El hurto de equipos y materiales, los daños en la infraestructura, la falta de inversión y la desidia han afectado a este centro de estudios. Profesores han hecho grandes esfuerzos para mantener las actividades en esta dependencia, pero advierten que el fruto de 50 años de investigación en el área agropecuaria corre el riesgo de perderse

La Universidad de Los Andes ha sufrido un deterioro constante y notorio durante los últimos 20 años: falta de presupuesto, daños en su infraestructura, migración forzada de sus profesores, estudiantes y personal en general. La máxima casa de estudios de la región se ha quebrado en manos de la delincuencia.

En 2019 se registraron no menos de 60 hurtos en este recinto educativo. El saqueo y el ensañamiento en contra del Instituto de Investigaciones Agropecuarias de la Universidad de Los Andes (Iiap-ULA) ha sido uno de los hechos más graves. Esta dependencia fue desvalijada en los últimos cuatro meses: no solo perdió ventanas, paredes y techos, este centro perdió más de 50 años de investigación.

Árboles frondosos bordean el camino. Santa Rosa es un caserío o sitio poblado del municipio Libertador en el estado Mérida, ubicado a aproximadamente 3,30 Kms de Mérida. Foto Violeta Santiago

En consecuencia, los investigadores, los encargados de diagnosticar enfermedades de plantas y cultivos han suspendido sus trabajos porque no cuentan con las condiciones mínimas necesarias para ejercer sus funciones. El servicio de vigilancia es irregular, por lo cual, quienes trabajan en el (Iiap-ULA) solo suben dos o tres veces por semana al instituto, ya que su seguridad no está garantizada; incide también la problemática de la falta de transporte.

Un camino largo y sinuoso

El Instituto de Investigaciones Agropecuarias de la ULA está situado en la zona conocida como Santa Rosa, una localidad del municipio Libertador del estado Mérida, aproximadamente a tres kilómetros de la capital y a una altura de 2.195 metros sobre el nivel del mar.

La carretera que conduce al Iiap-ULA es estrecha y sinuosa. Luego de atravesar una pequeña localidad, al final del trayecto un portón azul construido hace dos años nos indica que se ha llegado a la institución. La casilla de vigilancia está vacía desde hace meses.


Estudiantes de cualquier institución que pedían apoyo se atendía con todo el gusto y pues ya, no es posible hacer este tipo de actividad

Katty Rojas, profesora

De acuerdo con la reseña de la universidad, el Iiap-ULA fue creado por resolución del Consejo Nacional de Universidades el 29 de junio de 1962. Comenzó sus actividades en septiembre de 1965. En sus inicios estuvo adscrito al rectorado; sin embargo, a partir de 1975, después de un proceso de reestructuración, pasó a formar parte de la Facultad de Ciencias Forestales y Ambientales.

El Cepario se conservaba en las neveras de los laboratorios. Con los saqueos se perdieron 50 años de investigación. Foto: VS

Cronología de una crisis anunciada

Desde el año 2017 el personal del Iiap-ULA ha denunciado constantes hurtos. Indican que los delincuentes no solo han sustraído material de oficina y laboratorio, sino que han causado daños en la infraestructura. Según el personal que labora en Ingeniería y Mantenimiento de la ULA, la inversión para reparar todos los daños está calculada en un millón de dólares.

El primer ataque reportado por el personal del instituto fue el robo de los cables de internet en 2017. Para el 2018, los investigadores aún podían trabajar. Sin embargo, durante el primer apagón nacional en marzo de 2019, los delincuentes dejaron al instituto sin gas, agua, teléfono y electricidad y para finales de año se robaron el techo del laboratorio de fitopalogía.


No ha habido una respuesta contundente de parte de las autoridades o del consejo universitario

Ilka Domínguez, profesora

El Iiap-ULA cuenta con seis laboratorios: fitopatología, entomología, ecofisiología vegetal, diagnóstico de enfermedades bobinas, agronomía general y el de suelo, este último está ubicado en la Facultad de Ciencias Forestales de la ULA y por ello no ha sufrido daños.

«Si nos rompían el techos los remendábamos; reforzábamos las tanquillas para que no se llevaran el cableado eléctrico y, sin embargo, las agresiones continuaban y nos volvían a robar», dijo Katty Rojas, quien es la encargada del laboratorio de fitopatología.

