Vecinos están a punto de ser tragados por un hueco en la Petare-Guarenas

9 viviendas habitadas por 17 adultos y 5 niños y niñas en el sector Llano Alto, de la carretera vieja Petare-Guarenas, quedaron en alto riesgo, luego de que el pasado 24 de junio las lluvias provocaran un hundimiento que amenaza con tragarse las casas

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Caracas.- Los periquitos no se salvaron. El remolino de tierra que el 24 de junio salió de la nada y se tragó parte de un estacionamiento del sector Llano Alto, en el kilómetro 11 de la carretera vieja Petare-Guarenas, se llevó a esas mascotas a las que no pudieron sacar a tiempo y con ellas los más de 20 años que las 9 familias, cuyas casas quedaron en riesgo, invirtieron en esas paredes de bloques con techos de zinc que eran sus hogares.

El Día de San Juan, el aguacero les confirmó a los vecinos de este sector de Caucagüita que vivían sobre una bomba de tiempo. Hace más de siete meses que la preocupación los embargó cuando uno de los anillos de canalización del río Guaire, que está justo debajo de su comunidad, se separó de la estructura y agrietó la carretera. Entonces taparon algo del deslizamiento que ya se notaba en unas casas con piedras y escombros, pero no fue suficiente.

El señor José Mas y Rubi escuchó cuando el dueño de ese estacionamiento que se ve desde el segundo piso de su casa pidió a su nieto que buscara a los loros y “gracias a Dios no le dio tiempo, porque el hueco se habría tragado al niño también”.

Cerca de las 3:30 pm, José y su esposa Rosa empezaron a sacar sus cosas a la calle bajo el aguacero. “Yo agarré lo que más pude y salí de ahí, dejé 23 años en esta casa”, contó Mas y Rubi con los ojos brillantes.

Y, aunque no ha parado de llover por estos días, los vecinos se debaten entre abandonar sus viviendas y desarmarlas para quitarles peso o intentar rellenar el megahueco para seguir adelante.

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Los vecinos de la comunidad de Llano Alto recibieron la visita de Protección Civil y los Bomberos de Miranda que censaron a los afectados | Foto: Ronald Peña

Qué hacer

La comunidad ha sido visitada por funcionarios de Protección Civil y Bomberos de Miranda, quienes determinaron que se trata de nueve viviendas afectadas en las que viven 17 adultos y 6 menores de edad. Las autoridades ordenaron el desalojo de 3 de las casas y dejaron a las otras 6 en alerta, pero todos tienen miedo.

“Nosotros podemos recuperar el sector y por eso estamos pidiendo que nos ayuden a traer arena, piedra y escombros, porque hace años se dañó la carretera y así la reparamos y yo creo que puede ser igual”, dijo Yaneth Martínez, miembro de la Comuna La Fortaleza del Waraira Repano, a la que pertenece este sector.

Pero su fe de poder arreglar las cosas choca con el desánimo de otros vecinos que creen que el terreno seguirá cediendo y que esperan una ayuda equivalente a una nueva vivienda. José Gregorio López también debió desalojar su vivienda y el susto de estar en la calle le produce desarreglos en su presión arterial y una desazón tan profunda que se manifiesta en su organismo.

Los damnificados guardan sus cosas en las casas de vecinos o galpones que les han prestado en la misma localidad | Foto: Ronald Peña

“La casa se mueve, nos mandaron a desocupar y yo no tengo para donde irme porque esto, este techo es lo único que tenía… Ese día temblaba el piso y todo el mundo me decía que me saliera, pero yo tenía que salvar al menos mis cosas”, contó López.

En el sector, adyacente a la Pollera Ávila, la mayoría de sus vecinos ha edificado sus viviendas trabajando en el negocio de los pollos, pero hoy están seguros de que lo que ganan no les alcanzará para empezar de nuevo.

“Que vengan y nos ayuden, necesitamos que vengan, no que nos den una palmadita en el hombro… Eso es lo que nosotros pedimos, ayuda. No una bolsa de comida o una colchoneta, porque con eso no hacemos nada. Que vengan, porque si el Gobierno tiene plata para hacer campaña, tiene plata para ayudarnos a nosotros, para meter aquí donde todavía hay solución”, es el grito desesperado de Kiansi Garnica, una vecina que se volvió a quedar en la calle con el talud de tierra que no deja dormir a la gente de Llano Alto.

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