Crónica | De la ausencia y la lucha de las madres venezolanas

Rosalba, Dulce y Alexandra son ejemplos de progenitoras que decidieron dar todo para sacar adelante a su familia. Para miles de madres con hijos en el exterior, este Día de las Madres pasó a ser uno de los más tristes porque el único regalo que quieren es tenerlos cerca para abrazarlos. Hoy la soledad será la compañía de muchas luchadoras que siguen dando todo por el país

673
"Claro que toda madre lo que quiere es que sus hijos estén sanos, vivos, pero que fuerte es tenerlo lejos sin poder abrazarlos", comentó Rosalba Hernández, madre habitante de Caricuao | Foto: Luis Miguel Cáceres


Gran Caracas.- Rosalba Hernández muestra orgullosa un video de su hijo porque cumple un año trabajando en un servicio de taxi fuera del país. Ella vive en la UD7 de la parroquia Caricuao. Reconoce que en toda su vida lo que más hizo fue trabajar para sostener a su familia. Fue el ejemplo que vio de su señora madre, que ya está en el cielo.

Rosalba comenta que no le extraña ni le consuela que miles de mujeres en el país estén como ella: con la soledad de compañía. La llena de impotencia el hecho de que existan tantos jóvenes venezolanos trabajando, pasando incomodidades, aguantando discriminación y necesidades en el extranjero, teniendo su país, sus casas, sus estudios. Le molesta la migración obligada debido a la crisis política, social y económica que vive actualmente Venezuela. Baja la cara para secarse las lágrimas que se le volvieron a escapar.

“¿Qué día de la Madre puedo celebrar hoy si mis dos hijos no están conmigo, si estoy sola sin mis muchachos, que se fueron a trabajar al extranjero?”, se preguntó Rosalba Hernández con lágrimas en la cara | Foto: Luis Miguel Cáceres.

Nunca le voy a perdonar a este Gobierno que por sus políticas fallidas, populistas, llevaron a la quiebra al país y lo inundaron de violencia, hecho que está obligando a los jóvenes a separarse de sus familias porque saben que aquí no tienen futuro. Soñaba ver a mis hijos, que me visitaran junto a mis nietos los fines de semana. Hoy qué Día de las Madres puedo tener; mejor dicho, desde hace cuatro años que se me fue mi hijo, no es lo mismo. Los extraño… porque para completar, hace siete meses se me fue mi hija y hace una semana, mi nieto. ¿Qué puedo celebrar hoy?, porque los hijos son los que le dan el título de madre a una”, comentó esta mujer que es habitante de Caricuao.

Rosalba sabe y tiene pendiente la ida de su única nieta. Sabe que en pocos meses a la niña le toca irse con su papá. Agradece que tiene un celular inteligente con el que puede chatear con sus dos hijos. Hace magia para rendir su pensión y lo poco que le manda su hijo. “Trabajar, sobrevivir en el extranjero no es fácil. A ellos les toca aguantar necesidades y discriminación. Mis hijos tuvieron que irse porque aquí no les alcanzaba para nada lo que ganaban. Mi hija, el diciembre pasado, tuvo que tomar esa dura decisión, porque por más que trabajaba no podía mantener a mis nietos”, narra la madre.

“Sé que los hijos son prestados, pero soñaba que mis hijos vivieran en el mismo país conmigo y que me visitaran con mis nietos los fines de semana. No es lo mismo leerlos por el chat del Whatsapp que su presencia, su olor”, comentó Rosalba al equipo de El Pitazo en la Calle | Foto: Luis Miguel Cáceres.

Sola en la crianza

Dulce Rivero vive en un barrio de Las Adjuntas, en la parroquia Macarao. Espera a su pareja actual en las afueras de la estación de metro de este sector. Comenta con humildad y orgullo que la vida desde los 16 años la premió con ser madre de cuatro hijos. Con molestia recuerda que lo malo fue que el padre de sus muchachos la dejó sola en la díficil tarea de criarlos. Ella no olvida que uno de los episodios más fuertes que le ha tocado vivir fue ver tiroteado a uno de sus hijos.

La mirada se le humedece cuando comenta que tiene a uno en Colombia desde hace un año. Le hace falta su hijo, lo dice en voz baja. Dice casi susurrando que le gustaría abrazarlo. Sabe poco de él desde que dejó el país. Dulce se toca la mano, señala los cuatros dedos para decir que aunque tenga cuatro hijos, le hace falta el ausente porque todos salieron de ella, de su vientre. Todos le duelen “porque son mi sangre”. Esto lo dijo alzando la voz.

