Más de 30 familias venezolanas viven en la orilla del río Arauca, afluente que se extiende por casi 300 kilómetros de frontera entre Colombia y Venezuela. Allí niños y jóvenes indocumentados sobreviven al acecho de la explotación sexual y del reclutamiento de los grupos armados. Esta es una historia desarrollada por Rafael David Sulbarán

El calor es punzante, pero la brisa que golpea de este lado del río Arauca, en la ciudad del mismo nombre, logra disimularlo por instantes. El ruido de las lanchas, la gente por doquier vendiendo dulces, café, empanadas o cualquier antojo, hacen de este malecón un lugar de mucho movimiento. A lo largo de esta ribera jóvenes migrantes, niños, niñas y adolescentes venezolanos como Rubén, Valeria, Joaquín, la bebé de María y Jessica, deambulan indocumentados.

El Registro Administrativo de Migrantes Venezolanos realizado en 2018 informa que en Arauca, departamento de los llanos orientales de Colombia, se habían establecido 16.492 familias, de las cuales más de 30 hacen vida a orillas del río.

La cantidad de menores de edad venezolanos que ahora residen en la ciudad colombiana debido a la migración forzada también es alarmante: cerca de 10.000 niños y adolescentes viven allí, según el reporte publicado a fines de 2019 por Cecodap, el centro de investigación sobre derechos de la infancia con sede en Caracas, Venezuela.

Muchos de ellos se instalaron en la ribera del río en condiciones precarias. Pero la segunda semana de abril fueron desalojados por las autoridades debido a la emergencia sanitaria por el brote de coronavirus. Algunos han dicho que volverán después de la cuarentena porque sus formas de sustento están ligadas al afluente. Los que habitaban allí hasta hace días, dormían, comían y trabajan a la intemperie. Varios muchachos, incluso, andaban solos y expuestos a enfermedades y riesgos como la violencia, la explotación sexual, el reclutamiento de grupos armados o delincuenciales, la extorsión y otras vulneraciones a sus derechos.


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“Arauca, ribera al acecho” es una de las historias de la investigación periodística El rastro de los hijos migrantes, realizada entre El Pitazo e Historias que laten, de Venezuela, en alianza con La Liga Contra El Silencio, de Colombia, que cuenta la odisea de niños y adolescentes que han sido forzados a cruzar la frontera entre Colombia y Venezuela en búsqueda de mejores condiciones para vivir. Las historias, que se cuentan en un especial multimedia, son producto de la beca para Proyectos de Investigación Transnacional otorgada por Instituto Prensa y Sociedad en 2019.

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