El ingeniero ha dedicado los últimos 19 años a estudiar los sistemas de protección hidráulicos que fueron construidos en el Litoral Central luego del deslave de 1999. El experto de la Universidad Central de Venezuela sostiene que la falta de mantenimiento de las presas pone en riesgo a los habitantes del estado costero, ante unas eventuales lluvias torrenciales

Si alguien puede ser considerado como una voz calificada para analizar el sistema de protección hidráulico construido en las cuencas del estado Vargas luego de deslave de 1999, ese es el docente universitario José Luis López. El Ingeniero civil, con máster y un doctorado en ingeniería hidráulica e hidráulica fluvial, ha estudiado las condiciones de las cuencas del Litoral Central desde hace 19 años. Ha desarrollado sus investigaciones con el apoyo del Instituto de Mecánica de Fluidos de la Facultad de Ingeniería de la Universidad Central de Venezuela.

Desde hace un par de años, López ha mostrado su preocupación por el alto nivel de sedimentación que registran las obras de minimización de riesgo en Vargas, especialmente por la falta de mantenimiento.

Al conmemorarse el vigésimo aniversario de la tragedia de Vargas y en el marco de una serie de ponencias celebradas en la UCV, el docente expone los riesgos existentes y hace un llamado a las autoridades: “Hay que hacer las intervenciones necesarias para limpiar las presas y darle protección a Vargas y a sus habitantes ante otras posibles lluvias excepcionales”.

–¿Qué obras de minimización de riesgo se construyeron luego del deslave de 1999?

–A partir del año 2000 se canalizaron 18 quebradas y se construyeron 62 presas de retención de sedimentos distribuidas en 25 cuencas, desde Catia La Mar hasta Naiguatá. La construcción de estas obras se inició el año 2001 y para el año 2008 ya se habían concluido las 62 presas. 36 de ellas son del tipo cerradas, es decir, son estructuras que no presentan aberturas por lo que interceptan y retienen todo el material arrastrado por el flujo. Las restantes 26 son presas abiertas, para interceptar solamente los sedimentos más gruesos, como peñones y restos vegetales, permitiendo el paso de los sedimentos más finos. 14 de las presas se construyeron en concreto, tres con elementos tubulares de acero, dos son barreras flexibles construidas con redes de anillos de acero y el resto se construyó en gaviones. La altura de las presas varía entre un mínimo de dos y un máximo de doce metros.

–¿Cómo ha sido el comportamiento de estas construcciones?

–El problema de Vargas no es precisamente que no se hayan hecho las obras de minimización de riesgo. Pero no se les ha hecho un adecuado mantenimiento. Nuestras investigaciones de campo nos confirman que las estructuras han cumplido con su trabajo. Evaluamos entonces el caso del río Camurí Grande en Naiguatá. Esta población fue azotada por los aludes torrenciales de 1999 y 2005, que destruyeron numerosas viviendas. En ambos eventos, los flujos se desbordaron debido a la sedimentación del cauce del río Camurí Grande. Durante los años 2006 y 2007 fueron construidas tres presas sobre el río Camurí Grande y tres sobre el río Migueleno, que es su principal afluente. Los levantamientos topográficos efectuados permitieron establecer que estas seis presas retuvieron un volumen de 160.000 metros cúbicos de sedimentos, transportados por la creciente del 2010, impidiendo que llegaran a las zonas urbanas de Camurí Grande. Entonces cumplieron su cometido. Hoy esas presas están completamente colmatadas.

–¿Cuál es el estado actual de estas presas?

–De las 62 presas construidas, aproximadamente 60% están totalmente sedimentadas. Las 14 presas construidas entre los años 2002 y 2004 se sedimentaron, la mayoría de ellas debido a la creciente extraordinaria de febrero del 2005. Las otras cumplieron su función en posteriores lluvias, en los años 2008 y 2010. Pero hay una ausencia absoluta de políticas de mantenimiento.

-¿Cuáles son los problemas principales de las obras de minimización de riesgos actualmente?

–El mayor problema es la sedimentación acelerada que han sufrido las presas de Vargas. Algunas de las canalizaciones han sido colonizadas por la vegetación, la cual actúa aumentando la resistencia y por ende las profundidades del flujo, induciendo a la deposición del material sedimentario arrastrado por las crecientes anuales. Un problema adicional es que la vegetación dificulta inspeccionar el estado en que se encuentra el fondo y taludes de la canalización. En nuestros estudios de campo hemos observado daños y deterioro de la infraestructura de presas y canalizaciones, producidos por deslizamientos de laderas inestables, abrasión del flujo y procesos de erosión regresiva. Estos daños no están siendo corregidos. Las autoridades y la propia población de Vargas no han interiorizado el riesgo que se corre.

–¿Está Vargas protegida ante unas lluvias similares a las registradas en 1999?

–En 1999 la población no estaba preparada para afrontar esa escalada de la naturaleza. Se permitió la construcción anárquica de viviendas en las cercanías de los cauces, en los cañones o gargantas de los torrentes y en las laderas de cerros inestables y no se contaba con medidas para la mitigación del riesgo. Hoy Vargas cuenta con obras hidráulicas para el control de los aludes torrenciales y se instalaron sistemas de alerta temprana complementados con planes de contingencia. El punto aquí es que en estos veinte años el mantenimiento de las presas, del sistema de alerta temprano y de la formación en las comunidades se ha dejado de lado. Los efectos potenciales del cambio climático nos hacen pensar que un nuevo desastre puede producirse en Vargas. Lo más lamentable es que a pesar de la experiencia vivida, los mismos habitantes y el Estado no se aboquen para exigir o a ejecutar estas acciones. A pesar de contar con las obras de minimización de riesgos, Vargas no está protegida si se presenta un nuevo deslave.

–¿Cuáles han sido las fallas que exponen a Vargas al riesgo frente a lluvias excepcionales?

–Durante los últimos años se ha observado una intensificación de la reocupación de áreas que fueron afectadas por los deslaves de 1999 y 2005. Al principio fueron los propios habitantes de Vargas que sobrevivieron al desastre de 1999 y permanecieron en la zona y otros foráneos que ocuparon ilegalmente edificios abandonados o construyeron nuevas viviendas. Pero, posteriormente, nuevas edificaciones han sido construidas por el Gobierno como parte del plan de Misión Vivienda y por iniciativa privada. Estas edificaciones se han levantado muy cerca del cauce de los ríos, en los abanicos aluviales y en las gargantas de las quebradas, así como al pie de laderas de los cerros.

-No hay que olvidar que buena parte de la destrucción y los fallecidos de los eventos catastróficos de 1999 y 2005 se produjeron, no solamente por las inundaciones de agua y sedimentos de los aludes torrenciales, sino también por los deslizamientos de las laderas de los cerros aledaños. Tenemos el caso de las viviendas levantadas en zonas como Los Corales por la Misión Vivienda, justo en una zona declarada inhabitable tras 1999.

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