La Planta Trituradora de Piedra Chema Saher, ubicada en la población de Bejuquero, en el estado Falcón, mermó su producción en 2018. Durante 2019 ha sido nula. Los trabajadores han aprendido a remendar la maquinaria, pero requieren de repuestos que son importados y costosos

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Bejuquero se encuentra en lo que en esta región se llama parroquias foráneas del municipio Miranda, a una hora de la capital de Coro en el estado Falcón, pero su nombre solo figura en casos trágicos de accidentes o en campañas electorales. De resto, es una tierra de nadie: solamente cuentan con un bus como servicio de transporte. El agua hay que sacarla de un tubo en medio de la carretera y llevarla a casa en tobos. No hay trabajo, o sí lo hay, pero no alcanza para comer.

En ese pueblo se encuentra Ibrahím Lara, un hombre de tez oscura y curtida por el sol que espera la benevolencia de una cola para llegar a Coro y resolverse, lo que significa ganar algo de dinero que le permita conseguir comida para él, su esposa y sus dos hijos.

Ibrahim es uno de los trabajadores que forma parte de la cooperativa El Montante, organización que está a cargo de gerenciar la planta de piedra, como la llaman popularmente en la zona. Pero la piedra, que antes fue bondadosa, no da para vivir. La falta de repuestos ha mermado la capacidad productiva de la planta que, de 220 metros cúbicos de piedra que solía picar hasta 2017 ahora, con suerte, produce unos escasos 20 o 25 metros cúbicos. Durante 2019, según cuentan los mismos trabajadores, la producción ha sido nula.

Antes de llamarse Planta Trituradora de Piedra Chema Saher y quedar en manos de sus trabajadores, a través de una cooperativa, la planta era privada y estaba gerenciada por Construcciones Cinafaglione, C.A (Cianca).

Esta empresa, de acuerdo con la reseña de la cooperativa, recibió un financiamiento del Banco Industrial de Venezuela por 2,5 millardos de bolívares (un poco más de 3 millones 700.000 dólares, según el tipo de cambio de la época) que no canceló, por lo que fue demandada por la entidad bancaria. En un acuerdo entre ambas partes, la empresa se declaró en quiebra en el año 2000, extraoficialmente, por una división de la sociedad que la conformaba.

Cianca se desprendió de El Montante para liberarse de la deuda y el banco entregó los terrenos a la Fundación Misión Vuelvan Caras, previo pago del monto adeudado. Los trabajadores quedaron cesantes, entre estos Ibrahim.

Alfredo Vergel también trabajó en Cianca y no dudó en formar parte de la cooperativa para mantener la planta activa. Conformaron un proyecto en el año 2006, que fue presentado al Gobierno Nacional y que finalmente fue aprobado en el año 2008 como la Cooperativa Desarrollo Endógeno Minero El Montante 645 R.L, con el propósito de recuperar las instalaciones de esa planta “y ponerla en funcionamiento para el pueblo”. Desde una transmisión de Aló Presidente, el fallecido Hugo Chávez presentó la nueva empresa.

Bejuquero en la mira

Bejuquero es un terreno agreste, de ese color terroso con toques de verde oscuro que lo hacen lucir desolado. A lo largo de la carretera se observan casas desperdigadas, dejadas a su suerte, un ambulatorio que está cerrado, un centro de conexiones que está cerrado, un abasto que con las santamarías abajo.

Por ello, en 2008 representó un hito importante en la historia de la comunidad la reactivación de la planta trituradora de piedra. La nueva y prometedora empresa fue puesta en marcha con el propósito de “cubrir parte de la demanda de construcción de viviendas, vialidad e infraestructura”.

En la reactivación de la planta, de acuerdo con la reseña del blog de la cooperativa, participaron tres instituciones: la Cooperativa de Desarrollo Endógeno Minero El Montante, con un aporte de 45 % correspondiente a 2.479 millones 990.437,26. El gobierno regional del estado Falcón, a través de su secretaría de Economía Comunal, aportó 1.377 millones 772.465,15, y el propio ministerio de Economía Comunal hizo otro aporte de 30 % correspondiente a 1.653 millones 326.858,18. El monto total en dólares para ese año superaba 2,5 millones, según el tipo de cambio oficial.

Con un crédito de 2 millones 699.33,00 otorgado en julio de 2018 por el Instituto Nacional de la Pequeña y Mediana Industria (Inapymi) se puso en marcha las operaciones de la empresa, que quedó constituida con una participación del Estado de 55% y la Cooperativa para el Desarrollo Endógeno El Montante con 45%. Como presidente de la cooperativa quedó a cargo Raúl Martínez, quien hasta la fecha ejerce el cargo.

