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martes, 27 octubre, 2020

Buses piratas son el calvario de los transportistas en las líneas urbanas

Los transportistas se quejan de que la piratería en las vías complica su trabajo y hace más difícil generar los ingresos que necesitan. Muchos, admiten incluso que han tenido que unirse a la ilegalidad y "piratear" para completar las cuotas diarias

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La poca cantidad de autobuses en funcionamiento, la falta de efectivo y las irregularidades en el cobro del pasaje afectan también a los dueños y avances (choferes) adscritos a líneas de transporte urbano en Caracas.

Los transportistas se quejan de que la piratería en las vías complica su trabajo y hace más difícil generar los ingresos que necesitan. Muchos, admiten incluso que han tenido que unirse a la ilegalidad y «piratear» para completar las cuotas diarias que deben recoger. Es el caso del señor Carlos Peréz, socio de la Unión de Conductores del Oeste.

El chofer explicó que “en algunas ocasiones hemos tenido que piratear nosotros mismos, porque hay momentos que en la zona donde uno hace la ruta no hay gente suficiente para llenar las unidades”. Aseguró que la falta de carros es tal que incluso “a veces se agradece que lleguen los piratas porque cumplen una función de apoyo cuando no nos damos abasto”.

Los transportistas caraqueños coinciden en que han proliferado los buses piratas en las zonas urbanas y sub-urbanas de la ciudad. Sin embargo, algunos difieren de la opinión del señor Pérez y creen que esto desmejora sus condiciones de trabajo y el servicio que prestan. “Nos están afectando demasiado los piratas, nadie se quiere meter a las líneas… Los piratas cobran 1.500 bolívares, cuando nosotros en la línea cobramos 1.000 bolívares y terminamos todos perjudicados”, contó José Luis Márquez, fiscal de la línea San Martín.

Para Márquez, es necesario que las autoridades del Ministerio de Transporte “tomen cartas en el asunto” y regulen a los prestadores del servicio para que “el juego sea limpio”, tal como lo aseguró.

Jaíme Ríos, fiscal de las camionetas de San Antonio desde Plaza Venezuela, aseguró que ha mermado el número de usuarios y que a eso se suma el trabajo de los piratas que “le quitan los pasajeros a uno. Ríos explicó que a los transportistas les toca “sobrevivir” y hacer maniobras como retrasar los carros, mandarlos totalmente llenos o enviarlos a otras paradas para contrarrestar los efectos de la baja en el servicio.

“Ellos trabajan, le quitan a uno los pasajeros y se le montan en la ruta”, denunció Erick José, chofer de la línea que circula de Plaza Venezuela a Petare. Indicó que el alto precio de los productos obliga a los trabajadores del transporte a multiplicar el número de viajes para mejorar sus ingresos y que la proliferación de los piratas solo entorpece su trabajo.

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“Uno cuenta con el viaje para uno poder medio mantener el carro y poderse medio mantener uno mismo… Yo lo que hago con el carro al día son 400.000 bolívares y hacer frenos y ruedas es cada tres medes y cuesta hasta 4 millones de bolívares”, aseguró.

Erick dice pagar entre 200.000 y 300.000 bolívares por pertenecer a esta línea oficial y considera que quienes trabajan sin el amparo de ninguna ruta se llevan el dinero que le corresponde a quienes pagan alquiler de oficina, papeleos, multas, aranceles y hasta secretarias para mantener sus organizaciones.

Otros transportistas se quejan también de que la falta de repuestos y la cantidad de camionetas paradas genera aún más anarquía en las comunidades populares donde el único transporte posible es el superficial. “En algunas líneas dan cauchos, aceite y no  nos entregan a todos los transportistas. Yo tuve que vender mi carro esperando por cauchos, por ejemplo, pero me sacaron de la lista”, contó Antonio Rosales, transportista de Antimano.

Los usuarios

En el caso de quienes usan el servicio de transporte, creen que en Caracas movilizarse es “un suplicio”, tal como lo refiere Anel Salazar, vecino de Santa Mónica, quien contó que debe caminar todos los días hasta 10 cuadras para llegar a alguna estación de metro o alcanzar a subirse a una camioneta.

Relató que en el caso de los buses que cubren la ruta Río Tuy-Santa Mónica, la línea “tenía 96 camionetas y ahora tiene ocho, ya nosotros hasta conocemos los nombres de los conductores, porque somos tan poquitos que somos como una familia”.

“No hay autobuses y el Metrobus de la zona está colapsado hace meses, entonces ya no trabaja a menos que los usuarios le den algo por prestar el servicio”, dijo Salazar.

Con él coincidió la señora Emma Terán, quien se refirió a las dificultades que atraviesan los usuarios al tener que exponerse en terminales peligrosos, tomar busetas en medio de las calles sin demarcar y pagar altas sumas de dinero a carros piratas.

Sin embargo, para muchos y pese a los problemas, el transporte superficial sigue siendo la mejor opción. Irma Ortíz, ya es una adulta mayor y explica que para ella “el metro es una trampa mortal”, porque cree que “hay un problema de tracción y eso frena a cada momento y uno correpeligro de caerse, más la falta de higiene es terrible. La inseguridad. Hay de todo allí y uno no sabe que le puede pasar allí metido y uno no sabe que le puede pasar”, dijo.

“El metro cada vez da más miedo”, fue la afirmación de la señora, para quien este sistema de transporte subterráneo “es una basura y los seres humanos dejamos de ser seres humanos allí”, dijo Amparo Dávila, otra usuaria del sistema de metro a cargo del Estado.

“Hay muchas camionetas pirata y cobran lo mismo que las dela línea registrada y con el problema de retraso que presenta el Metro de Caracas, han proliferado mucho más las camionetas piratas porque la gente las prefiere antes que ir al Metro y vivir la inseguridad, o cuando tiene fallas. Ya la gente tiene miedo de montarse en el metro, tanto por la inseguridad y el riesgo de ser robados por la inestabilidad y la falta de mantenimiento de la estructura”, fue la opinión de Jesús Piñango, fiscal de la principal línea en San Martín.

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