La docente, con 45 años de experiencia al servicio de la educación venezolana, ofreció una entrevista a El Pitazo en la que enumeró los principales problemas experimentados durante el año escolar que acaba de terminar y destacó la necesidad de que la sociedad se involucre en el proceso de aprendizaje y regularización escolar de los estudiantes

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Por Génesis Carrero Soto y César Batiz

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“Nosotros solos no vamos a poder con esto”. La frase, que suena como una petición de auxilio, es la de una maestra desesperada pero segura del camino que se debe tomar. Una que representa a todo el gremio docente y que se ha dado a la tarea de trabajar por la paz y la educación en Venezuela en medio de una de las crisis sociales, económicas y políticas más terribles que ha atravesado el país.

Con 45 años como profesora, a Luisa Pernalete nadie puede contarle cómo se educa a los niños y jóvenes venezolanos, pues su andar por la docencia la ha llevado a saltar los cuatro puntos cardinales del país. Ha trabajado en Barquisimeto, Caracas, Ciudad Guayana y Maracaibo en pro de lograr una pedagogía que se adapte a la época actual y que permita formar a las generaciones del futuro venezolano.

Lo que hay que hacer no es sencillo, pero Pernalete lo define con claridad: “La sociedad tiene que aliarse, familia y escuela, del mismo lado de la cancha, para defender el derecho a la educación”.

En entrevista concedida a El Pitazo, la maestra y articulista de este portal web destacó la importancia de proteger la escuela, de defenderla y de que la sociedad se una al gremio educativo y no dejar solos a los docentes en la exigencia del derecho a la educación por encima de las dificultades que atraviesa la nación, pues “un niño sin educación no tiene presente ni futuro, y un país sin educación no tiene ni presente ni futuro tampoco, porque no se recupera un día escolar”.


Un niño sin educación no tiene presente ni futuro, y un país sin educación no tiene ni presente ni futuro tampoco, porque no se recupera un día escolar

Luisa Pernalete, maestra

Escuelitas en las casas

Pernalete celebró que en este momento la educación sea un problema de interés colectivo, pero aseguró que las protestas no son suficientes y que toda la ciudadanía debe involucrarse en la formación y en el auxilio de los niños que han perdido la rutinea escolar por las constantes suspensiones de clases y el ausentismo forzado de alumnos y maestros.

“Este año ha sido terrible, pero llevamos años sin rutina escolar. Rutina escolar es que tu hijo tenga clases todos los días y en horario completo. Es importante porque cumple la función socializadora de la escuela; al niño tal vez no le guste hacer tarea, pero sí estar con sus compañeritos y eso también es importante… Las rutinas deben establecerse”, indicó.

Explicó que para combatir esas carencias no solo se debe afrontar el reclamo conjunto, sino que “hay muchas cosas que se pueden hacer”. Citó como ejemplo unas olimpíadas de matemáticas que un Padre Jesuita implementó en Maturín, en las que los muchachos que ya saben son quiénes enseñan y ayudan con prácticas a los menores, por aquello de que “cuando aplicas lo que aprendes, aprendes dos veces”.

En su búsqueda de soluciones, Pernalete incluso se ha topado con la idea de reactivar “las escuelitas de a Bolívar, esas que en los años 60 se forjaron en casas de madres que sabían leer, para educar a los niños de las comunidades”.


Rutina escolar es que tu hijo tenga clases todos los días y en horario completo. Es importante porque cumple la función socializadora de la escuela; al niño tal vez no le guste hacer tarea, pero sí estar con sus compañeritos y eso también es importante…

Luisa Pernalete, maestra

“Vamos a tener que reactivar las escuelitas de a Bolívar para que maestras jubiladas, madres profesionales den clases desde sus hogares, porque no vamos a poder nosotros solos con esto”, sentenció la maestra Pernalete. Añadió que “este año hay esfuerzos adicionales, como el refuerzo escolar para el que las maestras han sido entrenadas” en función de que puedan repasar mediante juegos de todo tipo sin que los estudiantes sientan la presión de estar precisamente reforzando desde un pupitre lo que han podido aprender durante este año escolar marcado por numerosas suspensiones y recortes en el horario laboral.

Incluso, las mujeres del programa “Madres Promotoras de Paz”, en el que Pernalete lleva la batuta, se están entrenando para cumplir ese rol de repaso que las escuelas no pueden dar y convertirse en refuerzo escolar temporal en las comunidades en las que se desenvuelven.

La docente, que también es parte de la red de escuelas de Fe y Alegría, recordó en este punto la importancia de que el docente muestre interés por el alumno en todos los ámbitos en los que sea posible su desarrollo cognitivo. En este sentido, puntualizó que en las 167 escuelas de la red de educación católica de la que forma parte se procura mantener un interés activo por el estudiante.

