La presidenta de la Fundación Juan Germán Roscio afirma que hoy en día las fuerzas democráticas del país se encuentran no solo ante el desafío de luchar contra un régimen autocrático, sino también contra el “Estado gansteril” que lo soporta. Aún así, cree que, pese a los esfuerzos por atomizar a la oposición, el gobierno de Nicolás Maduro no se encuentra en posición de fuerza y estabilidad

Entrevista: César Batiz | Redacción: Lewin Granados

Desde su juventud, abrazó sin titubeos el estudio de la política. Con ese camino en mente, viajó a Alemania para formarse en la Universidad de Rostock, donde alcanzó su doctorado en Ciencias Políticas. Más de 20 años después de la irrupción de la propuesta antisistema de Hugo Chávez en Venezuela, Paola Bautista de Alemán dirige sus esfuerzos entre la militancia partidista en Primero Justicia y la formación de nuevos liderazgos desde la Fundación Juan Germán Roscio.

Recientemente, Bautista de Alemán publicó su segundo libro Autocracias del Siglo XXI (Editorial Dahbar), en el que realiza un extenso diagnóstico de la transformación antidemocrática del régimen chavista y la relación de su naturaleza autocrática con el proceso de transición que pudiera llevar a la democratización del país. En esta entrevista con El Pitazo, analiza las dificultades de la oposición para alcanzar una unidad de propósito, los paralelismos entre el caso polaco y venezolano, y la penetración del “Estado gansteril” dentro de la estructura del poder.

–¿Es posible una transición democrática en Venezuela luego de ver la desunión de la oposición expresada en tres toletes: Guaidó, Capriles y María Corina Machado?

–La transición es un género de cambio político que supone tomar rasgos del régimen depuesto que se puedan incorporar en el nuevo régimen democrático. El principal obstáculo para que exista una transición democrática en Venezuela es la naturaleza autocrática del régimen chavista. Esta es una dictadura del siglo XXI con unas características particulares y novedosas. Es un tipo autocrático complejo, que integra distintas variedades. Lo que nosotros incorporamos en el libro Autocracias del Siglo XXI. Caso Venezuela y ponemos al servicio del debate nacional, es que la revolución chavista es un autoritarismo cerrado con vocación totalitaria, con afán de dominio total de la consciencia de los venezolanos y una dimensión gansteril que le da una naturaleza muy propia a la dinámica interna. Por eso cuando preguntas si es posible una transición en Venezuela, lo primero que tengo que advertir es que el principal obstáculo es la naturaleza autocrática del régimen que, sin duda alguna, tiene efectos en la sociedad política como una fragmentación de fuerzas.

–En el autoritarismo es clásico que se empuje esa fragmentación de fuerzas. ¿Es eso lo que estamos viendo en Venezuela? ¿Es lo que ha llevado el curso en el que ha caído la oposición?

–No sé si ha caído, pero ciertamente el régimen ha tenido una intención clara de fragmentar y atomizar a las fuerzas políticas. Uno de los aprendizajes autocráticos que hubo en el año 2015 es que una oposición unida, enfrentando un escenario electoral con pocos rasgos competitivos, es exitosa. Lo que amalgamó a las fuerzas opositoras durante 10 años fueron los escenarios electorales. La oposición venezolana es muy eficiente en una unidad electoral. Ahora, cuando la unidad es de propósitos, más profunda, que demanda mucho de los actores políticos y de la sociedad, ahí el régimen sabe cómo obstaculizar con mayor eficiencia la voluntad libertaria que puede existir en cada uno de los actores.

–Capriles dijo que ha estudiado de transición. Citó el caso de Polonia y la actuación de Lech Walesa. ¿Puedes ilustrarnos acerca de las semejanzas del caso venezolano y el polaco?

–Del caso polaco, una de las cosas que podemos tener en común es la naturaleza del régimen autocrático que sometía con una naturaleza comunista. Sin duda alguna, la revolución chavista tiene una dimensión ideológica similar. En el año 2007, Lech Wałęsa, durante una conferencia en Madrid, decía que la diferencia entre la transición española y la transformación polaca es que siendo ambas peceras, en la post-franquista, los peces más o menos nadaban, el agua seguía sucia y lo que hubo fue cambiar el agua, permitir que entrara oxígeno y los peces siguieron nadando. En cambio en la pecera polaca, lo que se tenía eran unos peces asfixiados que perdieron la capacidad de movimiento y no bastaba con echarle agua a la pecera. Había que limpiarla para que los peces aprendieran a respirar. En ambos casos, lo que hay en común es el punto de partida. La negociación polaca fue posible porque en la Unión Soviética, Mijaíl Gorbachov adelantó dos tipos de reformas de manera deliberada y pública: el Glásnost y la Perestroika. Las reformas políticas implicaron la separación de los cuerpos de seguridad e inteligencia de los países satélites soviéticos. Es decir, la KGB salió de Polonia y el partido comunista polaco quedó a merced. Esto representó un momento de debilidad frente a la fuerza que tenía el movimiento Solidaridad y por eso se da un proceso de negociación, luego unas elecciones en las que participa el partido comunista polaco y a partir de allí se desarrolla la historia de liberación que todos sabemos.

