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martes, 26 enero, 2021

Retornados son obligados a pagar hoteles aunque traigan PCR recién hecha

A Rainer, quien pagó 720 dólares por un boleto en un vuelo humanitario para que lo trajera desde Argentina, nadie le dijo que debía tener una reservación en un hotel del estado Vargas. En el lugar se quedó hasta que fue evaluado por los médicos cubanos de la entidad

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Maiquetía.- El vuelo ES8774 de la aerolínea Estelar que cubrió la ruta Buenos Aires-Caracas aterrizó en el aeropuerto internacional Simón Bolívar, en Maiquetía, estado Vargas, el miércoles 25 de noviembre a las 4:20 am. Rainer, ansioso por reencontrarse con su familia, no sabía que aun cuando ya se encontraba en suelo venezolano, no podría abrazar a su madre, que lo esperaba afuera y quien tampoco sospechaba lo que ocurriría.

Semanas antes, la madre de Rainer buscó desde Caracas información sobre los vuelos humanitarios. Halló uno programado para traer a venezolanos desde la República de Argentina. Pero para su sorpresa, los boletos oscilaban entre 700 y 800 dólares estadounidenses.


Con mucho sacrificio pudo comprar su boleto de regreso por un monto de 720 dólares estadounidenses. La única información que le dio la aerolínea era que debía hacerse una prueba PCR de COVID-19 de 24 horas de vigencia para poder abordar.

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La misma indicación le dieron a Rainer en la Embajada de Venezuela en Buenos Aires y en el aeropuerto de esa ciudad. El mismo día en que tomó el vuelo, se practicó la prueba en el Sistema Integrado de Información Sanitaria argentino, ente adscrito al Ministerio de Salud del país suramericano. En el documento se lee el resultado «Descartado COVID-19 por laboratorio».

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Era el momento de regresar a su país y a su Guarenas querida. La crisis por la pandemia hizo que perdiera su trabajo en una reconocida cadena hotelera mundial, en Argentina.

Rainer se realizó la prueba PCR ocho horas antes de abordar el avión que lo trajo a Venezuela / Foto cortesía Rainer

La odisea

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Ya en Maiquetía, Rainer pasó por las taquillas del Saime y retiró su equipaje. Justo después se encuentra con un cordón de funcionarios de seguridad del aeropuerto, quienes les preguntaban por el hotel donde se hospedaría cada uno de los venezolanos que habían regresado.

Todos serían trasladados en autobuses Yutong al hotel en el que tenían su reservación. Rainer, sorprendido ante tal indicación, explicó que no sabía nada, que ni a él ni a su madre, que compró el boleto, les indicaron que debía quedarse en un hotel. Pero además mostró la prueba PCR que se había practicado 14 horas antes y que había salido negativa.

Nada valió. Los funcionarios salieron a buscar a la mamá de Rainer y le explicaron que el hospedaje en un hotel era obligatorio, y que de no hacerlo, lo llevarían al campamento de la Misión Negra Hipólita, donde igual debía pagar 10 dólares y le garantizarían sus tres comidas. «Generalmente son entre tres y cuatro días, hasta que los médicos lo evalúen y le den los resultados de la prueba PCR que se le hará aquí», le indicó uno de los funcionarios.

Así como Rainer, había más de 20 migrantes retornados que desconocían que debían pagar un hospedaje. Aún no eran las 5:00 am y el ambiente comenzaba a calentarse.

«La gente se molestó y hasta metieron un piquete de guardias nacionales porque íbamos a protestar. Esto era un abuso. Todos se hicieron una prueba PCR, que salió negativa, pocas horas antes de abordar», indicó Ana, mamá de Rainer.

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Ante la presencia de los efectivos de control de orden público, a Ana no le quedó más remedio que calmarse, porque le indicaron que los podían llevar detenidos. Ella no podía permitir que a su hijo se lo llevaran a la Misión Negra Hipólita. Su temor era que sí se contagiara de COVID-19 y pusiera en riesgo al resto de la familia.

«Lo que hice fue preguntar cómo podía hacer, porque no teníamos reservación alguna. Y me dijeron que me quedara tranquila, que allí mismo desde el aeropuerto lo podíamos gestionar. Enseguida me mostraron las opciones disponibles, pero eran solo esos hoteles. Yo por mi cuenta no podía salir a buscar algún otro», apuntó.

Desde 120 hasta 75 dólares son los costos por noche en los hoteles más cotizados del estado Vargas. Pero el presupuesto de Ana no daba para tanto. Buscando entre todas las opciones disponibles, a la madre no le quedó más remedio que pagar allí mismo 45 dólares para que su hijo fuese hospedado en un hotel tipo medio, la posada Il Prezzano, en La Guaira.

Dos días y sin resultados

Antes de salir del aeropuerto, a los migrantes retornados que serían llevados a sus respectivos lugares de alojamiento, les tomaron las muestras para las nuevas pruebas PCR que les practicarían las autoridades sanitarias de Venezuela.

A Rainer lo subieron al autobús donde lo llevarían junto a los demás repatriados, tratando de hacerse a la idea de permanecer allí unos cuatro días, aproximadamente.

Para su sorpresa, el viernes 27 de noviembre, a eso de las 10:30 am, la doctora que lo recibió le dio el alta médica. Le indicó que estaba sano y ya se podía ir, pero nunca le entregó el resultado de la prueba del COVID-19.

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Solo dos días estuvo Rainer en uno de los 10 hoteles dispuestos por el Gobierno nacional para la estadía de los repatriados, quienes no pueden elegir otro alojamiento fuera de esas opciones.

Lo trataron bien, asegura, pero también detalló que una empleada del lugar de hospedaje le aseguró que la premura del alta era porque requerían desocupar las camas porque para este viernes 27 se espera la llegada de nuevos vuelos, tanto humanitarios como comerciales.

En horas del mediodía se dio el tan anhelado abrazo entre Rainer y su mamá, quienes tenían dos años sin verse. Besos, risas y lágrimas de felicidad acompañaron el memorable momento. Al retornar de La Guaira a Guarenas y ver por primera vez las colas por gasolina en la región capital del país, Rainer le dijo a Ana: «Acabo de recordar por qué fue que decidí irme».

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