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martes, 18 junio, 2024

Indígena herido durante ataque militar en el Orinoco: “Nos dispararon a matar”

Momentos de pánico vivieron indígenas warao del sector Cambalache, en el estado Bolívar, cuando fueron atacados a balazos por militares que realizaban un procedimiento de incautación de embarcaciones con chatarra. Al menos tres adolescentes y un adulto resultaron heridos en el violento incidente

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Ciudad Guayana.- Jueves, 3 de febrero. Militares de la Armada Bolivariana comenzaron a disparar en pleno Orinoco, en el estado Bolívar, y Jean Carlos Valenzuela, un indígena warao de 24 años, solo pensaba en una posibilidad: quería sobrevivir para contarlo. Porque de lo que pasa río adentro casi nadie se entera, dice.

Todo comenzó con un operativo de incautación de lanchas que trasladaban chatarra. Jean Carlos Valenzuela asegura que él y otros indígenas pasaron cerca de la embarcación militar mientras se registraba el procedimiento. Los funcionarios intentaron remolcarles el bote, pero ellos no lo permitieron. “Nos dispararon a matar. A matarnos como si les hubiésemos echado plomo a ellos. La curiara estaba llena de sangre”, recuerda.

En la embarcación en la que iban los indígenas están los orificios que dejaron las balas. Foto: Carlos Suniaga.

Otra de las personas heridas es Cruz María Nay, de 16 años. Tiene una lesión superficial en la frente y otra más profunda en la mano. Dice que solo sintió el roce del proyectil en la cara y de inmediato se lanzó boca abajo en la lancha. Unos segundos después vio que tenía el brazo ensangrentado y entendió que la bala también le había alcanzado la mano. Entró en pánico.

Una bala rozó la mano de la adolescente Cruz María Nay, de 16 años. Foto: Carlos Suniaga.

“Ahora tengo miedo de subir a otra lancha”, asegura, mientras se abre la venda que tiene para que todos vean la herida abierta y sin sutura. En el violento incidente también resultaron heridos de bala otros dos adolescentes, de 12 y 13 años, mientras que hay dos niños desaparecidos luego de lanzarse al río, según cuentan las víctimas.

Mientras los nativos gritaban y se escuchaban balazos, en la orilla la comunidad se percató de lo que pasaba. Varios indígenas activaron una lancha para salvar a sus paisanos, quienes estaban nadando en el río. El motor de esa lancha usada para el rescate de los heridos también tiene impactos de bala. “Nosotros íbamos a rescatar a nuestra comunidad y nos lanzaron plomo”, relata un hombre mientras mostraba los rastros de las balas en el motor de la embarcación.

Un hombre muestra el rastro de los disparos en el motor de la lancha con la que rescataron a los heridos. Foto: Carlos Suniaga

¿Qué pasa en Cambalache?

Los heridos que narran lo ocurrido son miembros de la comunidad warao Cambalache, una empobrecida aldea de unas 302 familias asentadas en un extremo del Orinoco, a menos de 20 kilómetros del centro de Puerto Ordaz, en el municipio Caroní del estado Bolívar. La mayoría de las casas son de láminas de zinc, palos y pedazos de plástico. Hay unas pocas hechas de concreto, construidas por la Gran Misión Vivienda durante el gobierno de Hugo Chávez.

En el empobrecido sector Cambalache habitan unas 302 familias warao. Foto: Carlos Suniaga

Los nativos viven de la pesca y algunos tienen pequeños sembradíos, pero otros están en el último peldaño de una cadena de actividades ilícitas, vinculadas principalmente al tráfico de chatarra y combustible. Y no es un secreto: en las calles polvorientas de Cambalache hay tambores usados para almacenar gasolina y, en la orilla del río, montones de chatarra custodiados por camiones que llevan el material hasta la localidad para sacarlo por el Orinoco.

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Cerca de la orilla del río Orinoco, en Cambalache, hay montones de chatarra. Foto: Carlos Suniaga.

—¡No le tomes foto a los tambores! Después van a decir lo que no es —gritó un hombre mientras alguien intentaba fotografiar la escena que revela una de las actividades económicas de los waraos en ese lugar.

El martes 8 de febrero, tres camiones, que presuntamente transportan chatarra, estaban estacionados en Cambalache, a escasos metros de la orilla del Orinoco. Foto: Carlos Suniaga

Dice Jean Carlos Valenzuela que ellos no estaban contrabandeando nada cuando fueron atacados por los funcionarios. “Yo sí estoy claro en que el contrabando de gasolina es ilegal. Yo sé. Y eso es lo que hacen ellos (militares)”, señala.

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Yoli Acosta, una líder comunitaria de la aldea, no niega que algunos miembros de su comunidad incurren en ilícitos, pero cree que por ese pequeño grupo sale perjudicada la mayoría. “Algunas veces nuestros hermanos tienen una conducta muy mala y todos cargamos con toda esa culpa. Un grupo hace lo que hace y entonces la comunidad entera paga por eso”, recalca.

La versión militar

Los funcionarios que les dispararon a los indígenas estaban a bordo de la embarcación PF-41. De acuerdo con la versión oficial, el cargamento de chatarra iba en tres lanchas que los uniformados amarraron al barco castrense para ser remolcadas e incautadas.

Un comunicado de la Estación Principal de Guardacostas Fernando Díaz revela que cuando estaban remolcando las embarcaciones con el material, los militares fueron interceptados por lanchas de metal. “Iban personas con armas blancas y de fuego, efectuando disparos desde la embarcación y desde la ribera”, alega la institución de guardacostas.

Los heridos relatan que el Estado no ha brindado apoyo y en los hospitales la atención fue precaria porque ni siquiera les suturaron las lesiones o suministraron medicamentos. Hasta ahora han recibido ayuda de la iglesia Nuestra Señora de Coromoto, cuyo párroco, José Gregorio Salazar, estuvo en el sector llevando alimentos y trasladando algunos suministros médicos que donaron terceros.

Desde la balacera, afirman los waraos, los oficiales de la Armada Bolivariana han estado patrullando por el río todas las noches. Mientras tanto, los nativos han evitado subirse a otra lancha y navegar río adentro por temor a que la situación se repita.

Desde el violento incidente, los indígenas no han vuelto a navegar por el Orinoco desde Cambalache. Foto: Carlos Suniaga. 

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