Portuguesa | Betilmar Rondón: “Mi mamá murió de COVID-19 porque no pagué los $60 diarios”

La periodista Betilmar Rondón denunció ante la Fiscalía de Portuguesa las circunstancias en que falleció su madre Yolanda Rondón, luego de permanecer 10 días hospitalizada en la sala COVID-19 del hospital centinela de Acarigua. Según su testimonio, le cobraban 60 dólares diarios por administrar el tratamiento

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Acarigua.- ¡Toc, toc!; ¡Toc, toc!; ¡tras, tras!, ¡pon, pon! Así, durante una hora, fue el golpe de puerta desesperado de Betilmar Rondón para que le abrieran la sala de emergencia del hospital de Acarigua. Había llegado a las 8:00 pm con su mamá sumida en una crisis respiratoria por COVID-19. Desde ese momento, la paciente no alcanzó más paz hasta que falleció, por lo que su hija califica de negligencia.

Yolanda del Carmen Rondón, de 69 años, murió el pasado 15 de septiembre en el Hospital Jesús María Casal Ramos, el segundo centinela para COVID-19 del estado Portuguesa, tras haber permanecido cinco días internada sin garantías ni atención integral, según la denuncia de sus familiares. Su deceso, además de doloroso, devela -según su hija- una red de opacidad y corrupción en el sistema público de salud.     

Betlimar Rondón sostiene que su madre no recibió las atenciones adecuadas, porque no pagó 60 dólares diarios solicitados por la enfermera encargada de cuidarla. 

“Allí lo que se vive es negligencia, sufrimiento y muerte”, relató Betilmar Rondón al fiscal que ahora investiga esta muerte.

A una semana del fallecimiento de Yolanda, y a un día de haber interpuesto la denuncia, Betilmar conversó con El Pitazo y espera que la investigación solicitada al Ministerio Público “sea justa, que no favorezca al pobre ni complazca al grande, que con justicia se juzgue a los culpables”.  

Evento 1: No había nadie

Lo primero que tuvo que enfrentar Yolanda ese viernes 10 de septiembre fue un ataque de pánico en solitario. A las dos horas y media del ingreso, la paciente se vio sola en la camilla. Salió del área de emergencia con la mascarilla de reservorio sin oxígeno. Sus familiares, que buscaban los medicamentos en las farmacias, la encontraron en el piso gritando: “¡Beti, Beti, Beti!”. “Nos confesó que el enfermero le decía que iba a morir”, contó Betilmar.

Evento 2: Tengo Remdesivir

A las 4:00 am del sábado, la médica residente llama a los familiares. “Mi mamá no se calmaba y así no podían atenderla. Entré y empecé a conversar con ella. Su respiración era débil”.

Yolanda llevó siete dosis de Remdesivir. Betilmar las ofreció a la enfermera de guardia, quien las rechazó porque el hospital niega la administración de esta terapia por su elevado costo. “No se pare por eso, yo compro las que sean necesarias”, le dijo.

Ya al amanecer, Betilmar salió a buscar el desayuno de su mamá. “La enfermera anuncia que quedará aislada”. De observación, Yolanda pasó a un área de pacientes estables de la sala COVID-19.

Yolanda Rondón en una celebración familiar | Foto Álbum familiar

Ampollas de Meropenem, Remdesivir, Clexane, Dexametasona, Omeprazol, Vitamina C y Vitamina D fueron los medicamentos que pidieron a su ingreso y a los que hubo que sumarle después: Aminofilina, Omega 3, 6 y 9, Ácido fólico y Complejo. Todas las consiguieron en un ruleteo interminable por las farmacias de Acarigua y Araure.

Evento 3: $60 diarios por cuidar

Durante la mañana del sábado 11 no hubo reporte médico, pero sí factura en dólares. “Una enfermera de nombre Jania Veroes nos dice que teníamos que pagar 60 dólares diarios y que podrían bajar la tarifa a 50 para garantizar un cuidado personalizado. Alegó que mi mamá necesitaba los antibióticos a la hora y por la cantidad de pacientes, más de 30, se retrasaba el tratamiento. Luego descubrí que solo había 5 pacientes”.

Evento 4: Se pierde el Remdesivir

La noche del sábado se conoció el parte médico. Dayana Márquez, la residente de guardia, informó que Yolanda saturaba oxígeno en 95 % por lo que el Remdesivir fue omitido. Prometió devolverlo, lo que alegró a Betilmar. Le había costado 96 dólares.

“El domingo temprano solicité a la enfermera de guardia el Remdesivir, pero respondió que sí fue administrado. Le escribí a la doctora Márquez, porque tenía la opción de intercambiarlo por Clexane y dijo que el Remdesivir se le cumplió a la paciente antes de pasar la revista con la especialista. Contestó que luego de esto se omitió”.

