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domingo, 18 abril, 2021

Mujer busca a su abuelo para reencontrarlo con su mamá en Trujillo

Nadhia Gómez, residente del municipio Trujillo, busca desde hace 11 años a su abuelo para reencontrarlo con su mamá, quien creció sin conocerlo. Su única pista es que trabajó como chef en el Hotel Trujillo entre 1954 y 1956 y era inmigrante húngaro

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Valera.- Desde hace 11 años, Nadhia Gómez, habitante del municipio Trujillo, busca a su abuelo para reencontrarlo con su mamá, Dalia Valecillos, quien creció sin conocerlo, pero alberga el sueño de verlo antes de morir.

La hija confesó a El Pitazo, que ahora se ha convertido en el deseo de ambas, por lo cual ha emprendido una investigación exhaustiva en Trujillo y Caracas, pero hasta ahora sin resultados.

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Incluso, este martes 9 de marzo, pidió ayuda a través de las redes sociales.

Chef húngaro

“Necesito que Twitter haga su magia. Mi madre creció sin conocer ni siquiera el nombre de su padre, lo único que le dijo mi abuela (Q.E.P.D.) fue que era chef del hotel en el que trabajaba ella como camarera”, inició Nadhia el hilo que se ha vuelto viral.

Además de este dato, la dama, a través de entrevistas a sus vecinos y familiares mayores, descubrió que era inmigrante europeo, específicamente de Hungría.

Según contó Nadhia, esta historia comenzó en 1956, cuando su abuela, Eugenia Valecillos, trabajaba en el Hotel Trujillo (actualmente Hotel Country Trujillo), dependiente de la Corporación Nacional de Hoteles y Turismo del gobierno de la época.

En ese lugar surgió el amor entre la trujillana y el extranjero. No obstante, un año después el joven recibió una oferta de sus patrones para irse a otro hotel de la misma cadena, aparentemente en Valencia.

Eugenia, por motivos desconocidos por Nadhia, rechazó la propuesta del chef de irse juntos y decidió quedarse en Trujillo al enterarse que estaba embarazada.

Antes de partir, el joven, que podría tener entre 20 y 30 años en ese momento, le llevaba platos de comida a Eugenia para que el bebé naciera sano, pero poco después se fue y la pareja perdió el contacto.

Un tema tabú

Nadhia relató que para su abuela el tema de su abuelo era un tabú. Su nombre, su posible paradero u otros datos para contactarlo se los llevó a la tumba hace tres años.

“No sé si es que mi abuela se llenó de dolor, porque mi abuelo se fue, a pesar de que él la quiso convencer de irse con él. No sé si por los prejuicios de la época, ella no quiso irse por tener hijos de otro hombre, por el qué dirán”, dijo Nadhia vía telefónica de su abuela, quien salió adelante con sus cinco hijos, solamente con la venta de arepas y una pequeña lavandería.

Sin embargo, Dalia, quien hoy tiene 63 años de edad, a los ojos de su hija, tiene una herida por la ausencia de su papá.

“Quiero que mi mamá sepa quién es su papá al menos por fotos, que sepa su nombre, porque yo siento que desde niña ella tiene esa herida abierta. Cuando escucha canciones de los padres llora y sé que dentro de ella hay una niña sufriendo”, contó Nadhia mientras se le quebraba la voz.

Esta certeza se hizo real cuando en diciembre 2009, Dalia y su papá estuvieron cerca de un encuentro.

Nadhia explica que su abuela vivía sola y solían visitarla con frecuencia, pero ese mes estaban ocupadas en los preparativos de la boda de su hermana y dejaron de ir una semana.

Justamente esos días, un hombre anciano, con un bastón, tocó a la puerta de Eugenia y, pese a insistir por varias horas, ella nunca le abrió. Una vez su nieta volvió a visitarla, le contó del desencuentro.

“Cuando fuimos, mi mamá dice eso, que mi abuela le dijo que hace dos semanas el papá de ella había tocado la puerta”, dijo Nadhia, quien notó la añoranza de su mamá.

Visita al Ministerio de Turismo

Nadhia, quien es licenciada en Matemática y Física de la Universidad de Los Andes (ULA) e ingeniera de Petróleo de la Universidad del Zulia (LUZ), reveló que las pistas la llevaron a visitar el hotel en 2010, pero desafortunadamente habían desechado los antiguos archivos.

Guiada por su instinto se fue a Caracas hasta el Ministerio de Turismo, donde el personal, cautivado por la historia, revisó el archivo, pero no encontraron los documentos anteriores a 1970.

“Se emocionaron con la historia, me ayudaron, buscaron carpetas, pero estaban muy tristes cuando no los encontraron», relató Nadhia.

Ayuda de la embajada

Pese a no encontrar resultados satisfactorios, Nadhia no ha descansado y, recientemente, se enteró, por medio de una mujer de 97 años de edad, que su abuelo era húngaro y podría llamarse Pablo.

En Twitter le recomendaron ir a la embajada, pero por las restricciones de la pandemia del COVID-19 no puede acudir. La contactaron cuando solicitó ayuda online para poder revisar los archivos de la época, pero le expresaron la imposibilidad de localizarlo sin un nombre.

Incluso húngaros, alrededor del mundo, le escribieron y se pusieron a disposición para difundir su mensaje.

Nadhia sabe que su búsqueda podría ser en vano, pero no pierde de la esperanza de encontrarlo vivo. Si no, al menos a sus parientes, quienes podrían mostrarle fotos y contarles de su existencia.

“Ta vez mi abuelo esté muerto, Dios quiera que no, pero al menos quiero que conozca a su familia, que le digan si sabía de ella”, finalizó Nadhia.

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