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sábado, 25 mayo, 2024

Cosechar en los Andes venezolanos: botar las hortalizas por falta de gasolina

Semillas, pesticidas, fertilizantes, mano de obra, combustible y distintas herramientas que se necesitan en los campos venezolanos elevan la inversión en la producción agrícola, en los rubros zanahoria y tomate, entre 1.500 y 10.000 dólares

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Táchira.- Botar hortalizas ha sido el último recurso de los productores agrícolas andinos, quienes no logran llevar sus cosechas a mercados u otras ciudades por falta de gasolina. Detrás de ese acto, no solo hay meses de trabajo que se diluyeron, sino también inversión monetaria que no será recuperada. Es una pérdida en todo sentido.

Los días 18 y 19 de junio fueron detenidos Ysnet Rodríguez y Jhonar Barazarte por supuesto boicot, al desechar cosechas de zanahorias y tomates a ríos por no tener cómo llevarlas ni siquiera a otros municipios cercanos. Esta acción no es nueva y tampoco tiene fines políticos. Juan Almeraida, productor de Trujillo, aseguró que es la consecuencia de la falta de combustible, determinante para los campesinos. 

Almeraida explicó que detrás de los videos que han circulado en redes sociales no se ve el esfuerzo, trabajo e inversión que por meses realizan los productores para tener los sacos de alimentos que pretenden vender en los mercados populares o a ferieros del occidente venezolano. 

Hay cultivos que pueden tardar hasta cinco meses en terminar el ciclo | Foto: Lorena Bornacelly

Cosechas con inversiones elevadas

La inversión que menciona Almeraida supera los 1.500 dólares, en el caso de la zanahoria. Su ciclo puede variar entre los 120 y 150 días. Por lo general, de una hectárea suelen salir 300 sacos de 60 kilos. Cada saco es vendido a puerta de finca a ferieros que los llevan a otros estados del país.

Todo comienza con el arreglo de la tierra, cuyo costo es de 150 dólares. Unos 2 sobres de semillas para una hectárea representan 300 dólares; 100 pacas de gallinaza o abono, 250 dólares; 4 pacas de abono químico, 320 dólares; los agroquímicos, 300 dólares, y la mano de obra para 4 o 5 meses del ciclo, en 500 dólares; más la alimentación de los obreros. Es decir, que el precio aproximado de la cosecha de zanahorias es de 1.920 dólares, sin contar el combustible que requieren para la movilización. 

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A eso también deben sumar el precio del servicio de lavadero agrícola y el desecho de los vegetales no aptos para el consumo humano. Los 60 sacos que en promedio resultan operativos, son vendidos entre 5 y 7 dólares, es decir, que con el precio máximo serían 2.100 dólares en total, que dejan de ganancia 180 dólares al restar la inversión, con los que cubren también gastos adicionales. En oportunidades, la mayor ganancia que perciben es la del consumo de sus cosechas y el intercambio de productos. Por ejemplo, una cesta de zanahorias por 3 kilos de arroz y 3 kilos de pasta.

En las cosechas deben seleccionar los alimentos que pueden o no ser vendidos | Foto: Lorena Bornacelly

Tomate sin mayores ganancias 

El cultivo de tomates se hace por 90 o 100 días. Hay semanas cuando se debe fumigar y abonar, luego amarrar y cosechar; para ello requieren de hasta 15 personas. El agricultor e ingeniero César Ponce detalló que a cada trabajador le pagan 30 dólares a la semana. En promedio, este costo es de 6.000 dólares.

A la mano de obra, se suma que las semillas para una hectárea cuestan hasta 800 dólares. El abono químico, unos 350 dólares. En el caso de los tomates, se requieren alambre y material para amarrarlos y que puedan tener la altura necesaria, este gasto supera los 500 dólares. Al fumigar deben invertir 400 dólares y así garantizar que el cultivo tenga la menor cantidad de pérdida posible. 

Deben comprar el combustible para el traslado de las semillas y demás productos necesarios, también para intentar sacar las cosechas a los mercados. Además, tienen que garantizar la alimentación de los obreros por 90 o 100 días, eso representa al menos 800 dólares más. En total, cosechar tomate puede costar hasta 10.000 dólares, incluyendo gastos de plásticos para cubrir los cultivos, en caso de lluvias.

El cultivo de una hectárea de tomates puede costar hasta 10.000 dólares | Foto: Lorena Bornacelly

“Garantizando una alta producción, viene la lotería del precio: ¿a cuánto vender? El estimado indica que una cesta de 23-25 kilos no puede venderse a menos de 10 dólares, para cubrir la inversión. Lo cual, justo es reconocerlo, en otras cosechas he logrado vender hasta por 30 dólares la cesta, con grandes ganancias. Pero hoy día, el tomate bueno, de primera, lo pagan en el mercado de Coche (Caracas) en 4 o 5 dólares la cesta, en el mejor de los casos”, explicó Ponce. 

Hay escenarios en los que productores optan por no recoger los productos y dejarlos como abono, también los regalan a quienes necesitan, donan a familiares, escuelas y amigos cercanos que logran llegar a buscar las cestas. Al no existir plantas procesadoras de salsas y otras opciones, no pueden hacer más.

La escasez de combustible influye directamente en la imposibilidad de llegar a los mercados, donde les compran a bajos precios las cestas. Hay zonas rurales de Mérida, Táchira y Trujillo donde pasan más de un mes sin recibir gasolina, mientras tienen las cosechas ya cargadas en sus camiones. 

“Lo visto en los videos es una acción individual, condenable desde todo punto de vista social, porque cosechar los tomates para luego tirarlos a un río es contra natura, es pecado, es bochornoso, porque lo que se está botando es comida para la población”, aseveró Ponce. Destaca la desesperación de los productores ante el panorama que viven actualmente.

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Gasolina y contrabando, grandes problemas

La cantidad de alimentos que llega a los mercados venezolanos no es solo de productores nacionales. También deben enfrentarse al contrabando de frutas, verduras y hortalizas desde Colombia, por la frontera del Táchira. La excesiva oferta de los alimentos causa la baja de los precios y, en consecuencia, pérdidas económicas. 

Para los agricultores resulta imposible competir con precios colombianos. Allá, los trabajadores tienen acceso a políticas de créditos, ayudas, facilidad de compra de insumos y variedad de marcas y precios, por lo que los kilos de alimentos son más económicos. 

El problema conocido de la gasolina también resulta más complejo, porque no tienen acceso a la de precio subsidiado, sino a 0,50 centavos por litro. Aunque en algunas oportunidades deben comprarlo hasta a 2 dólares por litro, la realidad actual lo impide.

“Comprar gasolina revendida es imposible para los costos. Ya la ganancia es menos de 500 dólares y con esa se paga también gasolina. La gente no lo ve ni lo entiende, pero no tener el combustible es desesperante. Producimos alimentos, pero no podemos comernos tres toneladas de tomate al mes, por ejemplo. Nadie piensa en los niños, que pierden su infancia viendo a sus papás sufrir por intentar darles una buena vida. O al menos una vida decente”, dijo Rafael Duque, productor de Seboruco, en el estado Táchira.

Duque precisó que en grupos de WhatsApp de agricultores siempre hay quejas por falta del carburante y una opinión constante es sobre la necesidad de establecer mesas de trabajo con las autoridades encargadas, para explicar cómo es el trabajo y esfuerzo de los campesinos. 

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