Enfrentamientos en La Vega: sábado de tormenta luego de tres días de calma

El despertar del barrio este sábado, 12 de junio, fue entre llamadas telefónicas y pasos apresurados que trataban de evadir las tantas motos manejadas por funcionarios del Faes que portaban armas largas. Una vez más, llegó la angustia

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Los delincuentes quemaron un vehículo en la entrada al túnel de El Cementerio, mientras que los cuerpos policiales cerraron los accesos hacia La Vega y El Paraíso | Foto: @segoviabastidas

Caracas.- “Ya decía yo, que cuando hay mucha calma es porque se aproxima la tormenta”, dijo un vecino de La Vega que hablaba por teléfono y apresuraba el paso entre la gente que, al igual que él, quería terminar de hacer las diligencias y regresar pronto a su casa. Estaba apurado. Quería resguardarse.

En La Vega hubo tres días de completa calma, luego de varias semanas del incesante ruido de las balas, que también cobraron las vidas de al menos dos inocentes. El despertar del barrio este sábado, 12 de junio, fue entre llamadas telefónicas y pasos apresurados que trataban de evadir las decenas de motos conducidas por funcionarios del Faes que portaban armas largas. Y una vez más, llegó la angustia.

La gran cantidad de efectivos de los distintos cuerpos de seguridad del Estado abarrotaron la redoma La India, principal entrada para el sector La Vega. Desde temprano los accesos a la zona fueron cerrados.

El centro comercial Galerías El Paraíso cerró sus puertas por prevención, y la bomba de gasolina hizo lo mismo; allí, un guardia nacional desalojó a quienes intentaban llenar sus tanques, les pidió irse a sus casas y ponerse a salvo.

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“Yo compro esto y me guardo, hay demasiado gobierno en la calle”, dijo un señor a un familiar que le llamaba preocupado por la situación. El hombre estaba en una cola para comprar productos de primera necesidad, en una de las pocas bodegas que se mantenía abierta en las cercanías de La Zulia.

A las 11:00 am todo permanecía cerrado. La panadería Zulia era el único local abierto en la zona, tratando de atender a las personas que hacían cola para comprar “antes de que comience el parampampam.

A las 11:35 am sonaron los primeros disparos; a tono con el ruido de los proyectiles se escucharon pasos de personas corriendo; el rechinar de las puertas y ventanas cerradas con apuro. Cada uno buscó el mejor sitio para protegerse de una bala perdida.

A diferencia de un día común, las calles quedaron vacías, pocos carros estacionados frente a las casas. En la intermitencia de los enfrentamientos, a lo lejos, un perro caminaba libre por las aceras desoladas y orinó un poste.

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