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viernes, 30 octubre, 2020

Santo Niño: un barrio de Petare que se derrumba ante miradas indiferentes

Desde hace un año comenzaron a desplomarse como naipes las casas de esta zona, ubicada en El Campito de la parroquia petareña

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Caracas.- Un año ha pasado desde que aparecieron las primeras grietas en algunas casas y escaleras de la parte alta de Santo Niño, barriada ubicada en el sector El Campito, de Petare. Desde entonces ninguna diligencia ha sido suficiente para evitar que hasta el momento nueve edificaciones se hayan venido abajo y otras tantas tambaleen y crujan ante la mirada indiferente de las autoridades.

Las últimas dos se desplomaron la noche del domingo 8 de septiembre, bajo un aguacero, mientras contemplaban sus habitantes: propietarios e inquilinos que se quedaron esperando días a que llegara un camión de la Gobernación de Miranda, que los ayudaría a sacar sus pertenencias y resguardarlas, ante el inminente derrumbe.

Allí, enterradas, se quedaron las cosas de la familia que formó José Rojas, un hombre que durante 25 años vivió alquilado en uno de los apartamentos de la estructura de cinco pisos que colapsó más recientemente, y que estaba negociando la compra para darle una casa propia a sus tres hijos de 10 meses y siete y ocho años, y a su esposa.

José, al igual que otros vecinos, tenía sus pertenencias parcialmente embaladas y, aunque no pudo salir de la edificación antes como los otros inquilinos, se preparaba para irse a algún refugio mientras escuchaba a diario cómo crujían las calles y las bases de la casa.

Esa noche del 8 de agosto, cerca de las 10:00 pm, él y su familia solo lograron sacar dos maletas y dos bolsos, el resto quedó tapiado bajo los escombros. El edificio se partió en dos, una parte quedó colgando de la estructura anterior, una construcción de siete pisos.

Otra se desplomó y se llevó con ella parte de la casa de Irene Castillo y Jonathan Serrano, una pareja que tiene el mismo año que llevan agrietándose las paredes, denunciando en medios y autoridades locales y nacionales la situación que suma 60 familias damnificadas y amenaza a más de 300.

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La Alcaldía de Sucre tiene un reporte que indica que la solución en el barrio ya se concretó y en la Gobernación de Miranda les ofrecen refugios en barrios como Turumo o El Carmen, de los que los propios vecinos, cuyas casas se desplomaron en 2019, se han devuelto por las malas condiciones generales y el estado de hacinamiento en el que viven.

Por ahora, los afectados viven de la caridad de los vecinos que se niegan a abandonar el barrio y que les dan un espacio para apilar sus cosas y dormir con sus familias. Otros, en cambio, han escuchado las alarmas de las grietas y las separaciones de ventanas y paredes, que ya no encajan en sus marcos, y se han ido o están en proceso de hacerlo.


La gente de Santo Niño tiene miedo, pero ya aprendió a vivir con él y se niega a dejar lo que les ha costado tanto. Por eso permanece hasta el último momento en las casas que se van desplomando, como naipes.

Un barrio de edificios

En Santo Niño hay una particularidad: se trata de un barrio donde las construcciones con columnas delgadas y poca estabilidad se erigen hasta los tres, cinco, seis y nueve pisos. Algunas agrupan grandes familias y otras sirven para alquiler, por eso en la comunidad también el problema habitacional es una situación urgente.

Tanto los propietarios que pierden sus casas en la inestabilidad del terreno, como los múltiples inquilinos que pagan sumas en bolívares y dólares esperan por esa solución habitacional, que ya unas 750 familias aguardan solo en el Distrito Capital desde el año 2010, según información ofrecida por funcionarios de la Alcaldía de Libertador, en Caracas.


Jesús Moreno, funcionario del grupo de Protección Civil “Ciclón 23 Sucre”, dijo a El Pitazo que se trata de un terreno socavado por aguas blancas y servidas que fluyen por debajo de las viviendas y calles desde hace años y que debilitan el terreno y aumentan el peligro ya generado por una quebrada embaulada sobre la que se construyeron casas.

Foto: Ronal E. Peña

Moreno explica que ellos pusieron testigos aéreos en algunas grietas hace un año y han podido constatar que el movimiento de tierra en Santo Niño y en toda la calle de El Encantado es continuo. Las casas en mayor riesgo estaban marcadas y los vecinos conocen el peligro de permanecer en ellas.

El funcionario expresó que por ahora se les pidió a los afectados buscar socorro y asilo en casas de familiares o vecinos hasta que se concrete la planificación para reubicarlos. Pero mientras, muchos propietarios se niegan a salir porque no tienen a dónde ir y también se rehúsan a perder sus casas.

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Es el caso de Gineth Díaz, propietaria de una casa de tres pisos en la que vive con siete personas, incluidos niños, y de la que no quieren salir, a pesar de la inclinación que presenta y de estar frente a las edificaciones que ya se han desplomado.

“Yo soy peluquera, no tengo a nadie en Caracas, no tengo para pagar un alquiler de $180 y aunque tengo todo recogido para no perderlo y poder sacarlo si la casa se cae, no me voy a ir para arriesgar que venga una mujer con niños y un marido malandro, aplanen, se metan y luego yo me quede sin nada”, explica Díaz.

Foto: Ronald E. Peña

Su opinión contrasta con la de Tania Arellano, la hija del dueño del edificio que se desplomó el 8 de septiembre, quien optó por salir con su familia para un refugio. “No queremos, pero hay que hacerlo para que nos adjudiquen. Ya ellos habían venido una vez y nos censaron, no nos quisimos ir, pero ahora es diferente”.

Mientras Arellano ve desde el balcón de una vivienda cómo algunos conocidos dan golpes a los escombros tratando de encontrar pertenencias escondidas, los vecinos de las casas que aún no están marcadas, pero que se ubican en el barrio piensan en irse, en abandonar sus cosas, aunque dudan por lo mismo que la señora Díaz: no quieren ver cómo los invasores hacen sus viviendas sobre el terreno inseguro de Santo Niño y sobre las ruinas de lo que una vez fueron sus hogares.

Foto: Ronald E. Peña
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