Ese mismo domingo, Betilmar debió pagar 20 dólares por oxígeno y vigilancia especial para su madre.

Evento 5: Sin Tratamiento

El lunes en la tarde, el personal de guardia refiere que la paciente desde el domingo en la tarde no necesita máscara de oxígeno. “Estaba estable, incluso con su glucemia casi normal. Me llamó la atención que el Dímero D estaba en 4.9, a solo un día de diferencia. Cuando me dan el parte de la evolución, me dicen que bajaron la dosis de Clexane de 180 a 120 y que debo repetir el Dímero D para el día miércoles. Comienzo a analizar por qué estaba tan alto si ella viene de colocarse Clexane desde la casa. Sospeché que no le estaban cumpliendo el tratamiento porque me negué a pagar los 60 dólares diarios”.

Evento 6: Denuncia ante el director  

El martes 14, Betilmar denunció ante el director del hospital, Emilio Montilla, lo que pasaba en la sala COVID-19. “Me oyó con atención y me acompañó hasta esa área. Allí, el médico internista José Gregorio Morales y el residente Yorman Pino explican que mi mamá desaturaba oxígeno por nervios y que estaba bien de salud. Dijeron que, de acuerdo con la historia médica, no tenía indicado antibióticos. Pegué un grito y dije: ‘¿cómo que no está recibiendo antibióticos si yo he entregado desde el sábado tres ampollas de Meropenem por día?’”

Montilla preguntó por el Remdisivir. Vía telefónica se comunica con la enfermera Betty, a quien se le entregó el fármaco. “Esa doctora Dayana está loca, yo sí coloque la Remdisivir”, respondió la licenciada.

Evento 7: Comprar hojas blancas

Vista la ansiedad de su mamá y por las sospechas de corrupción detectadas, la hija de Yolanda solicitó al director que permitiera la atención de una enfermera de su confianza. En principio no se negó, pero nunca concretó la orden. 

“Mi madre comenzó a recaer. Una enfermera me informó de una saturación en 83 y de un estado retraído. A las 8:00 pm del martes, acudí al residente Yorman Pino, quien me reporta una hipoglucemia con administración de 6 unidades rápidas de insulina a complementar con dextrosa. Me solicitan tiras reactivas para glucómetro, dos hojas de papel blancas y alcohol. En el mismo hospital compré las hojas y el alcohol. El vendedor me mira de manera extraña. Ahí descubrí que las hojas de papel las solicitan cuando el paciente muere. Salí a comprar las tiras y al regresar al hospital estaban las hojas y el alcohol tirados en el escritorio. Desde ese momento nadie me quiso decir nada de mi mamá”.

Evento 8:  Muerte anunciada

El miércoles 15, día del deceso, luego de la toma de muestras de sangre una enfermera anuncia a Betilmar una emergencia. Requieren Aperina y guantes para bañar a su madre. “Me entregan una bolsa con la ropa de cama y hasta con la almohada. Me solicitan todo para el aseo personal. Aperina no había en Portuguesa. Las conseguí en Sabaneta de Barinas, a 100 kilómetros del hospital. Continúa el cuadro de hipoglucemia. Ante mis preguntas señalan que entre martes y miércoles la paciente no recibió insulina, algo que contradecía la versión dada el día anterior por el doctor Yorman Pino”.

La doctora residente dice a la familia que la estabilizaron con 10.000 unidades de Aperina y Clexane. “¿Cómo consiguieron Aperina si no había? Nadie respondió”.

A la 1:57 pm, Betilmar graba y pasa notas de voz para su mamá por intermedio de una enfermera de guardia. «Asdalys, la enfermera, me respondió: ‘ya le pongo el audio para que lo escuche tu mamá’”.

Tres minutos después, Betilmar recibe el anuncio. Su madre Yolanda Rondón había fallecido. Le entregan un informe manuscrito en una hoja blanca que marcaba la 1:42 pm como hora del deceso.

Copia facsímil del informe de fallecimiento de Yolanda Rondón | Foto Álbum familiar

Ahora, todo da vueltas en su cabeza y no cesa de preguntarse ¿por qué a las 1:57 pm la enfermera me dice que le pasaría los audios a mi mamá? ¿Por qué las dos hojas blancas solicitadas la noche anterior, el mismo día que denuncié las irregularidades al director del hospital?

Las preguntas que se hace Betilmar quisimos hacérselas a los médicos y enfermeras que atendieron a su madre. No fue posible, pese al esfuerzo. Ana María Velásquez, presidenta del gremio de enfermería en Acarigua, atinó a comentar: “Esa sala COVID-19 se ha convertido en miseria”. Del director Emilio Montilla supimos que había renunciado al cargo, versión que no pudo ser confirmada. Su despacho permaneció cerrado este 22 de septiembre en horas de la tarde. 

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