En la Gaceta Oficial número 38.600, de enero de 2007, el Ministerio de Economía Comunal designó a Américo Alex Mata García como representante de ese despacho ante la asamblea de accionistas con las funciones de designar y nombrar los cargos de coordinadores en la junta directiva de la Sociedad Industria Venezolana Endógena de la Piedra El Montante.


Hemos estado en Valencia en reuniones para tratar de conseguir lo que nos falta. Esos repuestos son importados, se traen de Brasil, pero nosotros no producimos lo suficiente, menos en dólares, para poder hacer esa compra

Raúl Martínez, presidente de la Cooperativa para el Desarrollo Endógeno El Montante

Entre los varios cargos que ha ocupado Mata en la administración pública se cuentan presidente del Inapymi, integrante de la Comisión de Administración de Divisas (Cadivi) y director de la compañía estatal Industria Venezolana Endógena de Papel, la misma que sirvió de inspiración para los trabajadores de la trituradora de piedra.

En el mes de marzo de 2018, Mata fue sancionado por el departamento del Tesoro de Estados Unidos, lo que implicó la congelación de sus bienes y quedar sujeto a la jurisdicción del gobierno norteamericano. Al finalizar ese mismo mes fue sancionado por el Gobierno de Panamá por “ser considerado de alto riesgo por blanqueo de capitales, financiamiento del terrorismo y financiamiento de la proliferación de armas de destrucción masiva”, tal como reseña Poderopedia.

El presidente de la cooperativa, Raúl Martínez, declaró que se ha reunido con el gobernador de la entidad, Víctor Clark, a fin de lograr las gestiones necesarias para la adquisición de los repuestos necesarios para poner en marcha la trituradora. El más importante es un filtro donde cae la piedra ya triturada, lo que llaman la lavadora, y que ha sido remendada varias veces por los trabajadores. “Ya no da para más”, aseguran.

La Planta Trituradora Chema Saher cuenta con 33 trabajadores activos. “Sobrevivimos como podemos; si nos ponemos a esperar por ellos (el gobierno), no trabajamos”, reitera Vergel.

“Hemos estado en Valencia, en reuniones para tratar de conseguir lo que nos falta; esos repuestos son importados, se traen de Brasil, pero nosotros no producimos lo suficiente, menos en dólares, para poder hacer esa compra”, afirma Martínez.

La idea es hacer un intercambio de materiales con la gobernación, pues en la planta se produce también arrocillo para la construcción de platabandas y polvillo para producir asfalto, que puede ser usado para los planes de mantenimiento del gobierno regional y que actualmente no se aprovechan.

“Lo más difícil son los repuestos. La mano de obra la ponemos nosotros”, acota Martínez. Los trabajadores aprendieron a entenderse con la maquinaria y se convirtieron en sus propios técnicos. Ellos han remendado, soldado, arreglado e improvisado para mantener la planta a flote y tratar de garantizar algo de sustento, ya que si no hay producción no hay pago.

En suspenso

Hierro, tubos, poleas y mucha tierra, la maquinaria que comprende la planta trituradora de piedra El Montante es un espectáculo de ciencia pura cuando está encendida; es la muestra del ingenio del hombre para servirse de la noble naturaleza, pero ahora está apagada y con ella el sustento de los trabajadores.

En septiembre de 2008 la planta recibió dos créditos. Por Inapymi, un monto de 2 millones 671.040 de bolívares fuertes con tres desembolsos destinados a activos fijos, capital de trabajo, investigación y promoción, y otro de Foncredi, de 1 millón 880.148,00 bolívares fuertes, cuyo destino prioritario era la fabricación de un lavador rotativo. Pero ese lavador no funcionó. Vergel cuenta que no tenía la malla necesaria para trabajar la piedra, era más bien para arena, para el trabajo minero. Se lo llevaron y nunca hubo uno de repuesto. Ese fue todo el aporte recibido.

Si bien faltan repuestos, para Alfredo Vergel la planta no produce por falta de voluntad política y mucha burocracia. “Cuando se arma el proyecto para poder obtener créditos, financiamiento, cualquier tipo de aporte, se hacen las diligencias, se viaja a Caracas; entonces cambian el gabinete, a las autoridades y todo queda en nada y hay que empezar otra vez”.

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