CRÓNICA | “La feria del tiro” comenzó en la madrugada en La Vega

Los vecinos de la populosa parroquia caraqueña despertaron en la madrugada por los disparos efectuados por integrantes de bandas delictivas de la zona. Hubo enfrentamientos con cuerpos policiales y fue a las 6:30 pm, de este 24 de mayo, cuando cesaron las balas

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Foto: Archivo

Caracas.- A las 3:00 am de este lunes 24 de mayo, voces de hombres y mujeres que hablaban por radio para comunicarse y que caminaban con armas largas apuntando a las casas, a las ventanas de las casas, a los techos y al aire despertaron a los vecinos de La Vega y les metieron el miedo en el cuerpo.

Después sonaron los disparos. Ráfagas que comienzan con un estruendo que los dejó sordos y que siguen su estruendo con lo que en La Vega han bautizado como “La feria del tiro”. Es, en ese momento, que todos entienden que deben correr a meterse debajo de las camas. A abrazarse entre ellos, a proteger a los más débiles con sus propios cuerpos.

Cuando cuentan lo que pasa, susurran, porque después de que todo pasa hay un silencio que les da tanto miedo como el sonido de las balas. “Hablo así porque pueden haber oídos donde uno menos lo espera”, dijo una mujer a El Pitazo que pide resguardar su nombre. No se arriesga a que la identifiquen. En La Vega, a diario, conviven con quienes son los dueños de las armas.

Nadie durmió, ni los delincuentes armados ni los vecinos del sector. Pero cuando amaneció hubo una tregua. Los disparos que sonaban como espectáculo de fuegos artificiales pararon y la gente de la populosa parroquia capitalina salió a trabajar y a seguir con su rutina diaria.

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A las 11:00 am, la calma terminó y volvieron los disparos, el miedo, la necesidad de esconderse y protegerse. Los que están en casa llaman a sus familiares que están en la calle y les cuentan “lo que está pasando arriba” y les ruegan que no suban.

Si a un habitante de La Vega le preguntan qué es lo pasa, dicen que “son enfrentamientos entre bandas”. También que se enteraron luego de que “la policía también estaba metida allí”. Los que saben no cuentan toda la verdad, los que no saben prefieren no saberla. Otra vez el miedo metido en el cuerpo.

Subir a todo riesgo

Dos kilómetros abajo del sector La Vega está el Centro Comercial Galerías Paraíso y este 24 de mayo fue el refugio de quienes no podían subir a sus casas por la balacera y los enfrentamientos.

Solo había una entrada y una salida: por el estacionamiento. Adentro había desesperación por lo que escuchaban. Entre familias se comunicaban por teléfono para estar informados entre lo que pasaba arriba y calmar a los que estaban abajo.

Sonaba un disparo y María, una mujer que estaba resguardada con su hija menor en el centro comercial, pegaba un grito. Perdía el control, se desesperaba. Su hija pequeña intentaba calmarla.

Fue entonces cuando algunos estaban planeando quedarse a dormir en el centro comercial. Subir en medio de disparos no era seguro. Algunos consideraron dormir dentro de los locales que estaban abiertos. Los disparos seguían sonando al fondo.

Y de repente hubo un silencio y entonces decidieron subir por grupos, acompañarse y rodear la montaña. Salieron y vieron que había tres alcabalas de policías. “Pero apenas tres por alcabala. Los otros son muchos más”.

Solo permitían que la gente subiera a pie por el lado derecho de la acera, no dejaban subir los carros, ni las motos. “Las camionetas solo llegaban a la Redoma La India, que es la que está justo al frente del centro comercial. Todos se bajaban y hablaban de los enfrentamientos”. De eso que se ha vuelto cotidiano.

Mientras subían, los disparos regresaron. Los policías les pidieron que caminaran por el lado derecho de la acera, porque el lado izquierdo está pegado a la montaña y temían que las balas cayeran de ese lado. La gente corrió desesperada. Una mujer que subía con su sobrina pequeña le dijo: “Hagamos una carrera hasta llegar a la farmacia y si me ganas te regalo un chocolate”.

“Cuando suenan las balas”

Veinte minutos después hubo otra tregua. “Ellos se disparan como por 20 minutos y después de esos 20 minutos vuelven a disparar”. El tiempo en el que pararon los enfrentamientos fue suficiente para que algunos llegaran a sus casas corriendo, cansados, hambrientos, con miedo.

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Enfrente de una de las casas lo que había era calles desoladas; los malandros hicieron disparos al aire y gritaron que ellos eran gente buena.

A las 6:30 pm todo se calmó y en una de las casas ya están preparados por si vuelven las balas. “Yo me pongo modo La Vida es Bella”, la película en la que un hombre le pinta un mundo de fantasías a su hijo en medio de un campo de concentración nazi.

“Cuando suenan las balas nos vamos todos al pasillo, que es lo más alejado de las ventanas, y le digo a la niña que me cuente un cuento o que aprovechemos para hacer las tareas”.

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