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martes, 20 octubre, 2020

Cinco días y cuatro noches esperó una pareja para surtirse de gasolina en Trujillo

Anyber Portillo y Alirio Rivas, habitantes del municipio Valera, contaron cómo es pasar cinco días y cuatro noches en espera para abastecer su moto con 12 litros de gasolina. Un sacrificio que ellos consideran injusto pero necesario para obtener este producto imprescindible

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Valera.- Cinco días y cuatro noches parecen ideales para unas vacaciones en pareja, pero para Anyber Portillo y Alirio Rivas, habitantes de La Beatriz, en el municipio Valera, fue el tiempo que invirtieron para obtener al menos 12 litros de gasolina en el estado Trujillo.

Ambos amanecieron abrazados y sentados a orillas de la carretera, frente a la estación de servicio El Bolo, en la mañana del lunes, 21 de septiembre, luego de haber conseguido el puesto número 115 el pasado sábado, en la tarde del 19 de septiembre.

Esperaban poder surtir una de sus motos, con capacidad de 12 litros, esa mañana. Lo consideraban justo tras haber pasado dos noches seguidas en el lugar, pero debido a un inconveniente técnico, esto no ocurrió.

La pareja contó que el tanque de almacenamiento de la estación estaba contaminado con agua. Tuvieron que retirarse y aguardar hasta la tarde del miércoles 23 de septiembre. Cuando Pdvsa culminó los trabajos de mantenimiento, se permitió reorganizar la cola y reanudar el suministro según el cronograma, que presentaba tres días de retraso.

Más de 200 motos

Anyber contó que en esa travesía no estuvieron solos. Al menos unos 200 usuarios, cuyo terminal de placa era 5 y 7, pernoctaron durante esas dos noches en los alrededores de este establecimiento, ubicado en la Avenida 9 de Valera.

El desvelo y la cantidad de vehículos no es casual. En otras estaciones, incluso las dolarizadas, los rechazan, pues esta es la única bomba autorizada por la Zona Operativa de Defensa Integral (Zodi) para atender a los motorizados de la región, de acuerdo al cronograma.

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En consecuencia, a este lugar se acercan, de lunes a domingo, un aproximado de 1.000 conductores procedentes de los municipios Valera, San Rafael de Carvajal, Motatán, Escuque, Rafael Rangel y de las localidades agrícolas de La Puerta y Urdaneta.

En Valera solo hay una estación de servicio autorizada para atender a un más de 1.000 motorizados de la región | Foto: María Gabriela Danieri

Producto imprescindible

Portillo, periodista institucional y vendedora de tortas a domicilio, contó que, hace unos meses, no se hubiera desvelado por combustible, pero la necesidad la obligó a doblegar ese principio.

Ella requiere de su moto automática, de unos 5 litros de capacidad, para movilizarse a su trabajo, buscar ingredientes y, si puede, repartir sus postres. La gasolina no es un producto del cual pueda prescindir.

“Si uno no amanece, no tiene oportunidad de surtir” dijo Portillo, quien relató cómo los motorizados están organizados en cinco listas, de acuerdo al terminal de placa y a espaldas de las autoridades.

Estas hojas, consideradas ilegales, se empiezan a elaborar al final de la semana de cuarentena radical, debido a que en ese tiempo está prohibida la venta de combustible a particulares y todos quieren obtener un puesto privilegiado.

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Sin embargo, aunque se hacen con antelación, estos documentos se actualizan diariamente en la mañana, tarde y noche. Si alguno de los anotados no aparece en el horario de “pasar lista» es tachado y queda “ponchado” para surtir de gasolina.

Organización frente al racionamiento

Esta organización no autorizada surge en respuesta al fuerte racionamiento ejecutado por la GN en las gasolineras, a las cuales – según la gobernación- llega el 10% del combustible necesario para cubrir la demanda del estado.

Los uniformados, contaron Portillo y Rivas, solo recogen entre 170 y 200 cédulas el día del abastecimiento, sin contar las decenas de vehículos de funcionarios de seguridad, que surten con prioridad y sin respetar la fila.

El resto de los motorizados, en su mayoría agricultores, moto taxistas, enfermeros, padres de familia o comerciantes, quedan rezagados, sin derecho reclamar, hasta la próxima semana de flexibilización.

Sin descanso, sin calidad de vida

Alirio, quien es custodio penitenciario en el estado Mérida, explicó que esta situación le impide disfrutar de su familia, especialmente de su hijo de 9 años de edad.

Hace seis meses, correspondientes a la cuarentena por el COVID-19, no había podido visitarlo. Ahora, cuando finalmente está en su hogar, no puede descansar plenamente, porque debe pasar varios días en una gasolinera.

No es cuestión de lujo, comentó, sino de una necesidad real, que no se puede negar. Él debe guardar gasolina para regresar en moto a su trabajo y, en contra de los estereotipos de funcionarios públicos, no tiene prioridad.

“No escapamos a la realidad, nos ha caído la lluvia, hemos dormido en cartones, no tenemos agua, se nos va la electricidad como a todos» manifestó Rivas, quien aunque este miércoles logró acceder a 12 litros, debe esperar otra 48 horas para abastecer la moto de su novia.

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