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miércoles, 25 noviembre, 2020

Buhoneros comercializan su mercancía entre las tumbas del Cementerio General del Sur

En el Cementerio General del Sur, en Caracas, se instaló también la economía informal y la crisis de los vivos es el escenario en el que descansan los muertos. Este 2 de noviembre, Día de los Difuntos, El Pitazo te cuenta el ecosistema comercial dentro del camposanto público más antiguo de la ciudad

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Caracas.-Chupi, chupi, chupi. 3 por 100 los chupis”, se escucha gritar a un vendedor, mientras la voz es acompañada por el crujir de dedos de dos mujeres que fuman tabaco, sentadas frente a una tumba. Más adelante cuatro hombres con escobas bajo el brazo juegan cartas y tiran los billetes de la apuesta sobre el mármol de un nicho, mientras dos vendedores de chucherías detienen la caminata y se sacan los chalecos donde cuelgan sus ventas para ver el juego.

Este es el Cementerio General del Sur, en Caracas, este lunes 2 de noviembre en el Día de los Difuntos. En el camposanto más grande y antiguo de la ciudad se instaló también la economía informal y la crisis de los vivos es el escenario en el que descansan los muertos.

Vendedores de café, de papelón, de dulces caseros, de agua, de cigarros, de tabaco y hasta de chimó pululan alrededor de los deudos ofreciendo cualquier clase de servicio. Un montón de hombres, mujeres y niños circula entre las tumbas con un machete terciado en la cintura y una garrafa de agua.

Hasta cervezas es posible comprar dentro del cementerio. “Aquí yo estoy seguro de que ponemos una paca de harina pan y se la llevan también. La crisis es tan dura que se vino a vivir entre los muertos”, es la conclusión del vendedor de las bebidas, Jon Garmendia (nombre cambiado a petición de la fuente).

Él, como la mayoría de los trabajadores informales del camposanto, va en familia a vender sus productos y mientras su esposa grita ofreciendo las cervezas, su hijo lo ayuda a empujar la carretilla con la cava y las botellas. Desde 2003 trabajan en el cementerio y con sus ventas han dado de comer a los seis niños y adolescentes en casa.

Algunos vendedores tienen la costumbre de acudir al cementerio solo “en temporada” para vender sus productos | Foto: Ronald Peña

“Antes iba y venía con unas 20 cajas solo los fines de semana y mantuve a toda mi familia, pero ahora hasta tengo que trabajar de motorizado en la noche porque no me alcanza el dinero, no importa cuántas horas caminemos todo el cementerio para intentar vender”, relató Garmendia.

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Pero, a pesar de que el movimiento comercial no es el mismo, la costumbre y el no encontrar otro oficio aferra a muchos a permanecer trabajando entre muertos y peligros propios de este jardín de difuntos, considerado también por los caraqueños uno de los espacios más peligrosos de la ciudad.

La señora Carmen Muñoz dice tener 60 años, pero las arrugas en su cara y su postura encorvada le suman al menos 10 más. No recuerda desde hace cuánto trabaja en el Cementerio General del Sur, pero asegura que más de la mitad de su vida se ha mantenido limpiando tumbas. “Uno se sienta aquí y espera. Entonces llegan mis familias, que son como tres, y me dan un dólar cada una al mes por limpiar todo. Con esos tres dolaritos sobrevivo”, dice la señora Carmen.

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Su hijo, de 25 años, también trabaja allí. Ambos se sientan frente a la capilla de los Arvelo y esperan que llegue el trabajo y que con suerte aparezca un nuevo cliente que pague con comida y resuelva lo del día.

Carmen también vende agua y compite con al menos 30 limpiadores más que mantienen su clientela y hacen lo posible por atraer nuevas familias. Uno de ellos es Denis Waldrón, un señor que viste boina roja y camisa azul con escudos y que desde hace 30 años recorre todo el cementerio y hasta se ha peleado a machetazos por defender y evitar la profanación de cerca de 20 difuntos a los que cuidan.

Constructores, jardineros y pintores tienen labor en esta semana | Foto: Ronald Peña

Un rebusque entre muertos

Rafael Briceño es profesor de contabilidad de la Técnica Gran Colombia y desde hace cuatro años completa sus ingresos vendiendo café y galletas a quienes visitan tumbas en el Cementerio General del Sur.

A diario camina todo el cementerio y puede ganar hasta 1.000.000 de bolívares diarios en un buen día. Con eso sostiene a sus tres hijos adolescentes y completa los 800.000 bolívares que al mes gana como docente.

Otros vendedores tienen la costumbre de acudir al cementerio solo “en temporada”. Es así como Oscar Pérez acude solo el fin de semana al camposanto público de Caracas para vender papelón y aprovecha para visitar las tumbas de sus familiares. “Paso unas dos y tres veces dando las vueltas y vendo y hablo con mi hermano”, dice.

Los comerciantes informales conviven con la delincuencia, la administración del cementerio, los policías que matraquean, los familiares que compran y los que no, los que los reciben con ánimo y los que los desprecian.

Pero, pese a las opiniones, la adaptación es tal que, para estos comerciantes que viven en zonas como La Vega, Catia, El Cementerio, la Cota 905 y El Valle trabajar dentro de un cementerio, entre muertos y tumbas, es la única forma que tienen por ahora para seguir viviendo.

A pesar de que el movimiento comercial no es el mismo, la costumbre y el no encontrar otro oficio aferra a muchos a permanecer trabajando entre los muertos | Foto: Ronald Peña
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