Mérida | En Los Curos la solidaridad se reparte en tazas de sopa

Eliser García, una obrera de la Universidad de Los Andes, prepara cada domingo una olla de sopa que reparte a los niños más necesitados de distintos sectores de Los Curos, municipio Libertador del estado Mérida. Un vecino que emigró financia esta labor solidaria que comenzó en 2018

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Desde hace cinco semanas, cada domingo Eliser García prepara una olla de sopa que reparte entre los niños más necesitados de la comunidad de Los Curos en Mérida | Foto: cortesía Eliser García

Mérida.- Desde hace cinco semanas Eliser García, habitante de Los Curos, municipio Libertador de Mérida, prepara cada domingo una olla de sopa que reparte a los niños más necesitados de su comunidad. La cuarentena nacional por COVID-19 no fue obstáculo para que ella decidiera retomar una labor solidaria que comenzó en junio de 2018, gracias al apoyo económico de un vecino que emigró, pero que tuvo que detener a comienzos de 2019 debido a la hiperinflación.

«Todo el que sabe de la sopita se acerca y bueno, yo les doy su sopa. No tengo una cantidad estipulada. A todo el que vienen yo le doy su sopa. Yo en realidad no me pongo a contar ni nada», dijo García cuando El Pitazo le preguntó cuántas tazas de sopa reparte cada domingo. Para esta obrera de la Facultad de Farmacia de la Universidad de Los Andes (ULA), parte de su labor desinteresada es dar sin contar ni discriminar.

La sopa de Eliser la toman niños e incluso algunas personas de la tercera edad que viven en varios sectores de Los Curso parte alta, como Negro Primero, Kosovo, La Trinidad, Los Primos y La Carvajal, entre otros. Ella la prepara con ayuda de otra noble mujer en la casa de un vecino que tiene más espacio para hacer la cocción a leña. Allí llega cada domingo a las ocho de la mañana, para que a mediodía cada niño reciba su sopa y se la lleve a su casa para comerla en su mesa a la hora del almuerzo.

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Un ángel de la guarda que emigró

El dinero con el que Eliser compra los ingredientes para preparar su sopa, a la que nunca le falta la proteína que aporta la carne de res o de pollo, lo envía semanalmente Adelmo Méndez, un vecino de la comunidad que emigró junto a su familia en busca de mejores oportunidades.

«Él se fue con su esposa y sus hijos hace ya tres o cuatro años. Es un gran amigo mío. Cada semana me deposita el dinero para hacer la sopita. Él lo hace desinteresadamente. Fui yo quien le dijo para poner su nombre en esta noticia, para que la gente sepa que es él quien hace posible esta labor», confesó García.

Eliser no tiene vehículo, pero cada sábado un sobrino la acompaña en transporte público a comprar las verduras y los aliños que le pone a la sopa. Uno o dos días antes compra la carne. Para ella es indispensable que su sopa tenga proteína, porque sabe que su consumo es fundamental para la nutrición de los niños.

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Que otros se sumen y repliquen la labor

A la olla de Eliser García nunca se le acaba la solidaridad, pero la sopa que en ella cocina no es suficiente para todos los niños que tienen déficit nutricional en su comunidad.

«Yo pongo mi olla de sopa donde el vecino que me presta su casa para prepararla y ahí llegan los niños con su tacita. A veces me llega más gente y no me alcanza para darles su sopita. Por eso yo sueño que este tipo de labor se multiplique en muchos sectores. Quiero multiplicar esta sopa. Llevar esta olla a muchos otros sectores de Los Curos. Que otras personas quieran hacer esta labor sin esperar nada a cambio», dijo esperanzada.

Para Eliser la nutrición de los niños, a quienes considera los más vulnerables de la crisis que atraviesa Venezuela, no puede esperar a que ocurra un cambio político. «Los niños son los más vulnerables. No podemos esperar que haya un cambio de gobierno para que los niños se puedan alimentar bien».

Aunque no tiene un comedor, ni tazas ni platos para servir su sopa, esta merideña no pierde la esperanza de que su olla crezca y pueda llenar todas las barriguitas vacías que son el futuro de Venezuela.

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