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jueves, 19 mayo, 2022

Arroz con frijol o auyama es el menú diario del geriátrico de Acarigua

Las necesidades y calamidades de los 38 abuelos que residen en el centro de asistencia social para adultos mayores del cono norte de Portuguesa fueron expuestas por los trabajadores del lugar. Están en huelga por las precarias condiciones y los malos tratos que reciben de la administración

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Acarigua.- Los 38 ancianos que residen en la Unidad Geriátrica «José Antonio Páez» de Acarigua, en Portuguesa, no solo pasan las noches solos, sin un personal calificado para su atención, sino que tampoco reciben una alimentación balanceada. El menú diario es arroz con frijol o auyama, de almuerzo, y un atol, sin leche ni azúcar, de desayuno y cena.

Desde hace unos dos meses comen lo mismo, por lo que muchos se han cansado y ya empiezan a rechazar los alimentos, lo que los hace lucir delgados y demacrados. La situación varía solo si algunas personas llegan con donativos, como ocurrió este jueves 24 de septiembre, cuando los pescaderos de la zona llevaron al geriátrico varios kilos de pescado.

El Gobierno regional dota el centro cada uno o dos meses y solo con harina, arroz y granos. Las proteínas animal y vegetal no existen en la dieta de estos adultos mayores.

«En 25 años que tengo trabajando en este lugar, nunca he visto tanta desidia y falta de conciencia por parte de la administración. Esto es para ponerse la mano en el corazón por esos abuelos que están aquí», dijo a El Pitazo Margarita Viloria, cocinera del lugar, y quien junto a sus compañeros de trabajo mantiene una protesta por las condiciones deplorables del lugar.

Desde el miércoles 23, los empleados colocaron pancartas en las puertas del geriátrico y tomaron las instalaciones exigiendo la destitución de Hogwaldi Lucena, administrador del centro asistencial social. Aseguran que el funcionario realiza una mala gestión y maltrata al personal y a los ancianos, si se quejan.

«El pollo llega de vez en cuando. Se tienen que utilizar solo dos para alimentar a 38 viejitos, porque así nos dice el administrador, quien maneja todo lo que aquí ingresa», refirió la trabajadora.

Viloria señaló que en el lugar es constante la falta de agua y el aseo lo realizan cuando la alcaldía de Páez envía camiones cisternas. Los ancianos, algunos postrados en camas, están en colchones sin nada de lencería.

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«Los abuelos a veces están en pelota, no tienen ropa o sábanas para arroparse ya sea porque no hay agua en el tanque o falta jabón para lavarles. A veces, pese a que traen donativos para el aseo de ellos, hay que bañarlos con jabón líquido, que es lo que nos da el director», expresó.

Durante la noche, el único trabajador que se queda en el lugar con los 38 abuelos es el vigilante. «Si se llega a presentar una emergencia no sé qué puede pasar porque no hay enfermeras, ni médicos. Muchos menos ambulancia», destacó Viloria.

Por las denuncias que los trabajadores han presentado, ya a tres de ellos les han suspendido el sueldo. Sin embargo, pese al riesgo de perder sus empleos, quienes se encargan de la atención de los abuelos aseguran que están dispuestos a todo porque tienen el propósito de que las condiciones en el lugar cambien, por el bien de los ancianos recluidos.

«Nosotros somos las voces de esos abuelos que están allí. Son nuestra prioridad y todo lo hacemos por ellos. En nuestra conciencia no va a quedar tanta desidia y atropellos del director de este centro”, dijo Yulmis Escalona, precisando que esta acción es para evitar que se siga deteriorando la condición física de los adultos mayores que por años han cuidado.

Por los bajos salarios y los malos tratos a los que han hecho referencias los empleados, queda menos de la mitad del personal que se requiere en el centro.

«Los que continuamos nos tenemos que repartir las actividades, de seis camareras solo quedan dos y tienen que ingeniárselas para atender a 38 ancianos”, acotó Maigualida Ferrer.

«El director alega que nada le importa, porque no tiene familia aquí. Cuando los abuelos quieren hablar con él les sale con que ellos cobran pensión y si quieren comer bien que se vayan a la calle. Ya estamos cansados de esta situación y no podemos quedarnos de brazos cruzados, no nos importa quedarnos sin cargo, pero vamos a dormir tranquilos. Esto no lo hacemos por nosotros, sino por los abuelos que están completamente desprotegidos», contaron los trabajadores al hacer un llamado a los gobiernos regional y nacional para que atiendan la situación.

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