527 años después del #12Oct: en Pueblo Blanco la resistencia tiene cara de hambre

Huesos pegados a la piel, barrigas abultadas, piel reseca y rostros hundidos por la deshidratación son parte del drama de los niños y adultos waraos de Pueblo Blanco, en Delta Amacuro, a 527 años del 12 de octubre de 1492

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Las enfermedades endémicas son las causas de la mortalidad infantil en las comunidades. Foto: Melquiades Avila

Delta del Orinoco. Cuando se conmemora este sábado 12 de octubre 527 años de la llegada del hombre europeo a América, los pueblos indígenas continúan viviendo el drama de la miseria, y del abandono por parte del Estado venezolano. Es un resistir permanente, ya no al extraño, sino a la falta de políticas y de atención de los gobernantes de su propio país.

Las condiciones en las que viven los niños y adultos waraos de Pueblo Blanco son la muestra fehaciente de los estragos que ha dejado la desidia de las instituciones gubernamentales con esta comunidad indígena. Sus carencias son la prueba de que a este pueblo no ha llegado la política de atención especial que establece la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela.


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Los niños waraos de esta comunidad, ubicada en la parroquia Juan Millán, municipio Tucupita del estado Delta Amacuro, padecen un cuadro de desnutrición severa y enfermedades infecto gastro intestinales.

Tal es el caso de Marilyan Medina, indígena warao de 18 años con dos hijos, de cuatro y dos años. De acuerdo con su testimonio, ninguno de su familia tiene oportunidad de sobrevivir. “Tengo cáncer«, comenta mientras cubre su rostro para llorar. Sentado sobre un pedazo de cartón que lo protege de la arena se encuentra su pequeño de dos años con un visible cuadro de desnutrición severa. Sostiene entre sus manos un plato con contados pedazos de pescado. El niño quiere llorar, pero su voz apagada y sus membranas resecas no le permiten que brote ni una sola lágrima de sus ojos.

“El hombre se fue, nos abandonó y no sabemos dónde está”, sostiene Marilyan Medina. La familia pernocta en una humilde barraca de cuatro paredes, zinc y estacas que describe el cuadro de miseria infrahumana de la familia warao.

Pueblo Blanco es un caserío asentado en la orilla del caño Macareo, afluente del río Orinoco. Viven de la pesca.

De acuerdo con Eulice Moya, miembro del consejo comunal, en la comunidad conviven 150 familias indígenas sin agua potable, atención primaria de salud y sin red de cloacas. Gracias a unos paneles solares obtiene algo de energía.

Sus niños deambulan descalzos sobre sobre la ardiente arena en busca de un pedazo de verdura y pescado que ayuden a mitigar el hambre. Pueblo Blanco es el reflejo de las 320 comunidades waraos diseminadas en Delta Amacuro.

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