Sin electricidad ni oxígeno: la travesía de una madre con coronavirus

Las dos hijas de la señora Ana María, de 86 años de edad, tuvieron que enfrentar el mayor reto de sus vidas: evitar que su madre falleciera a causa de complicaciones pulmonares por el COVID-19. Lucharon con la limitación de los recursos monetarios para alquilar en dólares una bombona de oxígeno y la angustia de decidir qué hacer ante las frecuentes caídas de luz

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Foto: Andrea Garofalo

Caracas.- El temor a dar positivo al COVID-19 comienza en el momento en el que sientes malestar general, se acentúa al realizarte la prueba de hisopado, continúa con el diagnóstico que en el fondo esperas sea negativo y se vuelve real cuando el médico tratante te asigna la tarea de conseguir una bombona de oxígeno con su concentrador.

Con ese principio, que parece volverse común en los venezolanos sin importar su condición económica, las hermanas Camacho, en Caracas, vivieron en carne propia no solo la dificultad de atender lo antes posible a su mamá de 86 años de edad, sino también la limitación de los recursos monetarios para alquilar en dólares una bombona de oxígeno y las frecuentes fluctuaciones eléctricas.

La señora Ana María, quien rara vez se enferma, presentó escalofríos y quebranto el 29 de septiembre, lo cual le llamó la atención a Yusela Osuna, una de sus dos hijas. Ese mismo día todo fue un caos, ya había dado positivo al coronavirus y no querían llevarla a un centro de salud público. La mejor opción era contratar a un médico privado.

Para la noche del sábado, 30 de septiembre, ya había sido atendida por una especialista e iniciado el tratamiento, todavía sus pulmones no estaban comprometidos, solo tenía malestar general y fiebre. ‘‘Hasta allí pensamos que la cosa estaba controlada. Al pasar los días mi mamá comenzó a empeorar, los exámenes de sangre salían alterados y su saturación empezó a bajar’’, cuenta aún con angustia Yusela a El Pitazo.

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Pasaron ocho días y el virus seguía debilitando a Ana María y a su familia, quienes de un momento a otro, por orden de la doctora, tuvieron que buscar con urgencia la bombona de oxígeno y posteriormente el concentrador, el cual es sustituido por la bombona cuando no hay electricidad debido a la baja saturación. Aquí empezó su calvario.

Lo que más les generó estrés fue el precio en el que cotizaban los aparatos, dependiendo de la persona cobraban por un concentrador de 10 litros por minuto 300 dólares, otros pedían $500 de depósito y $80 semanales.

‘‘Logramos conseguir primero uno de 5 litros prestado. Mi mamá no sostenía la saturación con ese, seguía bajando. La doctora nos dijo que debía ser uno de 10 litros’’, allí la situación se tornó alarmante, ya que con el afán dieron con una de 9 litros por 80 dólares semanales.

El precio pasó a segundo plano porque ese concentrador tenía un depósito en el que vertían al tope el agua destilada, pero esta se consumía una vez por hora. Se vieron obligadas a permanecer vigilantes para evitar que la máquina quedara sin líquido.

Yusela asegura haber estado mentalmente destruida, el nerviosismo predominaba al notar que la madre no mejoraba. El miedo fue en ascenso cuando los cortes eléctricos decidieron no dar descanso a esta familia en un periodo de 12 horas. En los meses de septiembre y octubre de este 2021 la deficiencia eléctrica también afectó a los estados Aragua, Yaracuy, La Guaira, Carabobo, Portuguesa, Falcón, Miranda, Lara y Zulia.

‘‘La luz se fue a las 6:00 am y mi mamá se quedó sin oxígeno. Pasó de tener 94 de saturación (95 es el nivel normal de una persona mayor) a 86, fue un momento de desesperación absoluta. La doctora me dijo: acuéstala inmediatamente boca abajo, monitorea la saturación y busquen una bombona de oxígeno’’, recuerda.

Acudió a todos los grupos habidos y por haber, hasta el punto de casi rogar que le ubicaran una bombona de oxigeno. En medio de todo ese zaperoco, como Yusela se refiere a lo sucedido, llegó la luz en Bosque Valle, en la parroquia Coche del municipio Libertador, y encontraron otro saturador de 5 litros para sustituir el de 9 que les impedía dormir, ‘‘humanamente no era posible tener ese concentrador’’.

La gran tarea ahora era buscar una ‘‘Y’’, accesorio para unir los dos concentradores de cinco para convertirlo en uno de 10. Con tantas fluctuaciones del servicio eléctrico tuvieron que evaluar qué era lo conveniente: quitarle el oxígeno por completo o en intervalos de tiempo ponérselo y quitárselo.

Retirarse de la casa en la que la señora Ana María estaba recibiendo el tratamiento en Bosque Valle, donde reside su otra hija, no era una opción. Podían trasladarse a la vivienda de Yusela en Parque Caiza, pero corrían el riesgo de volver a quedarse sin electricidad en ese sitio porque el servicio de luz es intermitente.

A pesar de haber sido la prueba viviente de las dificultades con las que lidian los venezolanos que dependen de una bombona de oxígeno, la familia Camacho puede contar lo sucedido con fortaleza, puesto que hicieron todo lo que tenían en sus manos para mantener con vida a su progenitora. Actualmente, la señora está estable y siguiendo el reposo post COVID-19.

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