“Mantengo eso, la importancia del afecto de la maestra, de la profesora guía. En nuestras escuelas cuando el niño falta tres o cuatro días se va a la casa a preguntar. Se debe notar la importancia de que el niño vaya a la escuela”, dijo.


Vamos a tener que reactivar las escuelitas de a Bolívar para que maestras jubiladas, madres profesionales den clases desde sus hogares, porque no vamos a poder nosotros solos con esto

Luisa Pernalete, maestra

El año más duro

La maestra Pernalete reconoce que los últimos cuatro años han sido de los más duros para la educación venezolana y lamenta pensar que podrían venir tiempos peores. Sin embargo, tiene fe en que se podrán sortear los escollos.

En su periplo pedagógico por formar mejores venezolanos es capaz de reconocer las principales problemáticas de este año escolar en concreto y admite que la inasistencia es de los más graves. “Los niños están faltando a clases por transporte y porque no tienen efectivo para pagarlo”.

Al respecto, recomendó a los padres inscribir a sus hijos en los colegios más cercanos “aunque no sea la escuela que más les guste, pues de eso depende que el niño pueda cumplir las asistencias y tener una rutina escolar”. La especialista aseguró que una prueba de ese ausentismo es el cierre de escuelas y liceos privados en zonas donde antes proliferaban.

Enumeró como segundo problema que marcó el año escolar 2018-2019 la falta de comida. Citó la Encuesta de Condiciones de Vida, Encovi 2018, en la que refieren que 22% de las inasistencias escolares se deben a falta de alimentación y 28% por falta de agua. “Esto indica que la falta de servicios públicos también incide en la educación… Los niños que van a la escuela son niños dignos, sus madres son dignas y un niño puede salir del colegio sucio de jugar, pero nunca va a ser enviado a clases sucio, así que si las mamás no tienen agua no los mandan”, apuntó Pernalete.

“Luego tenemos otros elementos como la falta de papá y mama. Es ese fenómeno denominado niños ‘dejados atrás’. En Fe y Alegría Guayana tenemos 1.022 niños ‘dejados atrás’, como si tuviéramos un liceo inmenso de niños ‘dejados atrás’. Se quedan con la abuela, con la hermana mayor que solo tiene 17 años… Hay escuelas en el Zulia con más de 100 niños ‘dejados atrás’ y en Caracas tenemos 870 niños ‘dejados atrás’ en nuestra red”, comentó la maestra.


La falta de servicios públicos también incide en la educación… Los niños que van a la escuela son niños dignos, sus madres son dignas y un niño puede salir del colegio sucio de jugar, pero nunca va a ser enviado a clases sucio, así que si las mamás no tienen agua no los mandan

Luisa Pernalete, maestra

Al respecto, Pernalete precisó que jamás una llamada puede reemplazar el acompañamiento y el afecto que un niño requiere de su familia para complementar el desarrollo evolutivo dado en clases. “Aunque el papá le llame todos los días, el papá no está… Un niño ‘dejado atrás’ puede tener tres problemas: el niño se desmotiva, el niño se pone rabioso, el niño se deprime. Entonces, una escuela necesita un equipo de gente especializada que no tiene”, indicó.

A esto le suma la dificultad presente en las escuelas ante las renuncias masivas de los docentes. Pernalete argumenta que el salario es tan poco en algunas instituciones que, incluso por lapsos escolares o periodos vacacionales, algunas escuelas pierden hasta cinco y seis docentes que “ni siquiera avisan que se van”. Como respuesta, muchas instituciones optan por unificar secciones del mismo grado y sobrecargar a las maestras que aún permanecen en las aulas.

“Están también los casos de adolescentes que se suicidan o intentan suicidarse porque no hallan cómo manejar la frustración”, precisa. Añade a eso la desmotivación de los adolescentes que dejan de ir a clases y se optan por trabajar. “Te digo una cosa, reenamorar a un adolescente que se va del liceo es cuesta arriba”, apuntó la docente con preocupación.

Para Pernalete, en definitiva, son muchos los factores que inciden en la dinámica social actual que afectan el desarrollo del aprendizaje de los niños y muchachos venezolanos. Sin embargo, su voz suena esperanzadora cuando recuerda que hay muchos maestros trabajando por “hacer todo lo posible para que esos muchachos vuelvan”.


Un niño ‘dejado atrás’ puede tener tres problemas: se desmotiva, se pone rabioso, se deprime. Entonces, una escuela necesita un equipo de gente especializada que no tiene

Luisa Pernalete, maestra

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