Urbanización Juan Pablo II de Montalbán enfrenta necesidades con organización vecinal

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El 27 de enero de 1985, Karol Jósef Wojtyla, conocido también como el Papa san Juan Pablo II, realizó una misa multitudinaria en los terrenos en donde se construyó después una urbanización que en honor lleva su nombre. Pasados 34 años, los casi 9 mil copropietarios de los 10 parques acuden a la organización vecinal para sobrevivir frente a las necesidades que diariamente les toca enfrentar, como tener de vecinos a varias edificaciones de la Misión Vivienda.

«La Urbanización Juan Pablo II era todo un boom en los años 80, todo venezolano profesional que aspiraba en grande quería vivir en ella. El hecho de que allí el Papa Juan Pablo II realizó unas de las misas más bonitas en toda Latinomérica para ese tiempo, ayudó a que muchos se enamoraran de este complejo habitacional», comentó con nostalgia Giselle Quijano, líder social y coordinadora del grupo Montalbán en Movimiento.

El proyecto original del arquitecto Jack Dornbusch contemplaba un total de 25 residencias llamadas «Parques» y numeradas consecutivamente; sin embargo, por problemas presupuestarios sólo se construyeron 10 parques residenciales. Este complejo urbanístico ubicado en el suroeste caraqueño manejaba el concepto de unir los Parques con las áreas comerciales, sociales y de recreación a través de caminerías con amplios espacios para jardines, implementando puentes peatonales. Hoy, pocos son los jardínes que están en buen estado.

En los años 80 la Urbanización Juan Pablo II fue una de las edificaciones residenciales con el perfil más moderno en todo el suroeste caraqueño, actualmente,sus residentes sobreviven a la inseguridad y a la falla de servicios públicos. Foto: Luis Cáceres

La presencia de habitantes de la Misión Vivienda, vecinos impuestos, según varios de los consultados en la visita realizada por el equipo de El Pitazo en la Calle representa un riesgo diario para sus espacios y habitantes. Son pocos los residentes que actualmente disfrutan de las áreas comunes por temor de ser robados.

Betty Longa, habitante, dijo que ya quedó en el recuerdo como una de las primeras construcciones residenciales con un perfil claro de modernidad, en el que el residente contaba con todo lo necesario para vivir tranquilo, desde comercios, preescolares, espacios de recreación, entre otros.

«Pasar un rato con los vecinos caminando, disfrutando de las aŕeas verdes, disfrutar de un dulce, de un helado, tranquilos ya está comprometido porque no sabemos a qué hora nos puedan robar y lo más irónico, que son vecinos, venezolanos que se niegan a entrar por el carril de la buena educación, de los valores, que pareciera que dañando nuestros espacios les hace sentir bien«, afirma.

Pirámides de necesidades

Quijano explicó que, como copropietaria fundadora, tuvo la suerte de vivir días de felicidad en que recibía las navidades en la calle con sus vecinos, en su plaza central escuchando música en vivo de los grupos de gaita del momento. «Era otro tiempo, otro país aunque se escuche ilógico, hoy para sobrellevar nuestro día a día nos tocó organizarnos«, recuerda.

Los edificios de esta urbanización tienen una forma característica, pues parecen pirámides. Sus habitantes, la mayoría, no pueden esconder sus gestos de apatía y comodidad, lo que hace que sean pocos los que asuman las responsabilidades y necesidades a resolver.

Pocos son quienes se encargan de las tareas que deben ser tratadas por toda la comunidad, recalcó Quijano. «Tenemos mucha fe de sumar cada día a copropietarios porque nos toca vigilar nuestros espacios, revisar, armar programas, planes de contingencia, inclusive actividades fuera de la urbanización».

«Parecen que los de la Misión Vivienda disfrutan dañando nuestras áreas verdes y comunes, ya no hallamos cómo explicarle que podemos convivir sin necesidad de dañarnos, de que nos roben», recalcó Betty Longa, vecina del Parque cuatro. Foto: Luis Cáceres

Trabajo en conjunto

Zdzislaw Lodygo, a quien los vecinos llaman «padre Santiago», es el párroco de la iglesia La Visitación de la parroquia Juan Pablo II. Ana de García se confiesa agradecida con el trabajo del padre, pues «es un gran párroco, trabajador, colaborador, conciliador, que brinda una atención especial a toda su feligresía»

Destacó que cada mes, organizan los domingos la Olla Solidaria, hecho que permite darle un plato de comida a los más necesitados de la zona, que son en muchos de los casos lo que acechan, enturbian la tranquilidad de los vecinos de la Urbanización Juan Pablo II

«Ya no hallamos cómo explicarle a los niños, jóvenes, adultos, habitantes de la Misión Vivienda que nos construyeron cerca sobre la necesidad de que respeten nuestros edificios, nuestras construcciones; cuando no hay agua nos dejan hasta sus heces, la basura, ya no hallamos qué hacer porque están destruyendo nuestros espacios, robando, se la pasan merodeando«, denunció Elena Montañez, habitante del Parque residencial número Cuatro.

