A puerta cerrada y sin buhoneros: así se trabajó en Sabana Grande

Despliegue de cuerpos policiales impidió la permanencia de los vendedores informales en el Bulevar de Sabana Grande y exigió a los locales comerciales mantener la santamaría abajo

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| Foto: Andrea Garofalo

Los vendedores ambulantes que hacen vida en el bulevar de Sabana Grande, en Caracas, se vieron obligados a cumplir con el miércoles de parada, día en el que no deben ofrecer sus servicios en las adyacencias, y acatar el llamado de confinamiento por ser semana radical.

En el recorrido realizado por El Pitazo este 6 de octubre desde Plaza Venezuela hasta la entrada de Chacaíto, se observaron negocios formales trabajando a puerta cerrada, tarjeteros invitando a los pocos transeúntes que recorren la calle a ingresar a los locales, menos de cinco buhoneros tanto de ropa, almohadas como de condimentos, y un amplio despliegue de funcionarios de la Policía Nacional Bolivariana (PNB) y del Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas (Cicpc).

Los efectivos de seguridad tomaron el tramo vial para entregar volantes de concienciación contra el COVID-19, entre ellos el uso correcto del cubre bocas y el distanciamiento social. Asimismo, se cercioraron de que los vendedores informales no pudieran montar sus puestos de comida de 1 dólar y exigieron a los locales comerciales mantener la santamaría abajo.

El pasado 5 de octubre llegaron a El Pitazo una serie de denuncias por parte de los buhoneros, en las que relataban cómo los cuerpos policiales del Estado los obligaron a desalojar las inmediaciones que colindan con el Centro Comercial City Market y El Recreo.

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Un adulto mayor que vende medias y subsiste del día a día, contó que el 5 de octubre le tocó esconderse de los funcionarios. Señala que aprendió a esperar que el jefe de los efectivos se retirara de la zona para poder regresar a ofrecer sus productos. «¿Si tengo las ollas boca abajo en el rancho qué hago? ¿Me las como?», se pregunta el señor que asegura trabajar para comer.

A su lado se encontraba una joven madre de tres niños, ella vende loncheras para el colegio con estampados infantiles. Así como el señor que la acompañaba, ella depende del ingreso diario para proveer de alimentos a su familia y cubrir sus necesidades básicas. Ambos alegan que en la semana radical las ventas son más altas, ya que para ellos la gente sale decidida a comprar mientras que en los días flexibles solo pasean.

«Creo que les gusta lo prohibido», comenta con ironía la morena de los rizos, que vende loncheras.

Dependiendo del negocio y el producto a ofrecer, los vendedores notan una alza o baja de sus ventas. Un tarjetero de artículos de tecnología como teléfonos, vidrios templados y servicio técnico, explicó que a sus compañeros y a él les ha costado concretar las ventas al trabajar a puerta cerrada, puesto que no todos los usuarios están dispuestos a seguirlos para acceder al mini centro comercial cercano a la estación del metro de Sabana Grande.

Al preguntarle si se ven afectados por la semana radical, argumenta que los efectivos de seguridad les permiten atraer a los clientes en la calle, siempre y cuando cumplan con el «uso correcto del tapabocas y el distanciamiento social de un metro».

El panorama no es tan positivo para un vendedor de almohadas de colores. «Aquí no dejan trabajar a uno. ¿Cómo hacemos para llevarle algo de comer a nuestros hijos? Este es mi sustento diarios y no puedo saber qué pasará si en un futuro me sacan de aquí», sostiene el señor de 32 años de edad mientras se fumaba un cigarrillo.

Vendedores formales e informales coinciden en qué deben seguir trabajando para mantener sus hogares, sin darle mayor importancia a las medida del 7+7.

El Centro Comercial City Market no prestó servicio este 6 de octubre. Los trabajadores de tecnología y reparación de equipos estaban amontonados en la salida del estacionamiento a la espera de poder ingresar (12:32 pm). Presumen que se debe a una orden de fiscalización por ser semana radical.

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