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miércoles, 25 noviembre, 2020

Playas de Vargas se llenan de turistas para los que el COVID-19 ya no existe

Desde Catia La Mar a Naiguatá, las playas del litoral central lucieron llenas de bañistas. Ninguna norma de las expuestas por el Ministerio de Turismo fue respetada: ni tapaboca, ni distanciamiento. Fue como si el COVID-19 no existiera

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La Guaira. Ana Ponce llegó al balneario de Playa Candilejas en la parroquia Urimare, al oeste del estado Vargas, a primeras horas de este sábado 24 de octubre. Venía con su familia. Al entrar al balneario, los cinco integrantes del grupo familiar se quitaron el tapaboca que traían puesto en el autobús, que los trajo desde Gato Negro a los espacios del popular espacio recreativo.

Ponce y su familia no eran los únicos sin tapabocas, o guantes o algún tipo de protección contra el COVID-19, el virus convertido en pandemia, que es el motivo principal para el cierre de las playas en Venezuela por los últimos siete meses. Este 24 de octubre fue el primer sábado con playas oficialmente abiertas, tras la decisión del gobierno de Nicolás Maduro de autorizar la reactivación de espacios turísticos en semana de flexibilización de la cuarentena.

Así, en la costa litoralense, el virus fue tratado como una leyenda. Nadie usaba tapabocas y hasta los trabajadores playeros lo tenían puesto, pero en la frente o en el cuello, sin proteger la nariz o la boca. Ninguna norma de las expuestas por el Ministerio de Turismo fue respetada: ni tapaboca, ni distanciamiento. Mucho menos el ingreso de solo 40% del aforo de la playa.

“A uno cuando tiene gripe lo mandan a la playa. Así que aquí no debe haber ningún coronavirus. Si ninguno de nosotros lo ha agarrado en el bulevar de Catia donde hay un gentío, no creo que nos vaya a dar nada en el balneario”, refirió Ponce, quien reside en Los Frailes de Catia.

En las ocho playas recorridas por El Pitazo este sábado, la postura de Ponce, fue replicada por otros consultados, la gran mayoría residentes de Caracas, para quienes “lo del coronavirus es cosa del pasado”.

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“Los casos están disminuyendo y aquí en la playa no te va a dar coronavirus porque el agua salada mata todo eso”, aseguró convencido Jefferson Mata, desde playa Surfista en Mare Abajo.

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Hacia el este de la entidad, las playas emblemáticas como Camurí Chico, San Luis, Alí Baba, Bahía de los Niños, Playa El Yate y Los Cocos, lucieron abarrotadas de bañistas. Era como si el tiempo de cuarentena no hubiera existido y se viviese un fin de semana de gran afluencia, de esos que ocurren en temporada alta, como carnavales o Semana Santa.

“La verdad es que esperábamos esto. La gente está cansada de estar encerrada y se vinieron a las playas del litoral a pasar el día. La afluencia ha sido gratificante y nos ha ido bien con las ventas y el alquiler de toldos”, relató Ramón, un mesero en Camurí Chico. Al preguntársele, el por qué no usaba el tapabocas, respondió que, “nadie se pone tapabocas en la playa, quien va a querer que le quede el tapabocas marcado con el sol. Ni se van a bañar con el tapabocas puesto”.

Playas llenas de gente, sin ningún tipo de alejamiento o medidas de protección para el COVID-19 fue lo que se observó este 24 de octubre en Vargas | Foto: N. Noriega

El desconocimiento o las falsas creencias, también se fueron para la playa. «Nosotros nos tomamos un antialérgico y un acetaminofén antes de venir a trabajar, y así nos protegemos. Otros meses sin trabajar y pasando un cable no lo aguantamos»,refirió César Rivas, quien labora en playa Los Corales.

En cuanto a los precios, se pudo confirmar que toda la oferta de las playas litoralenses ha sido dolarizada. Un toldo con dos sillas en cinco dólares y el estacionamiento del vehículo, un dólar. La comida es variante y depende del plato que se solicite. Los tostones playeros van desde cinco a diez dólares, un pescado oscila entre 10 y 25 dólares por plato y se disponen de combos de dos empanadas con malta en dos dólares.

La práctica de muchos de llevarse todo listo desde casa, se mantuvo en este retorno en pandemia a las costas.

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