El Iiap-ULA es víctima de quienes se han dado la tarea de acabar con el instituto de investigaciones que en su momento fue el más dotado de las universidades venezolanas. Foto: VS

Rojas, también profesora del área de fitopalogía del Iiap-ULA, narró que en el laboratorio se desarrollaron trabajos que fueron el producto de 50 años de investigación. Encargada de estudiar las enfermedades de las plantas, esta dependencia investigaba los hongos y las bacterias que causan las principales enfermedades que afectan a la vegetación de la región. El cepario de hongos, donde conservaban los microorganismos, ya no existe.

Este laboratorio no solo atendía a estudiantes de la escuela de Forestal de la ULA, sino alumnos de las escuelas granjas, específicamente la Escuela Granja de San Jacinto. “Estudiantes de cualquier institución que pedían apoyo se atendía con todo gusto. Pero ya no es posible hacer este tipo de actividad», indica la profesora Rojas.

Saqueos constantes y daños colaterales

Los laboratorios eran utilizados por los productores de la zona, que necesitaban diagnosticar enfermedades patógenas en sus cultivos agrícolas. Se analizaban y procesaban cerca de 500 muestras al año. Se daba el diagnóstico y las recomendaciones para prevenir y curar los cultivos enfermos. Entre todos los laboratorios se efectuaban cerca de 1.500 muestras al año.

El laboratorio de entomología, al igual que el de fitopatología, sufrió la pérdida de muestras importantes. Encargado de estudiar las plagas de la zona, este lugar de investigaciones ya no cuenta con la colección de insectos perjudiciales para los cultivos de la zona y del país.

La profesora Ilka Domínguez, jefa del laboratorio de entomología, explica que este centro –que inicio sus labores en 1975- fue clausurado de forma indefinida porque delincuentes de la zona dañaron la infraestructura. El agua comenzó a filtrarse y ocasionó el deterioro de los mesones de fórmica así como los escritorios. Por ello, se tomó la decisión de retirar todo el material de estudio antes de cerrar el laboratorio.

Se denuncia, pero todo sigue igual

“No ha habido una respuesta contundente de parte de las autoridades o del consejo universitario”, lamenta Domínguez. La profesora cree que la falta de recursos económicos y la ausencia de voluntad evitan que las autoridades no se acerquen para observar el deterioro del Iiap-ULA.

Dominguez puntualizó que seguirán trabajando pese a las circunstancias en las que está el Iiap-ULA. «No queremos dejarnos vencer por el hampa. Nosotros no nos vamos a quedar de brazos cruzados con respecto a la investigación. Estamos buscando cómo ejecutar proyectos y, a pesar de la crisis y de que no tenemos dinero, conseguiremos los recursos externos para poder mantenernos activos dentro de la universidad», dice la catedrática.


Lo que no han podido robar lo han destruido

Osmary Araque, profesora

Lo que no se pueden llevar lo destruyen

Por su parte, Osmary Araque, quien es coordinadora del laboratorio de ecofisiología de cultivos y profesora de la asignatura de fisiología vegetal en la escuela de ingeniería forestal, explica que este laboratorio también fue víctima de la delincuencia, ya que sustrajeron motores y bombonas de nitrógeno que eran fundamentales para las investigaciones que se realizaban. “Lo que no han podido robar lo han destruido, tal es el caso de las estufas”, remata.

El objetivo del laboratorio de ecofisiología de cultivos es evaluar las respuestas de las plantas en las condiciones climáticas en las que fueron sembradas, examinar el suelo, clima, nutrición.


Nosotros no nos vamos a quedar de brazos cruzados

Ilka Domínguez, profesoa

Araque está a cargo de los invernaderos del Iiap-ULA e informa que estos también quedaron fuera de servicio. “Sustrajeron los techos y tanques del cuarto de riego; así como las computadoras que hacían que el riego fuera automatizado y los motores que se encontraban en el techo”. Lo que aún conservan es porque lograron sacarlo del instituto a tiempo y llevarlo a otras dependencias de la universidad.

El laboratorio de fitopatología se encargaba de diagnosticar enfermedades de las plantas. Foto: VS

Actualmente para poder hacer estas investigaciones, los estudiantes se apoyan en los productores pues estos prestan sus unidades de producción o trabajan en el laboratorio de fisiología vegetal de la escuela de ingeniería forestal.

El desvalijamiento constante en los laboratorios ha paralizado casi en su totalidad la investigación. En vista de las circunstancias muchos proyectos importantes han tenido que ser reestructurados. Pese a esta situación los profesores e investigadores del Iiap-ULA buscan la forma de seguir haciendo su trabajo.

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