Testimonios del apagón nacional: sin electricidad, se cocina a leña o se come poco

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Caracas.- La falla eléctrica que afectó a 22 de los 23 estados del país a partir del jueves 7 de marzo dejó a las familias venezolanas desprovistas de todos los servicios y privados de necesidades básicas como la alimentación. Quienes utilizan cocinas eléctricas debieron ingeniárselas; algunos prepararon los alimentos a leña, otros con cocinas artesanales o improvisadas y otros contaron con la ayuda de sus vecinos.

La familia de Paula González tiene dos cocinas en casa y ambas son eléctricas. En Colinas de Los Ruices, zona de la capital en la que viven, hasta el lunes 11 de marzo no había llegado la luz. El papá de Paula tenía meses sintiendo que podría haber un colapso del sistema eléctrico del país, por lo que había estado comprando leña y comida enlatada.

El día que comenzó el apagón, una vecina les prestó su cocina a gas para calentar la comida que ya tenía hecha; pero luego de eso, su solución fue preparar todo a leña. Luego, tuvieron que comprar una planta pequeña para mantener encendido el freezer y así conservar la carne; incluso, un tío de Paula fue desde Santa Inés para guardar algunos alimentos que ya se le estaban dañando.

Pero no todos pueden obtener una planta, aunque sea pequeña. Luis González, quien vive en Santa Mónica, comió una o dos veces entre el jueves y el domingo, solo para aguantar los días más duros del apagón. Preparaba algo de pasta con un poco de carne en casa de algún vecino, algo que no requiriese mucho tiempo “para no abusar”.


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Zairet González también cocinó a leña, pero no estuvo sola: ella, una amiga y otras dos vecinas se reunieron para preparar una parrillada en el balcón de una de ellas. La primera noche de total oscuridad comió pan con algo de queso. Al día siguiente salieron a conseguir madera para utilizarla como carbón. El sábado las carnes ya comenzaban a dañarse y prepararon todo lo que tenían en sus congeladores; además de ellas, comieron los dos vigilantes y el conserje de ese conjunto residencial de El Rosal. Lo difícil fue limpiar el apartamento una vez que llegó la luz, porque todo el humo y las cenizas llenaron el interior del lugar.

David Moreno, vecino de la parroquia Altagracia, había comprado hace algún tiempo una cocina de camping, que funciona con una pequeña bombona de gas que es desechable. Con ella, pudieron cocinar viernes, sábado y parte del domingo. No tener luz no les impidió comer, pero supo de vecinos que necesitaron el apoyo de otros para alimentarse esos días.

En Manzanares, la electricidad no se restableció en ningún momento del fin de semana. El jueves del apagón, Scarlett Lentini y su familia no tenían nada para comer. La falla, como a casi todos los venezolanos, los tomó por sorpresa y no tenían una reserva de alimentos. Los demás días cocinaron en casa de una vecina: arepas y pasta, siempre algo simple. El lunes y el domingo las comidas fueron galletas con algo de carne que había quedado. La luz llegó, por fin, el lunes 11 de marzo a mediodía.

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