Salida de DirecTV esfumó la posibilidad de elegir para familias venezolanas

La compañía que ofreció el servicio de televisión satelital por suscripción hasta el 19 de mayo ocupaba 45% del mercado en Venezuela. En medio del período de confinamiento por la propagación del COVID-19, casi dos millones de hogares perdieron un servicio que muchas personas describen como la libertad de decidir cómo y cuándo informarse

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Foto: Referencial

Caracas.- Cada mañana, Evelyn Muñoz sentaba a su nieta de un año frente al televisor para que viera su comiquita favorita, mientras ella preparaba el desayuno y el café para la familia. El martes 19 de mayo prendió el aparato y no había señal de DirecTV. Cambió los canales durante un par de minutos, pero en ninguno había imagen o audio. Decidió llamar a su hijo, que se encargaba de pagar el servicio cada mes: «Kevin, no hay señal. Llama a DirecTV a ver qué es lo que pasa».

«No, mamá, ya no hay que llamar. DirecTV se fue de Venezuela», fue la respuesta.

La compañía de televisión satelital paga tenía, hasta el segundo trimestre de 2019, 1.993.789 millones de suscriptores, lo que representaba 45 % del mercado en Venezuela, de acuerdo con cifras de la Comisión Nacional de Telecomunicaciones (Conatel). AT&T, dueña global de DirecTV, emitió un comunicado en el que explicó que suspendía su señal en todo el país por la imposibilidad de cumplir con las exigencias de las sanciones impuestas por el gobierno de Estados Unidos y los requisitos mínimos que exige el mandato de Nicolás Maduro para prestar el servicio.

Para Evelyn, la salida de DirecTV se suma a una lista de irregularidades que padece desde hace más años de los que quisiera admitir: las fallas del servicio de agua en la parroquia Sucre –en la que vive-, las intermitencias de la conexión a Internet, el costo de la vida y la hiperinflación. Todo esto mientras atraviesa el confinamiento por la propagación del COVID-19.

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Si lo piensa con calma, explica que, con esto, perdió la capacidad de elegir qué ver y escuchar cuando lo desee: “Yo estaba acostumbrada a hacer cualquier cosa con el sonido del televisor de fondo”. Los primeros tres días, insiste, sintió que el silencio la aturdía.

“Este era el medio de escape que teníamos… que tenemos”, rectifica su afirmación y asegura que se rehúsa a aceptar que perdió un bien tan valioso para ella y su familia. Ahora, el televisor es un equipo en desuso que Evelyn se niega a encender. “No voy a ver canales nacionales. Para mí eso es un retroceso y me deprime mucho más”, dice y cuenta que lo lamenta, sobre todo, por su nieta y por su nieto de ocho años. Prefiere descargar películas, mientras el Internet se lo permita.

El costo del entretenimiento

Como a Evelyn, a Carlota –cuyo nombre real se cambió a su petición-, la suspensión de la señal de DirecTV le dejó un sabor amargo. “Yo ni quiero recordar eso, porque de verdad me sentí tan mal, pero tan mal”, asevera. Con dos hijos, de 11 y 2 años, y un embarazo de siete meses, perder el servicio significa la imposibilidad de entretenerse e informarse y, sobre todo, mitigar la angustia que le genera el confinamiento que comenzó el 17 de marzo en todos los estados venezolanos.

Cuando leyó la noticia en uno de los grupos de WhatsApp, Carlota pensó que era una broma. Así lo deseó. Pero al encender el televisor supo que era verdad. En Charallave, sector del estado Miranda en el que vive con su familia, no existen las opciones: no hay señal para canales nacionales y Cantv –compañía telefónica estatal y de mayor alcance en Venezuela- no hace instalaciones de líneas telefónicas, por lo que no pueden contar con conexión a Internet.

Justo la noche anterior, el lunes 18, Carlota había recargado 160.000 bolívares para poder disfrutar del servicio. Ese monto, equivalente a 0,80 dólares de acuerdo con la tasa de cambio oficial, era suficiente para que los niños vieran sus programas animados, ella escuchara las noticias y su esposo, los canales deportivos durante un mes.

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En Venezuela, las tarifas de DirecTV costaban no más de 1,50 dólares mensuales, según el plan. En comparación, es el servicio de televisión satelital más económico de la región. En Colombia, por ejemplo, un plan de 238 canales con igual suscriptora, tiene un costo de 43 dólares mensuales.

Ahora, para poder sobrellevar la cuarentena, Carlota y su esposo le pagan a un vecino que descarga películas y cobra 50.000 bolívares por cada una. “No es algo que podremos hacer siempre, será una o dos veces por semana”. Mientras, sus niños se adaptan a una vida con menos posibilidades.

Otra ventana que se cierra

Tyler Zerpa, un estudiante de Sociología, responsabiliza a la gestión de Nicolás Maduro de la pérdida de DirecTV. “Ellos quieren actuar como los héroes, pero son los culpables”, dice. Lo dice porque tres días después de la suspensión del servicio, la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) ordenó la ocupación inmediata de las instalaciones de la compañía y la restitución del servicio, luego de admitir un amparo a través del Comité de Usuarios y Usuarias para la Defensa de los Derechos de las Comunicaciones.

Pero él entiende las presiones bajo las que trabajaba la compañía y por eso insiste en que las decisiones de quienes están en el poder siempre terminan afectando a la ciudadanía.

En Palo Verde, sector al este de Caracas en el que vive Tyler, el Internet funciona con regularidad, agradece, por eso puede usar YouTube, Twitter, Instagram y hasta Netflix. Sin embargo, su abuelo no sabe utilizar computadoras ni teléfonos y la televisión era la única forma que tenía para ver los canales de noticias y de deportes.

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Cuando se pierde lo poco que se tiene

“No puede ser verdad”, pensó Laura Piña, una cuidadora que vive en La Victoria, estado Aragua, desde hace más de 30 años. Leyó las conversaciones de amistades y familiares y no creyó que DirecTV ya no tenía señal hasta que vio que los medios de comunicación digitales publicaron la noticia. Ella ha seguido trabajando a pesar del confinamiento y cuenta que antes llegaba a casa y pensaba en ver la novela y descansar; ahora, saber que no hay nada que ver o escuchar, la desmotiva muchísimo.

Quedarse sin el servicio le recuerda a Laura su vida en el campo, cuando era una adolescente y en las tardes se echaban los cuentos con los vecinos hasta que cayera la noche. Aunque la ausencia de DirecTV solo empeora una vida que ha ido perdiendo calidad, especialmente en los últimos cinco años, Laura cuenta que en el sector en el que vive no hay Internet desde hace tres años a causa de una avería que Cantv no reparará; eso anula cualquier posibilidad de pagar por plataformas como Netflix. Además, la electricidad falla con frecuencia y la distribución del gas doméstico es deficiente.

«Uno sale del campo porque quiere mejorar y una vez que conoce algo mejor, no quiere retroceder, pero aquí vamos retrocediendo poco a poco. Ahora siento que estoy peor”, se queja. Pero lo que más le duele, realmente, es que su hijo, de 27 años, le aseguró que quiere emigrar. Me dice ‘mamá, es que aquí ya nos han quitado todo; yo me quiero ir'», cuenta, y afirma que así, todo lo demás, parece poco importante.

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