia Rosa y lo difundieron por las redes sociales y grupos de WhatsApp de la comunidad.

“Eso fue una historia triste y trágica que no podía pasarse por alto. Ese fue un acto demoníaco”, repite el vecino de la anciana, quien recuerda que  no tiene familia o al menos nunca vieron que alguien fuera a visitarla.

En la comunidad saben que Elvia Rosa vivió en el sector San Eleuterio, también en Barinitas. Dicen que vendió esa casa y compró unas tierras en Santa Inés, en el municipio Barinas, y luego de un tiempo también vendió esa propiedad y unas personas que presumen eran sus familiares le construyeron la vivienda en El Cafetal, donde permaneció hasta mediados de julio.

El único hermano que tenía murió el 9 de julio de este año y luego de su mudanza aparecieron en la casita unas personas que se identificaron como parientes de la nonagenaria. Los vecinos no los conocen, pero se preguntaron cómo es que antes ninguno había aparecido a cuidar de la ancianita.

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Una historia de solidaridad

Que Elvia Rosa no contara con familiares directos no significó que estuviera desamparada. Religiosamente, por cinco años consecutivos, tuvo quien la cuidara, la aseara y alimentara: sus vecinos, los mismos que decidieron denunciar el hecho. Entre todos concluyeron que se debía dar a conocer.

El vecino cuenta que se reunieron y fueron, en comisión, a la policía a interponer una denuncia para que se iniciara una averiguación penal por lo ocurrido.

“Queríamos que un médico forense la revisara. Queríamos saber qué tanto daño físico le habían causado. No fuimos a denunciar a nadie porque no sabíamos quién o quiénes fueron los delincuentes desalmados, solo queríamos que algún ente oficial se encargara de la abuelita, porque ya no podía seguir vivienda sola en esas condiciones”, indicó.

Mientras hacían esos trámites llegó un forense enviado directamente del Cicpc por órdenes de Caracas, recuerda el amigo de Elvia Rosa Rondón. Expresó que el director de ese organismo de seguridad se enteró del caso por las redes sociales y ordenó que desde la delegación de Barinas investigaran qué había sucedido.

El mismo 25 de junio, luego de que el forense examinara a la anciana en el hospital Nuestra Señora del Carmen de Barinitas, una comisión municipal del Cicpc detuvo a José Luis Rodríguez Camacho (35), apodado “Piltraque”, y a Jesús Anecto Rodríguez (52), apodado “Pito Malaña”, acusados por los delitos de robo y violencia.

Vecinas se encargaban del cuidado de la ancianita | Capture video RRSS.

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Los amigos de la abuela continuaron con sus diligencias. Buscaron ayuda en la Dirección de Desarrollo Social de la Alcaldía del municipio Bolívar, también tocaron las puertas de comerciantes y personas de buen corazón, emprendieron campañas de recolección a través de Instagram y a los pocos días, Elvia Rosa tenía un nuevo colchón para su cama, comida y un ventilador, pero las condiciones de la vivienda no eran las más adecuadas para que ella permaneciera en ese lugar donde los vecinos hicieron vigilias para evitar que volvieran a agredirla, “eso fue antes de que metieran presos a esos dos personajes que señalan como azotes de barrio”, aclaró el buen samaritano amigo de la abuela Rondón.

A la par de encontrar cómo mejorar la calidad de vida de la anciana, sus amigos continuaron con las visitas a Desarrollo Social de la alcaldía. Allí hallaron eco a sus peticiones y comenzaron la búsqueda de un asilo para la abuelita, que ya no podía seguir sola en su casa, sin atención permanente.

La buena noticia llegó antes de finalizar julio. Lograron conseguirle a Elvia Rosa un cupo en la residencia de ancianos “José Ignacio del Pumar”, adscrito al Instituto Nacional de Servicios Sociales (Inass) en la ciudad de Barinas. Aunque en principio tuvo cierto rechazo hacia el personal masculino del lugar, allí ya no estará sola y sus amigos confían en que no habrá quien la maltrate, señala uno de los vecinos que tramitó el cupo en el geriátrico.

“Llegó muy maltratada y poco comunicativa, pero ya se adaptó y es una señora muy conversadora”, dijo un trabajador del geriátrico que pidió mantener su nombre en reserva.

 Agregó que ahora solo hace falta que la solidaridad que caracteriza al venezolano continúe y le hagan llegar pañales desechables, y algunos medicamentos y exámenes que necesita para determinar el problema que le impide caminar, pero, en términos generales, Elvia Rosa se siente mejor y ya no tiene miedo. Eso es lo que importa, comentó el trabajador.

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