Ellos han sido el motivo de su vida, de su lucha. Confiesa que los levantó con sufrimiento, con necesidades, pero que todo eso valió la pena. Todavía es madre, pero de los nietos que están con ella. Se le vuelve a humeder la vista. “Antes, hace más de diez años, trabajando se podía mantener a una familia. El dinero rendía, era dinero. Hoy me duele ver pasar trabajo a mis nietos. Me duele ver que comen poco. No fue fácil para mí sola levantar a mis hijos, fue muy duro, pero hoy es más complicado porque el dinero no tiene valor… Pareciera que mientras más trabajas, menos tienes”, explicó.

Para sacar adelante a sus hijos, a Dulce le tocó desde planchar, cocinar, cuidar locales: hacer cualquier tipo de oficio para llevarles la comida a la boca a sus muchachos, como les dice. No soporta sentir otra vez esa amarga sensación de ver a sus nietos con necesidades. Pensaba que como abuela todo iba a ser más fácil. “Nunca dejamos de criar, de ser madre. Creo que es una misión eterna después de que se tienen hijos”, afirma.

Dulce Rivero es una madre de la parroquia Macarao a quien le tocó criar sola a sus cuatro hijos. Tuvo que trabajar en varios oficios para llevarle el sustento a su familia. Desde hace un año tiene un hijo viviendo en Colombia | Foto: Griselda Acosta

Dulce confiesa que lo único que le importa es ver a sus hijos y nietos vivos. Todas las mañanas, noches y días se aferra a Dios para pedirle por sus muchachos, que aunque superan los 20 años, son sus niños. No le importa sus malcriadeces de adultos, que se les olvide su cumpleaños; inclusive que hoy, Día de las Madres, no se acerquen a verla. Ella sabe que la inflación exagerada en el país desapareció también los regalos para los seres queridos. Ella lo entiende. “Siempre me he conformado con un abrazo, una conversación, verlos. Eso me alegra el día”, reconoce.

“A las madres nos toca vivir de la fe”

“Hoy más que nunca las madres venezolanas tenemos que vivir de la fe de Dios, tenemos que pedirle sabiduría para criar a nuestros hijos. Es necesario tratarlos con amor para bajar la violencia en la sociedad”, comentó Alexandra Alcalá, habitante de La Vega | Foto: Griselda Acosta

Alexandra Alcalá tuvo su primer hijo a los 19 años y ya tiene tres. Vive en el sector La Ladera de la parroquia La Vega. Atiende a su familia y no labora en la calle, solo en su casa, atendiendo a su esposo y a tres hijos. Se confiesa cristiana, apegada a Dios, fuerza espiritual a la que le pide diariamente sabiduría para que la oriente en la crianza de sus tres chiquitos. “Es fuerte la rutina diaria de atender a la familia, levantarme a las seis de la mañana, prepararlos para la escuela. Por suerte, mi pareja responde por lo económico, por lo cual todavía no salgo a trabajar”, señaló la joven.

Alcalá señaló que gracias a ser madre joven y tener el ejemplo de sus padres, tiene la oportunidad de escuchar, hablar, tratar con cariño a sus pequeños, cuyas edades van de los cuatro a los diez años. Recalcó que la violencia en las familias y en la sociedad se ha incrementado porque hay madres y padres que creen que el maltrato es la disciplina correcta para criar. Indicó que es lamentable que existan padres de familia que persisten en este error, sobre todo porque se desentienden del hecho de buscar a Dios como guía en esta tarea tan complicada.

“Hoy más que nunca a las madres del país nos toca vivir de la fe, del amor a Dios. Nos toca pedir su guía, su sabiduría para cada acción que realicemos. Hoy, por suerte, comparto con mi familia la bendición de ser madre. No hacemos nada del otro mundo; lo que más me gusta es tenerlo a todos juntos y con salud”, dijo la joven madre a El Pitazo en la Calle.

A ellas

Se levantan de madrugada a preparar a sus hijos a la escuela sin importar que en la noche hayan tenido malestar. Madres que caminan largos trechos para llegar a sus trabajos y casas. Que salen “volando”, dejando todo por atender a un llamado del colegio. A ellas, que se les va el alma y las lágrimas cuando escuchan el “te amo, mamá” de sus niños en los actos escolares. A ellas, que siguen luchando bajo condiciones inhumanas por sacar adelante a su prole. A ellas, que asumen la soledad por pago a cambio del bienestar de los suyos. A ellas, que han criado por años a la población venezolana y no escatiman sonrisas y abrazos. A las madres venezolanas, que deberían tener todos los días como su día, por valientes y bellas, por soñadoras y fuertes. A ellas.

DÉJANOS TU COMENTARIO