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viernes, 28 enero, 2022

En costas litoralenses se olvidaron del COVID-19 por los tambores de San Juan

Las 22 cofradías de San Juan Bautista que hacen vida en el estado Vargas, desde el oeste en Chichiriviche hasta el este en Chuspa, organizaron sus celebraciones. Aunque hubo momentos de control, la llegada de creyentes, especialmente en los pueblos costeños de Caruao, Naiguatá y Caraballeda, saturó las calles donde se realizaba el toque de tambor

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La Guaira.- Los tambores repicaron con fuerza en toda la costa de Vargas este jueves 24 de junio. Un repique lleno de devotos, creyentes y curiosos que siguen el culto de religiosidad popular más importante del litoral central venezolano, las fiestas de San Juan Bautista. Un repique como en tiempos sin pandemia. Un repique, que aunque algunos intentaron mantener bajo medidas de bioseguridad, fue imposible. Los tambores hicieron que muchos olvidaran que el COVID-19 existe y que la pandemia continúa activa.

“Las autoridades están haciendo lo que corresponde, ellos dieron permiso, pero es deber de cada uno cuidarnos. Yo soy devota de San Juan, pero aquí estoy, con doble tapaboca y no metiéndome en el rebullicio de gente. Aquí de lejitos escucho mis tambores y le agradezco que me haya mantenido sana y le pido que se lleve ese virus malo de aquí”, aseguraba Enriqueta Gómez, quien aplaudía al San Juan de Caraballeda desde la plaza Bolívar, a su salida de la iglesia.

Este año, a diferencia del pasado, las 22 cofradías de San Juan Bautista que hacen vida en el estado Vargas, contaban con el aval de los gobiernos regional y municipal para realizar la celebración en honor a San Juan Bautista. Por ello, desde el oeste en Chichiriviche, hasta el este en Chuspa, se organizaron homilias, encuentros de santos y toques de tambor.

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Aunque el permiso incluía mantener el distanciamiento social, el uso del tapaboca y concluir los tambores a las 4:00 pm, solo lo último se cumplió, especialmente en aquellas zonas cercanas a las vías públicas y en donde los recorridos policiales obligaron a concluir la fiesta a una hora temprana. De resto, la refriega, el tumulto y la celebración con licor, fue lo común.

“Aquí hay un tema de tradición y de costumbres. Aunque se reconoce que también nos falta un poco de sentido común. Pero es que uno está cansado de estar encerrado, de usar tapabocas. Por un día de tambor no creo que el mundo se acabe. Así fue el año pasado, nos criticaron en redes, pero no pasó nada del otro mundo”, decía Gervasio Iriarte, un tamborero de Naiguatá.

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Pasadas las 4 de la tarde, funcionarios policiales recorrían las zonas de Naiguatá, Caraballeda, La Guaira y Catia La Mar para detener el repique. La mayoría obedecieron las órdenes, guardando sus cueros y colocándose nuevamente los tapabocas.

Algunos creyentes se acercaron a Caraballeda con doble tapaboca para protegerse del COVID-19 (Infociudadano Cruz A. Sojo) 

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