En el caso venezolano, a mí me cuesta ver un Mijaíl Gorbachov del lado de la revolución chavista. No veo que las fuerzas cubanas se estén yendo del país o que Miguel Díaz-Canel abandone su afán de dominación continental, cuyo enclave fundamental es Venezuela. Esa diferencia fue clave para alcanzar el cambio político en Polonia. Pero sí hay algo en común con la que puedo coincidir con el señor Capriles: la naturaleza del régimen que combatió Polonia a finales de los años 80’ y Venezuela en el siglo XXI es la dimensión ideológica de ambos sistemas.


El principal obstáculo para que exista una transición democrática en Venezuela es la naturaleza autocrática del régimen chavista

Paola Bautista de Alemán, militante de Primero Justicia y presidenta de la Fundación Juan Germán Roscio

–Hay un elemento del cual se suele hablar, pero no veo comparación con el caso polaco. Se trata del sector militar venezolano y cómo ayuda a mantener a la coalición dominante. ¿Hay algún cuerpo militar que sea tan decisivo para frenar o decidir la transición como en el caso venezolano?

–El caso venezolano con el asunto militar es muy interesante. Y es que la revolución chavista, si bien tiene corte militarista porque su poder se soporta sobre las bayonetas, no es una dictadura militar como lo fue con Augusto Pinochet o Marcos Pérez Jiménez. Es una dictadura que se sirve de las fuerzas militares, pero donde hay una doble variable: una es la dimensión ideológica. Vemos que en todos nuestros cuarteles está la frase “patria socialismo o muerte, venceremos”; por otro lado, está la dimensión gansteril. Cuando uno investiga las empresas públicas que están en manos de militares, del gabinete de ministros, constituyentes, etc, te encuentras que todas estas ramificaciones del poder militar ofrecen rasgos que hacen muy complejo su estudio y comprensión. En Venezuela, el tema militar es muy opaco y complejo, pero es una variable que tiene muchísimo peso en el sostenimiento de quienes actualmente usurpan el poder.

–¿Qué puede hacer la oposición para establecer alguna comunicación con el sector militar permeado por el tema ideológico y gansteril de la coalición dominante?

–Creo que es muy importante para que se establezca esa relación, evidenciar muestras de madurez política que puedan generar confianza en los actores políticos. Es importante que el sector militar vea en nosotros como oposición una opción verdadera de reconciliación y trabajo conjunto, de reconstrucción en un futuro en el que cabemos todos los venezolanos. Que esto es un episodio autocrático que juntos estamos llamados a superar; que la justicia que vendrá observará con rigurosidad y prudencia a los responsables, respetando a las víctimas. Pero lo fundamental es lograr establecer una relación de confianza que se apalanque en la madurez política de los actores.

–Desde el Facebook Live le formulan la siguiente pregunta: ¿Qué condiciones usted cree se deben dar en la oposición para que se pueda concretar un cambio político?

–La condición sine qua non de los cambios políticos es una unidad de propósito entre los actores que están implicados en esa noble empresa. Me atrevería a decir que Venezuela tiene unos factores pre-democráticos que son muy positivos: después de 20 años de sistema o evolución autocrática, en Venezuela todavía hay partidos políticos, sociedad civil y espacios con gente muy valiente, reductos que tenemos que proteger. Yo diría que se deben preservar estas condiciones pre-democráticas que tienen rostro y nombre, que luchan y se articulan para crear una unidad de propósito que trascienda los procesos electorales.


La revolución chavista, si bien tiene corte militarista porque su poder se soporta sobre las bayonetas, no es una dictadura militar como lo fue con Augusto Pinochet o Marcos Pérez Jiménez

Paola Bautista de Alemán, militante de Primero Justicia y presidenta de la Fundación Juan Germán Roscio

–Visto desde ese planteamiento de preservar la unidad, ¿crees que la posición asumida por Capriles, fundador de Primero Justicia, juega a favor o en contra de la unidad?

