Cuatro ataques a la iglesia católica en Táchira en menos de un mes

Todo inició con el intento de expropiar la capilla del Seguro Social, seguido del impedimento del Obispo a ingresar al Centro Penitenciario de Occidente junto con las declaraciones en su contra por parte de Iris Varela, marcas del ELN a las capillas de Rubio y el ataque con lacrimógenas en San Cristóbal

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Una de las agresiones ocurrió en una iglesia de Rubio, marcada con pintas del ELN. Foto: Mariana Duque

San Cristóbal.- La iglesia católica ha sufrido cuatro agresiones en menos de un mes en el estado Táchira, por personas y grupos asociados con Nicolás Maduro. El más reciente incidente fue el lanzamiento de gases lacrimógenos a la parroquia Fátima por parte de efectivos de la Guardia Nacional (GN), ubicada en Barrio Sucre, mientras el sacerdote estaba en misa.

La primera agresión ocurrió una semana antes de la Semana Santa, cuando el director del Hospital del Seguro Social “Dr. Patrocinio Peñuela Ruiz” decidió quitarle a la capilla, que funge como parroquia; las placas que la identificaban y que reseñaban su fundación, luego del fallecimiento reciente del párroco. También retiró los santos y la dejó vacía para las prácticas de otro tipo de religión.

La situación fue confrontada por el obispo de la Diócesis de San Cristóbal, monseñor Mario Moronta, quien días después llegó al lugar acompañado de la feligresía, abrió la capilla, recuperó algunas cosas y permitió que continúe su funcionamiento.

Posteriormente, el Jueves Santo no se le permitió a Monseñor Moronta ingresar al Centro Penitenciario de Occidente (CPO) a realizar la eucaristía del lavatorio de los pies con los reclusos, como siempre lo hacía. Días después, la ministra para el Servicio Penitenciario, Iris Varela, dijo que había sido una orden suya porque, a su juicio, el religioso había dejado la sotana para dedicarse a la política. También se refirió en forma despectiva al seminario de Palmira.

El 24 de abril en Rubio, municipio Junín, amanecieron 10 viviendas y la iglesia Santa Lucía marcadas con una cruz de color rojo y la insignia del ELN (Ejército de Liberación Nacional).


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Al sacerdote Richard García, párroco, le lanzaron un panfleto en el cual lo amenazaban de muerte si mantenía su participación en las marchas convocadas por la oposición.

“Voy a las marchas con el pueblo y lo bendigo. No hago más nada para que vengan a amedrentarme“, expresó García ese mismo día.

El último acontecimiento ocurrió en la iglesia Fátima la tarde del 1° de Mayo, cuando un grupo de funcionarios de la Guardia Nacional (GN) ingresó en motocicleta hasta la puerta de la parroquia, presuntamente buscando a dos manifestantes que se habían escondido allí durante la misa.

Cuando el sacerdote Jairo Clavijo interrumpió la eucaristía para saber qué ocurría, fue objeto de insultos por parte de los militares, quienes posteriormente lanzaron bombas lacrimógenas. Los gases afectarona unas 200 personas que se encontraban en el templo: la mayoría niños y personas de la tercera edad.

El padre Clavijo afirmó este jueves que solicitará a monseñor Moronta realizar una misa en oprobio a lo ocurrido. Hizo un llamado a los representantes de los organismos de seguridad para que le pongan freno a las agresiones, por cuanto en cualquier momento un feligrés o un sacerdote pueden resultar afectados físicamente.

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