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jueves, 29 octubre, 2020

Venezolanos que duermen en colas de gasolina se cuidan encomendándose a Dios

Los conductores caraqueños intentan adaptarse y protegerse entre ellos ante la realidad de tener que pasar las noches en las calles para poder surtirse de combustible

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Caracas.-«Encomendarse a Dios y la virgen», esa es la respuesta que dan los conductores y sus acompañantes en las colas de gasolina cuando se les pregunta cómo se cuidan para pasar la noche en sus vehículos aguardando un turno para abastecerse de combustible.

A las dos o tres de la tarde ya empiezan a formarse las colas de vehículos que se disponen a pasar la noche en fila frente a las gasolineras de toda Caracas para esperar y poder surtirse de gasolina al siguiente día.

La delincuencia atormenta a quienes toman la decisión de dormir a la intemperie, pero puede más la necesidad. Por eso, muchos de quienes padecen la escasez de combustible durante esta pandemia ya se han organizado por grupos familiares, de amigos y hasta gente conocida en las propias colas a fin de pasar las madrugadas en las calles junto a personas de confianza.

María González es vecina de Mecedores y tiene dos noches haciendo cola en la estación de servicio ubicada al final de la avenida Baralt. Dice que no se duerme y que hay que mantenerse atentos a los delincuentes que merodean por la zona y a los avisos de los guardias que solo vigilan el perímetro más cercano a la gasolinera.

A González le da temor pasar la noche allí, pero asegura no tener otra opción y prefiere quedarse a esperar hasta que llegue la gandola, aunque pasen dos o tres días, que volver a casa sin combustible y sin poder resolver la forma de llevar a su padre a dializarse tres veces por semana.

Foto: Ronald E. Peña

Quienes se aventuran a pasar las noches en las colas por gasolina ya tienen sus dinámicas. Jesús Castillo y un par de amigos estacionan sus carros en la Cota Mil uno detrás del otro, suben las ventanillas, bajan los seguros y tratan de mantenerse alertas a cualquier movimiento fuera.

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«A veces nos salimos y estamos un poco afuera de los carros, pero esto es zona roja de noche y no es que uno se pueda dormir. Por eso todo el mes uno trata de venir acompañado y mientras uno duerme, el otro vigila», contó Daniel Sandoval, quien hacía cola también en La Baralt.

El vecino de La Pastora contó que antes algunas personas dejaban sus carros y se iban, pero que ya nadie lo hace desde que los ladrones abrieron algunos y sacaron las baterías.

La situación es similar al extremo este de la ciudad, donde los petareños, desde que se agudizó la crisis por falta de gasolina en pandemia, prefieren hacer colas de hasta 24 horas para surtir combustible que aventurarse a estaciones de servicio donde no es segura la llegada de las gandolas.

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Por ello, optan por gasolineras como la de El Llanito o Campo Rico, a pesar de tratarse de zonas con altos índices de delincuencia.

Luis Morales y José Blanco han pasado en promedio unas ocho noches en la fila para echar gasolina en la estación «Las Torres» de Campo Rico. Las colas superan las seis cuadras y terminan en Macaracuay, pero quienes hacen cola desde las 6:00 pm de la noche anterior logran surtir a eso de la 1:00 pm del siguiente día.

En esta estación la policía hace una única ronda antes de las 11:00 pm; luego la precaución depende de los conductores, quienes se turnan para dormir, ir a sus casas por comida y hasta resolver alguna emergencia sin perder su puesto en la fila.

William Cárdenas vive en José Félix Ribas y sostiene que para los venezolanos la única opción es arriesgarse para poder movilizarse.

«Los malandros tampoco es que se atreven mucho por aquí, porque la gente está unida y además hay muchos funcionarios en la cola, mucha gente armada que está activa y pendiente de todo… Entre todos los que estamos nos cuidamos», admite Cárdenas.

Foto: Ronald E. Peña

La justicia de las colas

Hace algunos días circuló en redes sociales un video de tres sujetos corriendo desnudos por las calles de El Llanito y gritando la frase «no debo robar». Quienes acostumbran hacer colas en el sitio afirmaron que se trata de unos delincuentes que intentaban robar a los conductores que esperaban su turno en la gasolinera.

«Casi fueron linchados y los motorizados los hicieron correr por todo El Llanito», contó Isaac Avilés, vecino del sector. Explicó que la falta de vigilancia y acompañamiento policial a quienes hacen colas es la razón de este tipo de hechos.

La falta de patrullaje es denunciada incluso en zonas como Las Mercedes, donde los usuarios en su mayoría vienen de valles del Tuy, Guarenas o La Guaira y aseguran que los delincuentes en moto se aprovechan de la certeza de que los conductores manejan divisas para poder pagar la gasolina.

Como Avilés, muchos se encomiendan a Dios y tratan de pasar la noche despiertos en las colas. Pero, pese a la medida de hacer justicia y dar lecciones a los delincuentes, vecinos de esta zona advierten que en la madrugada pasan personas viendo hacia los carros y tocando puertas y ventanas con la excusa de pedir cigarros o comida.

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El señor Henry Hernández es taxista y ha pasado hasta cuatro noches seguidas en esta cola de El Llanito. Asegura que mientras más atrás se está, mayor es el peligro.

Sin embargo, los vecinos de cola se las arreglan para acompañarse, apoyarse y lograr el objetivo final: salir de las gasolineras con sus carros listos para rodar una semana más y volver a la nueva rutina de dormir en las calles por gasolina.

Foto: Ronald E. Peña
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