Tala de árboles en Caracas: expertos cuestionan falta de criterios y permisividad gubernamental

En Venezuela podría estarse presentando una patología denominada dendrofobia, la cual genera rechazo, repulsión y hasta incomodidad por los árboles y arbustos, explica Elides Sulbarán, ingeniero forestal, en entrevista telefónica para El Pitazo

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63.5% de los participantes de la encuesta publicada por El Pitazo en Twitter, aseguró que no apoyan la tala de árboles mientras que el 21.4% lo aprueba sólo si el árbol está enfermo | Foto: cortesía redes sociales

Caracas.- La tala indiscriminada de árboles en el Área Metropolitana de Caracas en lo que va del 2021 ha provocado que usuarios en redes sociales rechacen estas acciones. De acuerdo con el seguimiento que ha hecho Ciudad Laboratorio, un promedio de 309 árboles fueron removidos en cuatro de los cinco municipios de la ciudad capital. ‘‘Desde el 20 de mayo y el 17 de junio de este año, solo en Chacao se registraron 34 eliminados, 44 amenazados y 24 podas severas’’, cita el artículo.

Entre las especies que han desaparecido figura El Ficus centenario de la Av. Los Mangos de Los Chorros, un ejemplar matapalo que fue declarado patrimonio cultural y resultó talado el 19 de octubre del presente año. Hasta el momento ninguna autoridad del gobierno de Nicolás Maduro se ha pronunciado al respecto.

Por otro lado, la sustitución del arbolado urbano de la autopista Francisco Fajardo por Phoenix dactylifera, mejor conocida como palma datilera, y la colocación de estructuras metálicas con forma de palmera ha generado indignación en la población caraqueña. Con respecto a su origen, Daliana Amparán, directora del Instituto Público Neoespartano para el Ecosocialismo, cuenta que esa planta proveniente de Margarita también forma parte del patrimonio natural desde el año 2000, y ‘‘supuestamente está siendo trasladada hasta Caracas y entidades de Falcón para la decoración de espacios ornamentales sin contar con los permisos correspondientes’’.

En una encuesta publicada por el El Pitazo, en la que participaron 345 personas, para conocer qué opinan los lectores de la tala indiscriminada de árboles en el Distrito Capital y en el interior del país, 63.5% aseguró que no apoyan esas acciones mientras que el 21.4% lo aprueba sólo si el árbol está enfermo. Asimismo, desean una ciudad con más zonas verdes libres de concreto y la tala consciente.

Gestión transparente

Alejandro Luy, gerente general de la Fundación Tierra Viva, sostuvo en entrevista telefónica con El Pitazo que los ‘‘los árboles no son un ser vivo que simplemente se siembran y ya está’’, ameritan mantenimiento, ser podados, remover plantas parasitarias y sanar a aquellos que estén enfermos. Talarlos es la última opción.

Cada vez que se tala un ejemplar se deben sembrar ocho o más, de acuerdo con los lineamientos de la Ley de Bosques.

‘‘Lamentablemente estamos viendo que la gestión sobre el arbolado urbano se limita a machetear en el mejor de los casos, ya que no es una poda, sin ningún criterio ni metodología para determinar si el árbol es o no una amenaza’’, advierte el también licenciado en biología.

Para poder remover un ejemplar, que dependiendo de la especie tarda 10 años en alcanzar la madurez, es fundamental que las alcaldías organicen un plan de poda con fecha y especificación de los árboles que eliminarán según un estudio previo. ‘‘Se necesita transparencia’’, resalta Luy.

Elides Sulbarán, ingeniero forestal, profesor de la Facultad de Ciencias Forestales y Ambientales de la Universidad de Los Andes y ex-funcionario de Inparques, coincide con el gerente general de la ONG en que los gobiernos municipales ‘‘conceden con manos muy ligeras las autorizaciones para que sean eliminados árboles centenarios que son patrimonio simbólico de las comunidades para que allí se instale el comercio’’.

En el régimen legal de Venezuela se presenta un listado de árboles protegidos o preservados que necesitan una autorización del Ministerio del Ambiente para ser talados, algunos de ellos son: Ceiba (Ceiba Pentandra), Caobo (Swietenia macrophylla) y el Samán (pithecellobium saman).

Zulma Bolívar, urbanista, insta a los venezolanos y a las 335 alcaldías a realizar un esfuerzo por reforzar las normativas y adecuarlas a la prevención del cambio climático, reducir las emisiones de carbono y proteger la vegetación que tenemos.

‘‘Hay que tener una visión integral del problema, separar quiénes son los responsables del ecocidio y cumplir con las normas que ya tenemos. Todo está escrito’’, comenta la ex presidenta del Instituto Metropolitano de Urbanismo de la antigua Alcaldía Metropolitana haciendo referencia a la Ley Forestal, a la Ley Penal del Ambiente, a la Ley de Bosques y las leyes de desarrollo urbano.

¿Existen indicios de dendrofobia?

Caracas se ha caracterizado por el verde, el fresco y la vasta cantidad de árboles. Con el paso del tiempo ha proliferado la tala y poda severa de los árboles, antes ya ocurría de manera irregular, pero ahora podría estarse presentando en todas las regiones una patología denominada dendrofobia, la cual genera rechazo, repulsión y hasta incomodidad por los árboles y arbustos, explica Sulbarán en entrevista telefónica para El Pitazo.

Aún sabiendo que los árboles aportan sombra, nivelan la temperatura del ambiente y son una fuente de oxígeno, la opción de tumbar un árbol parece ser atractiva para aquellos ciudadanos que tienen poca visibilidad para vigilar sus vehículos o para estacionarlos sin dificultad. A ese planteamiento se le suman las decisiones oficiales con respecto a la construcción de obras, donde ‘‘no se toma en cuenta la protección del patrimonio natural y las áreas verdes, las cuales son las primeras víctimas’’, enfatiza.

Adicionalmente, según el ingeniero forestal, la dendrofobia le resulta útil a las personas que se lucran de la venta de madera. El tronco de un Samán o una Caoba tiene un valor muy elevado en el mercado. ‘‘Nadie sabe a dónde van los productos de esas talas o podas’’.

Palma datilera en la capital

‘‘Uno no entiende los criterios técnicos ni culturales… porque los individuos arbóreos de Caracas forman parte del ambiente de la ciudad y le daban su propia imagen (…). Quizás no sea tan comercialmente efectivo crear un vivero a comprar una palma y trasplantarla ’’, opina el ingeniero forestal acerca de la plantación de palmas datileras en distintas zonas de la capital, entre ellas las adyacencias de la parroquia El Recreo, tramos de las autopistas Francisco Fajardo y Francisco de Miranda.

Sobre las palmeras metálicas, el ex-funcionario de Inparques no pone en duda la calidad artística de esas estructuras decorativas pero ‘‘eso jamás podrá sustituir a un árbol en el aspecto ambiental’’.

Zulma Bolívar y Elides Sulbarán enfatizan que la población debe preguntarse de quién es ese negocio. A su vez, la urbanista menciona que en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático de 2021 (COP26) se propuso la disminución de las agresiones al ambiente, por lo cual en Venezuela ‘‘no podemos seguir cometiendo esas infracciones. Nos quedaremos sin país’’.

No solo la tala de árboles en Caracas es una señal de alerta, se le suma la explotación del arco minero en Canaima, el plan de construir una ciudad comunal en El Ávila, la destrucción de los manglares en Morrocoy y en Los Roques, entre otros eventos que amenazan el equilibrio de la naturaleza.

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