Sonia Maleras, madre del ganadero y protector de animales asesinado el 14 de abril pasado, contó a El Pitazo que a seis meses del homicidio no se ha resuelto el caso por corrupción, desidia, falta de interés y hasta complicidad. Del crimen se señala a un grupo de indígenas Pumé

HISTORIAS DE LOS LLANOS

Sonia Maleras de Calzadilla pide justicia para su hijo, Claudio Ramón Calzadilla Maleras, ganadero y protector de animales, quien fue asesinado el 14 de abril de este año, en una emboscada realizada por un grupo de al menos 20 indígenas de la comunidad Pumé Vuelta Mala, a orillas del río Capanaparo en Achaguas, estado Apure.

Claudio, de 31 años, trataba de recuperar 6 de más de 20 caballos que le habían hurtado en su finca durante los últimos meses. La señora señala que los asesinos del ganadero están libres, mientras su familia sufre en silencio su trágica muerte.

Una pierna del productor agropecuario fue encontrada a orillas del río, el jueves 16 de abril, dos días después del crimen, por una comisión integrada por funcionarios de la Guardia Nacional, policía científica y policía estadal. Los familiares la reconocieron por una cicatriz que Claudio Calzadilla tenía en su rodilla, producto de una herida producida en esa zona de su cuerpo cuando estaba trabajando en el campo y lo tumbó un caballo.

Un día antes, los familiares y funcionarios habían recorrido la zona y evidenciaron el asesinato. Percibieron que fue arrastrado hacia el río por más de 100 metros.


UN DÍA ANTES, LOS FAMILIARES Y FUNCIONARIOS HABÍAN RECORRIDO LA ZONA Y EVIDENCIARON EL ASESINATO. PERCIBIERON QUE FUE ARRASTRADO HACIA EL RÍO POR MÁS DE 100 METROS


Sonia de Calzadilla es de Valencia, estado Carabobo, ingeniera agrónoma por la Universidad Central de Venezuela (UCV). Desde su dolor prefiere hablar de la historia bonita de su hijo Claudio. Relata, en una conversación con El Pitazo, vía WhatsApp, con la voz quebrantada, los momentos positivos de su hijo durante la niñez y la adolescencia. Pero no puede evitar recordar con tristeza la partida de Claudio, a quien considera su compañero fiel, luego de la muerte de su esposo.

Claudio Calzadilla fue herido con una flecha cuando estaba montado en su caballo, mientras negociaba con los dos indios que cuidaban los animales y aparentemente accedían a entregarlos. De pronto, apareció la capitana con el resto de la tribu y lo rodearon. Sus dos acompañantes lograron huir y notificar lo sucedido.

“Los caballos hurtados y llevados a Vuelta Mala eran cuidados al momento del asesinato solo por dos indios, pero los delincuentes, al percatarse de la presencia de Claudio y sus acompañantes, salieron del monte armados con flechas».

Uno de los acompañantes de Claudio, un indígena que apodan “Caraota”, vio desde lejos cuando flecharon al joven. Trató de correr hasta un fundo cercano, pero lo alcanzaron los indios. El dueño de la propiedad avistó la reyerta. «¡No lo maten, dejen al muchacho!», gritó, por lo que el perseguido logró escapar del lugar.

El otro acompañante de Claudio, de 17 años, un obrero de la finca La Fortaleza, se encontraba junto a dos de los caballos cerca del río Capanaparo, esperando que Claudio regresara con el otro animal. Pero al ver lo sucedido, destruyó los amarres, salió corriendo y logró avisar los detalles del hecho.

“Cuando el adolescente llega a la finca le dice a la novia de Claudio: ‘¡Vámonos que vienen los indios, mataron a Claudio!». Este fue testigo de cómo lo flecharon de un costado, lo tumbaron del caballo y cayó”, relata la madre.


Luego de lo sucedido, algunos huyeron de la zona: no estaban de acuerdo con lo ocurrido, porque el Llano no puede volver a la barbarie, no podemos retroceder tantos años y que la impunidad nos lleve a permanecer rodeados de monstruos

Sonia Maleras de Calzadilla, madre de Claudio Calzadilla

Los testigos de este asesinato concluyen que los mismos indígenas, luego de flechar a Claudio Calzadilla, lo degollaron. “Luego de lo sucedido, algunos huyeron de la zona: no estaban de acuerdo con lo ocurrido, porque el Llano no puede volver a la barbarie, no podemos retroceder tantos años y que la impunidad nos lleve a permanecer rodeados de monstruos”, reflexiona Sonia Calzadilla.

Claudio creció junto a los miembros de las comunidades originarias del Capanaparo, por lo que nunca imaginó que estos le quitarían la vida. Desafió las amenazas, la extorsión y optó por el diálogo y la negociación para recuperar sus bestias.

Uno de los caballos robados fue recuperado por uno de los obreros de La Fortaleza. En adelante, Claudio sufrió amenazas y extorsión para recuperar el resto de los semovientes. Antes del asesinato, sus familiares le advirtieron el peligro que significaba acudir al lugar para recuperar los equinos. Pero el joven hizo caso omiso a estos consejos y decidió ir a la comunidad indígena, movido por el amor hacia los animales.

“Yo no pensaba que se iba a arriesgar tanto y tampoco estuve ahí para evitarlo”, confiesa Sonia. Claudio estaba solo en la finca con su novia, el muchacho indígena de 17 años y ‘Caraota’. Estos lo apoyaron en su insistencia de rescatar sus caballos, porque, supuestamente, los indígenas pumé habían abandonado Vuelta Mala.