–La posición de Primero Justicia fue muy clara. Sacamos un comunicado que fue producto de un proceso deliberativo dentro de la junta de dirección nacional del partido. Con mucho orgullo puedo comentar que se evaluaron las distintas posturas que hay y con mucha madurez se llegó a ese comunicado, en el que el partido manifiesta su decisión de no participar en el fraude, llama a la presidencia interina a un proceso de reflexión que anime a la nación a una unidad de propósito y en el que llama a toda su militancia, con disciplina, a trabajar por condiciones electorales. Ese comunicado estuvo acompañado por la suscripción del pacto unitario. La posición del señor Capriles es personal, que nace de su percepción de la realidad y para la que él encontrará los caminos para darle cauce.

–Para algunos analistas este pacto unitario llega un poco tarde. ¿Crees que es así o todavía hay posibilidad de recomponer la unidad y que de aquí al 6 de diciembre, incluso al 5 de enero de 2021, ocurra algún elemento que le dé fuerza a la oposición para lo que venga a partir de esas fechas?

–Es un momento muy difícil y duro para la política venezolana, sobre todo porque en estos últimos meses, el régimen chavista ha cristalizado sus rasgos más autocráticos y perversos. Es muy difícil advertir lo que pasará en el futuro porque, si hay un rasgo de los procesos de cambio político que se observan en la historia, es su carácter imprevisible. De hecho, la caída del muro de Berlín en 1989 se dice que es el ‘viernes negro’ de la ciencia política porque nadie lo pudo prever. Por eso cuando uno estudia este tipo de procesos políticos y autocracias, es muy importante aquello que no vemos. Yo dudo que el régimen esté absolutamente fuerte y estable, de lo contrario, no estaría presionando de esta manera para ganar legitimidad el 6 de diciembre. Si ellos estuvieran tan firmes como se esmeran en aparentar por qué lanzan carnadas a todos los actores políticos para ver quien le compra el ticket para ganar la legitimidad. Por eso cuando uno analiza los procesos políticos autocráticos es muy importante abrirnos al misterio de lo que no podemos ver.


Es muy difícil advertir lo que pasará en el futuro porque, si hay un rasgo de los procesos de cambio político que se observan en la historia, es su carácter imprevisible

Paola Bautista de Alemán, militante de Primero Justicia y presidenta de la Fundación Juan Germán Roscio

–Todo eso que hemos visto hasta ahora ocurre en un contexto. ¿Qué tanto pesa en este escenario el concepto de Estado gansteril?

–El Estado gansteril es un fenómeno que se observa en sistemas políticos africanos, en el que la debilidad estatal abre puertas a la inestabilidad política. En esta inestabilidad política comienza a intervenir redes criminales de economía extractiva del narcotráfico. Eso hace que se utilicen las estructuras del Estado para canalizar estas actividades ilícitas. En Venezuela, hay una particularidad: estas redes criminales no vienen de afuera hacia dentro, sino que fueron creadas por el mismo Estado a partir del año 2002. Eso hace que los desafíos en materia de construcción democrática sean mucho más profundos. No pareciera que va a ser suficiente un proceso de reconstrucción estatal, sino que será necesaria una transformación del Estado, que es un concepto alemán que plantea rehacer el sistema para poder hacerlo democrático. En el caso venezolano, eso es lo que nos va a demandar la realidad, pues el Estado además de destruido, está cooptado por redes criminales.

–Ahora, pareciera tan complicado lograr una transición democrática, incluso, pareciera que estemos más cerca de una reforma dentro del poder y pasemos a una transición no democrática. ¿Usted tiene esperanza?

–Esta semana esa pregunta me la han hecho muchas veces. El diagnóstico de nuestro libro es tan duro y crudo pero tiene una dimensión práctica. No está para que se quede en las bibliotecas, sino que aporte insumos a quienes toman decisiones políticas. En una parte de la introducción decimos que no queremos que las luces que nos da la ciencia para poder encontrarnos con una diagnóstico devastador sirva para arrebatarle la esperanza a quienes luchamos en el país, sino para observar con prudencia las dimensiones del daño y encontrar caminos viables que nos permitan salir adelante y encontrar soluciones viables, reales y buenas para todos. Siempre tengo una esperanza responsable. Es una virtud que no solo es natural, también es una gracia. Y es responsable porque se apalanca en el esfuerzo y el trabajo, y en la confianza de que Dios no nos va a poner lo que podamos conseguir.

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