La Iglesia La Visitación de la Parroquia Juan Pablo II organiza cada mes una olla solidaria para ayudar a los más necesitados del sector. Foto: Luis Cáceres

Quijano explicó que desde hace más de 20 años tienen dañada la compactadora de basura y el tanque de agua construida para toda la urbanización. En el lugar, El Pitazo en la calle pudo verificar que sus espacios no sólo están abandonados sino que están invadidos por una familia con niños que se resisten a desalojar el lugar.

«Teníamos activo un tanque grande con una capacidad considerable para líquido pero con la exigencia que nos impusieron de compartir con los vecinos de la Misión Vivienda se daño, no se pudo reponer un repuesto, después por el poco flujo de agua tiene partes que se están oxidando, ésta es una de las necesidades que nos quita el sueño; no siempre podemos cancelar las cisternas, que hasta en dólares quieren que se las paguemos”, comentó la habitante del Parque 3 Milagros Mendoza.

Quijano añadió que desde el grupo de Whatsapp Montalbán en Movimiento se organizan. «Por el momento somos pocos. No superamos los 300 participantes porque otros son invitados pero desde este medio de comunicación nos organizamos para ayudar a vecinos o personas de otras comunidades necesitadas de medicinas, comida».

Para los años 80 sólo el conjunto residencial Juan Pablo II contaba con una compactadora, hecho que hacía más fácil la recolección basura, hoy está abandonada.Foto: Luis Cáceres

Cuando ocurrió la masacre de indígenas Pemón, el 23 de febrero, vecinos de Montalbán junto con los de la parroquia El Paraíso recabaron comida no perecedera y ropa para donar a esa tribu. También se organizan con el fin de protestar por la falla de servicios, hacer cursos de confección de papagayos y motivar a los otros habitantes de su urbanización a ser más activos en sus comunidades.

Acotó que desde Montalbán en Movimiento se han organizado talleres formativos con especialistas del momento que le explicaron a vecinos e invitados de ciertos conocimientos legales que no entendían. Han hecho también talleres de maquillaje, de convivencia, «en los espacios de la oficina de macrocondominios funcionaba desde el año 1986 todo un equipo de prensa, tenía hasta una radio, hacían un tipo de mini periódico, un magazine cultural, y nos quedamos sin esto desde que se fue hace más de 10 años su fundador».

“Con el problema eléctrico actual nos toca a los de más edad, subir las escaleras, sufrimos más lo que vivimos en los pisos más alto, por suerte todavía funcionan algunos ascensores”, explicó Milagros Mendoza, habitante de esta urbanización. Foto: Luis Cáceres

Los vecinos consultados en el recorrido indicaron que se le hace cuesta arriba a la feligresía de la Iglesia La Visitación el pago por la  reparación de su techo. En este sentido, esperan la ayuda de fundaciones, organizaciones privadas para ver sí es posible incluso organizar intercambios que beneficien a ambas partes.

Quijano comentó que recientemente logró charlar con uno de los organizadores del grupo Tupamaro de la Misión Vivienda, para buscar acuerdos que permitan ayudarse mutuamente. «Esperamos organizarnos, creo que si trabajamos en conjunto podemos lograr ayudar a su población infantil, ya que la idea es sumarlos a ellos para tratar el tema de la inseguridad. Lo importante es que ya iniciamos estas conversaciones«.

Los vecinos consultados por El Pitazo en la Calle indicaron que otro de los aspectos que esperan tratar bajo su perfil de contralores,es el sobreprecio de los vegetales y frutas del mercadito que instalan cada cierto tiempo en su comunidad. Foto: Luis Cáceres
El equipo de El Pitazo en la Calle cumplió con los vecinos de esta urbanización ubicada en el suroeste caraqueño, escuchó sus necesidades y propuestas. Foto: Luis Cáceres
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