Trujillanos atizan fogones desde hace tres meses por falta de gas

La última vez que Pdvsa Gas Comunal surtió de gas a los habitantes de una parroquia del municipio San Rafael de Carvajal fue en abril. Desde entonces, se oficializó la comida ahumada y las enfermedades respiratorias

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Ángela Urbina, de 80 años, debe pedir ayuda para poder cocinar a leña y sufrió de una bronquitis a causa del humo | Foto: María Gabriela Danieri

Valera.- Desde hace tres meses, a los habitantes de la zona norte de San Rafael de Carvajal, en el estado Trujillo, no les gusta que llueva. No es porque se llenen de barro por la falta de asfalto o por temor a que falte el agua, a causa de la turbidez, sino porque, cuando llueve, los troncos buenos para la leña, se mojan.

En la comunidad de Pie de Sabana, en la parroquia José Leonardo Suárez, no hay casas con chimeneas, no hace frío. Sin embargo, han desaparecido los árboles caídos y se puede oler la madera quemada desde la vía principal. Los fogones se han vuelto la única manera de cocinar por la falta de gas, la cual se agravó en mayo por la paralización de la Planta de Fragmentación Ulé, ubicada en el Zulia.

Aunque la Gobernación de Trujillo anunció a principios de julio que el problema se había solucionado momentáneamente y se ejecutaba un plan de distribución especial de gas, la vivienda de Ángela Urbina, de 80 años de edad, todos los días humea. Cocina caraotas, lentejas, pasta, o lo que tenga, en el fogón improvisado sobre una pipa de metal.

La mujer camina con la ayuda de un bastón y contó que si no fuera por el señor Pablo, el vigilante de la escuela Barbarita de la Torre, ubicada al lado de su casa, no podría hacer nada. “A veces me trae leña cuando caen de los árboles de la escuela. Él me hizo el fogón y tengo que pedirle ayuda para mover las hoyas de la cocina” relató Urbina.

Ella vive con uno de sus hijos, pero el hombre, de unos 40 años de edad, está desempleado y recoge basura en las calles. La abuela se costes algunos alimentos con su pensión, lo enviado eventualmente por sus otros hijos y por donaciones de los vecinos y la iglesia.

Son, en palabras de Angy Santos, una de las vecinas, los más desprotegidos de la comunidad. “Mi mamá le hace las arepas cuando tiene harina, porque ella todavía le queda gas. Tiene una de las bombonas grandes. De resto ella se hace sus granos en el fogón, pero no debería. Hace una semana estuvo mala con una bronquitis”, explicó Santos.


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En la zona está el ambulatorio rural de Chimpire, en el cual llegan diariamente cinco pacientes, mayoritariamente niños y ancianos, con síntomas de enfermedades respiratorias, vinculadas a la combustión de madera.

A través del Clap

Angy Santos tampoco escapa a la ausencia de gas, que afecta a no menos de 3000 familias de la parroquia. En su casa hay siete personas, entre ellos sus tres hijos, por quienes hizo lo posible para reponer uno de sus cilindros. El pasado jueves, 11 de julio, fue con 14 personas de Pie de Sabana hasta la Planta de Llenado de Gas Comunal, Frabricio Ojeda, ubicada en el municipio Motatán, e hizo una cola por más de cinco horas.

En ese momento se cumplían nueve días de un plan de autonomía de 15 días en la planta Ulé, de acuerdo al anuncio de Martha Villegas, gerente regional de Pdvsa Gas Comunal, del tres de julio. Según esa medida, debían llegan 10 gandolas diarias para apaciguar la demanda de 93 parroquias, que conforman los 20 municipios de Trujillo.

Los habitantes de San Rafael de Carvajal no reciben gas doméstico desde abril | Foto: María Gabriela Danieri

“Éramos 230 familias en la cola y nos atendieron porque les rogamos. El encargado salió y dijo que estaba prohibido vender por ahí. Ahora era por los Clap”. Sin embargo, la última vez que los encargados de los Comités Locales de Abastecimiento y Producción (Clap), en sus consejos comunales, les hicieron una jornada fue en abril. “Mi mamá porque tiene dos bombonas de las grandes, de más de 40 kilos, que le duraron dos meses cada una, pero las mías son pequeñas. Esas duran, cuidándolas mucho, un mes”

Ese es el caso de la señora Ángela, quien tiene un solo cilindro pequeño, de 18 kilogramos. Desde de mediados de mayo, la mantiene vacía junto a su cama por temor a los ladrones. “La última jordana de Gas Comunal fue en abril, pero no han vuelto más, ni las privadas”, dijo Angy Santos.

Esta carencia y la advertencia explícita del gobernador, Henry Silva, el 23 de mayo, que aunque protestaran, no iba a llegar gas, oficializó la comida ahumada y el disgusto general. Tanto, que para el mes de junio, la Zona Operativa de Defensa Integral, ya contabilizaba más de 30 manifestaciones.

Hasta la fecha solamente hay 10 gandolas que viajan a la planta de llenado del Zulia | Foto:
María Gabriela Danieri

Precios elevados

A finales de junio, una empresa privada ofreció venderles gas, pero el monto superaba los 10.000 bolívares y la señora Ángela, no podía costearlo. “El señor Pablo a veces la ayuda para que tenga efectivo para la bombona y la caja del Clap, cuando llega, pero en ese momento no tenía” contó Santos, quien aseguró, muchos de sus vecinos tuvieron que pasar montos elevados (hasta 20.000 bolívares) para poder llenar sus bombonas.

15 días y nada

Este miércoles, 17 de julio, se cumplen 15 días desde la aplicación del plan de contingencia y los habitantes de Carvajal siguen sin recibir el producto.

Hasta el momento, según datos de medios gubernamentales del 10 de julio, solamente han recibido gas comunidades, de 25 Clap, en Valera, Trujillo, La Ceiba, Miranda y Pampán, equivalente a 9780 familias. En la región, hay 282 mil familias beneficiadas a través de estas figuras organizativas.

Aunque llegan 10 cisternas diarias a la planta y siete para el sector privado, la capacidad de abordaje de la empresa, manejada directamente por el gobierno regional, no es suficiente. Familias como la de Ángela y Angy, tendrán que seguir atizando las brasas.

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