Una inteligente niña que vive en un poblado a orillas del Orinoco, en Amazonas, se alzó con el segundo lugar de la categoría poesía, grupode 10 a 12 años, del concurso La escuela que es mi casa, impulsado por El Pitazo y el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF)

Recorrer una enmontada colina tomada de la mano de su abuela y llegar a un improvisado muelle desde donde sale una lanchita que navega un estrecho margen del Orinoco, era la rutina de Mirialfri Carvajal antes de la pandemia. Ella vive en el sureño estado Amazonas y estudia en el colegio Antonia Santos de Casuarito, departamento Vichada, en Colombia.

La precaria situación de Venezuela dejó sin docentes las escuelas de Puerto Ayacucho y su familia la cambió al plantel colombiano, donde también reciben clases otros 300 niños venezolanos.

Mirialfri tiene 11 años y habla con una naturalidad que impresiona. Lee mucho y le gusta escribir todo lo que ve y siente. Ganó el segundo lugar de la categoría poesía en el concurso La escuela que es mi casa, impulsado por El Pitazo y el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef).


Yo les digo a los niños que no guarden sus talentos, que los saquen a la luz para que el mundo vea de lo que somos capaces

Mirialfri Carvajal, ganadora del segundo lugar en la categoría poesía del grupo de 10 a 12 años

Asegura que lo que más desea es regresar a la escuela. A su escuela. La que queda al otro extremo del Orinoco y cuyos profesores son colombianos. “La cuarentena ha sido un poquito triste porque extraño mi colegio. Allá a veces hacemos tareas que en la casa no podemos, entonces pienso que es mejor estar en la escuela”, dice.

Precisamente todo lo que ha vivido durante el confinamiento en su casa fue lo que la motivó a participar en el concurso y a escribir un poema titulado ‘extraño mi escuela’. En su texto relata con tristeza el momento en el que cerraron la institución por la cuarentena, pero también se imagina el fin de la pandemia, y lo describe muy alegre, con pajaritos, amigos y fiestas. Y regresando a clases.

“Quien me habló del concurso fue mi mamá. Ella llegó del trabajo y me mostró una hoja, yo empecé a leer todo lo que decía y me gustó y quise participar”, relata Mirialfri en una apresurada conversación telefónica, aprovechando una pizca de señal que jugó a favor de esta entrevista.

Cuenta que ya se leyó el libro ‘24 poetas latinoamericanos’, que fue uno de los premios del concurso. Todos los textos que hay en su casa los ha leído hasta dos veces y estaba ansiosa por ver otro texto. “Me gustó mucho ese libro porque hay muchos poemas y eso me inspira. Es muy interesante conocer las ideas de cada persona que escribe en el mundo”, comenta la ganadora del concurso infantil de El Pitazo y UNICEF.

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“Estoy muy emocionada de haber escrito la poesía porque sé que mucha gente vio mi trabajo y ahora me gustaría saber qué piensan de eso”, cuenta muy alegre. Al leer el poema de Mirialfri no se puede pensar en otra cosa que en una niña llena de esperanza y con un prometedor futuro.

Ella dedica el premio a su mamá, abuela y tío. Una vez que se enteró de que había ganado, los abrazó muy fuerte y luego compartieron un almuerzo. “Así es como me imagino al mundo, donde todos se puedan abrazar y no usar tapabocas”, indica.

Mirialfri quiere estudiar diseño gráfico y seguir escribiendo para inspirar a otros niños. Que vean que no existen barreras ni limitaciones posibles para los sueños. “Yo les digo a los niños que no guarden sus talentos, que los saquen a la luz para que el mundo vea de lo que somos capaces”, comenta.

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