Apureño de corazón

Claudio Calzadilla, aunque era valenciano de nacimiento, se decía apureño de corazón. Nació el 18 de julio de 1988 y falleció a sus 31 años, luego de administrar su finca y abandonar sus estudios de medicina veterinaria en la Universidad Central de Venezuela (UCV). Es el segundo hijo de tres varones y una hembra, tres hermanos que sufren por la muerte de quien se declaraba amante de los animales.

La familia Calzadilla Malera siempre fue amante y protectora de los animales. En invierno se dedicaban a recoger galapaguitos de la carretera para que no los mataran los carros o se los comieran los depredadores. “Los resguardábamos en las tanquillas, en las lagunas de las fincas”, confesó Sonia.

Claudio Calzadilla fue siempre llano y sabana. Estudió primaria en Valencia, pero cuando le correspondió sexto grado su familia decidió mudarse para Guachara, municipio Achaguas, para mejorar su economía y mantenerse cerca de la finca. Posteriormente, la familia Calzadilla Maleras hizo vida en el municipio Biruaca. En el liceo Amantina de Sucre, Claudio logró terminar el tercer año de bachillerato.

Claudio Calzadilla Maleras vivió en la finca hasta los cinco años ayudando a su papá para aprender la faena del Llano: ordeñar, montar a caballo, amansar y todo lo necesario para sostener la finca. Junto a sus hermanos construyó la casa, las cercas perimetrales y trabajó su ganado. Terminó su bachillerato en Valencia y luego logró ingresó a la UCV.

Claudio Calzadilla, llamado cariñosamente por su familia como “Gordo”, logró cursar el tercer año de veterinaria. La enfermedad de su padre le cambió la vida inesperadamente. Su papá, Carlos Manuel Calzadilla Martínez, se enfermó de cáncer de próstata con metástasis en los huesos. Murió a los 58 años, en septiembre de 2015. Era veterinario de profesión y destacado en la ganadería.

“Después de la muerte de mi esposo, él era mi compañero para todo, tanto para estar en la finca como para viajar”, recuerda Sonia de Calzadilla, al tiempo que valora la pasión de Claudio: “Él soñaba con cuidar y salvar la vida de los animales”.

Claudio Calzadilla es bisnieto de Carlos Manuel Calzadilla Beguet, «Don Carlucho», el dueño de la finca la Baicera Elorza, ubicada en el municipio Rómulo Gallegos. Proviene de una familia de estirpe llanera, trabajadora como muchos, reconocida en Apure por formar un hato y una familia honesta.

“Al morir el abuelo de Claudio, su padre heredó unas tierras sin nada, un rebaño de animales y unos pocos caballos. Pero Claudio, junto a sus hermanos, fundaron y construyeron la finca”, dijo.

Impunidad y corrupción

La banda que asesinó a Claudio opera en la zona y está dedicada al robo de caballos, ganado, conucos, al asalto de fincas y destrozos de las propiedades. Incluso, mata animales que deja en el lugar, según reportes policiales.

“Durante el mes de diciembre nos robaron todos los caballos mansos principales de familia; quieren acabar con las fincas. Los indígenas tenían más de un año robándonos los caballos y en la última oportunidad se llevaron el de su papá, su hermana y, unos días antes, tres recién amansados. Los indígenas antes robaban para comer y asumíamos esas pérdidas, pero ahora lo hacen también para vender o hasta por maldad, sin llevarse la carne”, comentó Sonia Maleras.

La madre de Claudio condena la actuación de los cuerpos de seguridad del estado, porque revela que los indígenas implicados en el homicidio son considerados como intocables.

“El Cicpc no quiso hacer nada bien, omitió partes de la declaración de los testigos, además no interrogó a otras personas de la zona, ni al señor que estaba cerca y los vio pasar a caballo y huir, ni a los acompañantes de mi hijo. Tampoco el forense revisó la pierna encontrada en el río. No conforme con esto, indicó en su informe que la muerte de Claudio fue asfixia o inmersión. No realizaron la planimetría donde lo mataron, tampoco el análisis de la sangre esparcida. No se ha resuelto el caso por corrupción, desidia, falta de interés y hasta complicidad”, dijo.


Durante el mes de diciembre nos robaron todos los caballos mansos principales de familia; quieren acabar con las fincas. Los indígenas tenían más de un año robándonos los caballos y en la última oportunidad se llevaron el de su papá, su hermana y, unos días antes, tres recién amansados. Los indígenas antes robaban para comer y asumíamos esas pérdidas, pero ahora lo hacen también para vender o hasta por maldad, sin llevarse la carne

Sonia Maleras de Calzadilla, madre de Claudio Calzadilla

En la zona del Capanaparo, municipio Achaguas, donde está ubicada la finca La Fortaleza, de acuerdo con datos suministrados e informes de la Federación Nacional de Ganaderos, durante la última semana de septiembre han sido atacados cinco hatos. La denuncia fue presentada por los productores ante la Zodi-Apure en San Fernando y aún esperan respuesta.

“En las 37 comunidades indígenas que hacen vida en el Capanaparo, que se localizan entre Puerto Páez y Elorza, existen pequeños grupos en cada comunidad, organizados para delinquir; entrenados y dirigidos por irregulares de Ejército de Liberación Nacional (ELN). Estos amenazan y atracan unidades de producción cometiendo delitos de abigeato en grandes dimensiones que afectan entre 80 y 100 productores, a quienes les han hurtado y robado más de 3.000 cabezas de ganado bovino”, resalta el informe.

Los delincuentes se presentan en los fundos encapuchados y armados, para amedrentar a los trabajadores del campo y obligarlos a abandonar estas productivas áreas geográficas y adueñarse de los territorios.

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