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jueves, 26 noviembre, 2020

Trabajadores del Parque Nacional Macarao cuidan 15.000 hectáreas sin equipos

El puesto de guardia es una casa con paredes y pisos agrietados y sin agua potable. Guardaparques hacen las veces de bomberos y también desmalezan el lugar

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Caracas.El puesto de vigilancia La Culebra queda a cinco kilómetros del pueblo de San Pedro de Los Altos. Desde allí, dos guardaparques vigilan y cuidan la parte sur del Parque Nacional Macarao, que tiene 15.000 hectáreas, está ubicado en las cuencas de los ríos Macarao, San Pedro y El Jarillo y une los estados Miranda, Aragua, Vargas y al Distrito Capital. La estructura en la que se refugian los trabajadores para cumplir sus guardias de 24 horas es una casa con fisuras en las paredes, levantamiento del piso, filtraciones, humedad y un techo de bambú que se está cayendo.

Guardaparques cumplen guardias de 24 horas. Inparques no garantiza ni transporte ni alimentación. | Foto: Bárbara Rodríguez.

La indiferencia del Estado o la falta de voluntad de las autoridades del Instituyo Nacional de Parques (Inparques) se traducen en 118 guardianes desamparados. Aunque, quienes trabajan allí aseguran que solo hay 80 personas operativas. Para una extensión como la de este parque, debería haber 250 trabajadores, sin contar las cuadrillas de mantenimiento y los equipos de bomberos forestales que no existen y cuyas tareas son asumidas por los guardaparques. En agosto de 2019, Nicolás Maduro aseguró haber certificado a 8.000 funcionarios, pero los guardianes del Parque Nacional Macarao insisten en que no hay más de 3.500 en todo el país.

El puesto de vigilancia La Culebra está deteriorado y en riesgo de caerse, según los trabajadores. | Foto: Bárbara Rodríguez.

Cuando hay incendios forestales, los atacan como pueden. Explican que estos son todos provocados, contrario a la creencia de que las condiciones climáticas son las que los ocasionan. La mayoría son producto de la caza. Los guardaparques explican que muchos cazadores prenden fuego a una parte para que los animales corran hacia ellos. Ese fuego no es controlado y destruye la vegetación a lo largo de kilómetros.

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Hace seis meses, incendios forestales acabaron con kilómetros de vegetación. Los guardaparques no cuentan con el equipo para combatirlos. | Foto: Bárbara Rodríguez.
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El equipo que cuida el parque desde La Culebra quiere construir un nuevo puesto, con las condiciones para cumplir con sus guardias: con cocina a gas y no el fogón que utilizan ahora; con camas y colchones limpios y no los que ahora están llenos de polvo; con herramientas suficientes para todas las cuadrillas y no con las tres linternas con las que ahora deben resolver; con un sistema hidrológico planificado y no con la toma improvisada de la que ahora se surten de agua.

La casa en la que hacen las guardias no tiene nevera ni cocina. Los que pueden preparar, lo hacen a leña. | Foto: Bárbara Rodríguez.

Aunque quienes pasan sus días entre pinos y eucaliptos aseguran que aman su trabajo, demandan mejoras laborales y un salario que les permita cubrir sus necesidades básicas, como lo establece el artículo 91 de la Constitución.

Trabajadores planean construir un nuevo puesto de vigilancia, pero no cuentan con los recursos. | Foto: Bárbara Rodríguez.

Un guardaparques devenga un sueldo de 1.200.000 bolívares, lo que equivale a 2,6 dólares de acuerdo con la tasa de cambio oficial. Uno de los trabajadores explica que su salario mensual es lo que gasta en comida para un día de guardia, porque Inparques no garantiza la alimentación de sus empleados. Tampoco reciben bonificaciones ni cajas con productos subsidiados por el Estado.

Quienes vigilan el parque pasan sus días entre pinos y eucaliptos. | Foto: Bárbara Rodríguez.

Para poder resguardar y limpiar la parte sur del parque, los vigilantes debieron comprar sus uniformes. Desde hace dos años, cuenta, no ha habido dotación de indumentaria ni zapatos. No hay automóviles de cuatro ruedas, mucho menos, especiales para montañas; solo cuentan con dos motocicletas para todo el parque y son los empleados los que deben cubrir los gatos de mantenimiento.

Los uniformes y las botas que tienen los guardaparques fueron comprados con sus salarios. | Foto: Bárbara Rodríguez.

La desatención del Estado es también a la flora y la fauna del parque, que fue declarado en grado de protección nacional en 1973. La cuarentena por la propagación del COVID-19, explican los guardaparques, fue beneficiosa para la vegetación que recuperó y reocupó espacios; pero, de igual forma, siempre es necesario podar y examinar qué troncos deben ser talados para evitar accidentes y eso también deben hacerlo ellos con la única sierra que hay en todo el territorio.

Aunque admiten su pasión por lo que hacen, le exigen al Estado que cumpla con su obligaciones. | Foto: Bárbara Rodríguez.

Para los guardianes del Parque Nacional Macarao, es un compromiso cuidarlo y protegerlo y no piensan abandonar sus tareas, pero sí le exigen al Estado que cumpla con sus obligaciones. Insisten en las bondades del lugar y en por qué es tan importante: tres nacientes de agua natural le otorgan riqueza hidrológica; su ubicación permite la conexión entre varios estados y es un territorio desde el que se puede impulsar el territorio y la conservación de los parques naturales de Venezuela.

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