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miércoles, 30 septiembre, 2020

Emprendedora tachirense suspende venta de tortas por falta de gasolina

Tras ocho semanas sin venta de gasolina en Táchira, una joven emprendedora suspendió la venta de sus tortas debido a la falta de combustible para hacer la entrega de sus productos a los clientes

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San Cristóbal.- Andrea García, de 28 años y licenciada en Comunicación Social, encontró durante el confinamiento la forma de emprender y tener ingresos: hacer y vender tortas. Con sus productos tenía dinero para comprar alimentos y ayudar a sus padres.

La emoción y la ilusión duró pocas semanas, pues aunque sabía dónde comprar los ingredientes económicos y preparaba sus tortas en horno eléctrico por la escasez de gas que hay en Táchira, debió parar. No pudo tener más gasolina para hacer los deliverys.

“Desde que empezó a incrementar la escasez de la gasolina y los precios de conseguirla revendida se fueron por los cielos, tuve que ponerme a reestudiar toda la estructura de costos y me fue imposible mantenerlo. Cuando 20 litros te los venden en 100 o 120 mil pesos debo incluir en la venta de la torta la gasolina que uso comprando los ingredientes y luego aumentar el delivery; no me pareció sostenible y paré”, explicó García a El Pitazo.

Desde la ultima vez que surtieron gasolina en Táchira no ha podido seguir trabajando. La joven emprendedora se encargaba de todo: hacer las tortas, tomarles fotos, postear en redes sociales y entregarlas a los clientes, así garantizaba que las ganancias serían para invertir en un horno más grande y en ayudar a su familia.

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EsponjiPostres surgió como al mes de estar en cuarentena, yo estaba trabajando con mi novio en una especie de fundación/emprendimiento que se llama Espacio Belice, pero todo esto nos obligó a parar. Tenía mucho tiempo libre y un hornito eléctrico que casi no usábamos, entonces empecé a buscar recetas y las iba haciendo para mi familia o los empleados de mi mamá. Trabajaba bajo pedido, porque era yo solita con muy poco capital. Mis primeros clientes fueron mis familiares, luego mis amigos, sobre todo los que están en el extranjero que le querían hacer regalos a sus papás o abuelitos. Un amigo me prestó su cuenta colombiana para que me transfirieran allí, porque no tengo cuenta extranjera”, relató la joven.

Adiós emprendimiento por gasolina

Andrea García debió despedirse de su emprendimiento por la falta de gasolina. Cuando lograba, incluso con colas kilométricas, conseguir el hidrocarburo tenía todo perfectamente estudiado.

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“Para tener más margen de ganancia debía comprar los ingredientes en varias tiendas, algunas del centro, otras del mercado pequeños comerciantes, otras en la prolongación de la 5ta avenida, donde ya sabía que tenían allí lo que buscaba más económico. Como se conseguía gasolina podía darme ‘ese lujo’ de hacer esa peregrinación y nunca incluía el precio de la gasolina en mi estructura de costos y tenía el servicio de delivery en 5.000 pesos o la modalidad de pick up en casa”, detalló.

La ilusión del negocio que llamó EsponjiPostres quedó pausada. Cuando inició su emprendimiento no solo era una fuente de ingresos, sino también la oportunidad de sentirse mejor emocionalmente.

“Gracias a que soy periodista y tengo conocimientos en diseño, fotografía y demás, empecé hacer toda la parte visual y también todo muy ligado a mantener mi mente activa y generar ingresos económicos. Estaba desempleada para entonces, no me gusta depender de mis padres y el encierro estaba afectando mi salud mental, estaba muy desmotivada, triste y pensé que debía hacer algo que me hiciera feliz, me mantuviese entretenida y me generara ingresos”, precisó.

Recuerda con emoción que su torta más pedida era una torta volteada de cambur, que hacía con tanta frecuencia que durante los fines de semana pasaba todo el día horneando. Antes de dejar de hacer los postres planeaba sacar nuevos productos para innovar.

“Se llaman ponquesitos de la gratitud, fueron pensados para ser regalados y con ellos darle la gracias a alguien por estar en su vida o por algo que te haya ayudado hacer, pero no lo pude hacer por falta de gasolina. Ya será después”, indicó.

Con el cierre de sus actividades reposteras debió empezar a vivir de sus ahorros mientras concreta un nuevo trabajo con una Organización No Gubernamental (ONG) y se reanuda la venta de gasolina para comprar ingredientes y volver a hornear.

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